REAL Y MUY ILUSTRE ARCHICOFRADÍA DEL

SANTÍSIMO ROSARIO Y LA PURÍSIMA DE LA ERMITA

ROSARIOS DE LA AURORA

Comenzamos los tradicionales "Rosarios de la Aurora". Esta tradición, que más que tradición es una fe vivida y expresada con cantos populares, convive con los catralenses desde hace siglos. Desde la alegre "despierta" con la rondalla y cantos de los "Hermanos de la Purísima", pasando por el rezo y canto de los misterios del Rosario y concluyendo con la celebración de la Santa Misa, todo mira a la Purísima de la Ermita. Bajo su mirada maternal queremos caminar hacia Cristo.

El horario para todos los domingos será el siguiente:
-05:00 h. Comienzo de la le "Despierta"
-06:30 h. Rezo de cuatro misterios del Rosario
-06:50 h. Canto del último misterio del rosario
-07:00 h. Santa Misa
-07:30 h. Canto del último misterio del Rosario.
-08:00 h. Jaculatoria final en la Ermita de la Purísima


Recorrido de la "Despierta":
29 de septiembre: "Centro"
6 de octubre:"Santa Águeda"
13 de octubre: "La Cruz"
20 de octubre: XXX Encuentro de Auroros en Almoradí
27 de octubre: "Alfalfar"
1 de noviembre: "C/Valencia"
8 de diciembre: "Centro"

PURÍSIMA CONCEPCIÓN. DEVOCIÓN CATRALENSE SIETE VECES CENTENARIA. CUARTO Y ÚLTIMO CAPÍTULO.

Texto de José Antonio Zamora Gómez
·         CATRAL Y SU PURÍSIMA DE LA ERMITA EN LA ACTUALIDAD.

Desde que la imagen de la Purísima de la Ermita fue bendecida en 1940, junto a otras Sagradas Imágenes del pueblo y en los terrenos de las denominadas “Casitas de Papel” -calle Purísima, entre los números 2 y 14-, porque allí, según comentan los coetáneos a la contienda civil, fue donde la imagen de la Purísima fue quemada; desde aquel momento, el culto y devoción catralense hacia la Purísima ha ido creciendo y manifestándose de la manera más sencilla y personal, pero de la manera más sincera y amorosa del pueblo hacia su Patrona.
Por lo tanto, podemos hacer un repaso a los tributos de amor que Catral rinde -o ha rendido- a su Purísima en fechas recientes. Uno de los actos que muchos aún recuerdan porque han dejado de celebrarse, son las populares Misas de Gozo, celebradas desde el 16 de diciembre y hasta la víspera de Navidad, en horas muy tempranas y en la Ermita de la Purísima. Ya que con ellas se pretendía manifestar el gozo de la esperanza que traerá el inminente parto de María, con lo cual, el feliz nacimiento del Hijo de Dios. Por lo tanto, se entroncaba con estos ritos eucarísticos con los primitivos cultos hispánicos de venerar a la Virgen de la Esperanza en fechas próximas a la Navidad, ya que el fiel cristiano era preparado doctrinalmente para recibir la Buena Nueva del nacimiento de Dios.
Otro de los gestos catralenses más emotivos, y que personalmente para mí estaban cargados de la mayor expresión de amor de un pueblo hacia su Madre, eran las celebraciones de los Rosarios de Difuntos en la Ermita de la Purísima durante tres días y frente a la imagen de la Madre de todos/as los/as catralenses -la Purísima de la Ermita-. Y era simbólico ya que la intercesión de María ante su Hijo puede traer curación, fertilidad y consuelo a los vivientes; pero sobre todo su mayor función en la acción católica de salvación consiste en eliminar las penas del purgatorio; por lo que cuando Catral oraba y rezaba a la Purísima, a la hora de pedir la salvación para el difunto, lo que estaba haciendo era pedir la intercesión de la Señora ante Dios para librar las penas del alma del difunto allá donde se encontrara, y como sabemos, una madre nunca niega nada a sus hijos amados. Por ello, Catral dejaba en manos de la Purísima la voluntad divina y el descanso eterno del difunto.[1]
Ante estas dos manifestaciones perdidas[2], sencillas pero vividas con intensidad y ofrecidas amorosamente a la Virgen, lo que nos resta decir es que en la actualidad, el pueblo de Catral tributa a la Purísima un solemne novenario, en fechas próximas a la Navidad y en torno al 8 de diciembre -día de su festividad-.  
            El día 7 de diciembre por la tarde, la imagen de la Purísima es trasladada desde su Ermita al Templo Parroquial para iniciar el Novenario que cada día predicará un sacerdote hijo del pueblo. El traslado se desarrolla entre muestras de fervor, cantos de alabanza a la Virgen y los sones de la música de la S.U.M. “La Constancia”.
            El día 8, día grande por ser la solemnidad de la Purísima Concepción, a las cinco de la madrugada sale, desde la céntrica ermita de la Purísima, el Rosario de la Aurora que con sus cantos de despierta exhortan al pueblo de Catral a madrugar para rezar y ofrecer con las primeras luces del alba el Santísimo Rosario a la Purísima de la Ermita. Santo Rosario que se inicia en la Ermita y se termina ejecutándolo procesionalmente en la calle antes de iniciarse la primera celebración eucarística -presidida en el Templo Parroquial por la imagen de la Purísima-, todo ello acompañado por la Banda de Música “La Constancia” de Catral.
            Una vez terminada la Santa Misa, el Rosario vuelve a salir a la calle y al regresar a la Ermita se ofrece a la Patrona una contundente “traca”, manifestando a través de la pólvora -como bien hacemos los valencianos- la alegría y el júbilo que embarga a Catral en la Solemnidad de su Patrona.
            A las doce del mediodía se celebra la Solemne Misa Mayor en la que hacen acto de presencia todos los sacerdotes hijos del pueblo, las Autoridades locales y las Reinas y Damas de las Fiestas Patronales.
            Por la tarde se celebra la Solemne Procesión en la que la imagen de la Purísima de la Ermita discurre por las calles del pueblo entre el olor a cera, el sonido de la música y la pólvora -quemada en acción de promesas- y los rezos de los más devotos..., todo como muestra de devoción y amor a la Madre y Señora de Catral.
            Acabada la Procesión y el luminoso Castillo de Fuegos Artificiales, y una vez dentro del Templo, se canta la tradicional y catraleña Salve Regina, compuesta única y exclusivamente para la Purísima de la Ermita de Catral y por catralenses.
            Al finalizar, los responsables del cuidado de la Sagrada Imagen se disponen a entronizar a la Purísima en el centro del Altar Mayor de la Parroquia para que la Patrona presida todos y cada uno de los actos litúrgicos celebrados en su honor y durante el Novenario.
            Llegados al día 15, la Novena finaliza y la Imagen es colocada de nuevo en sus andas procesionales para emprender la procesión-romería de regreso a su Ermita. Este regreso era hasta hace poco sencillo y discreto. Pero desde 1991, cuando se decidió cambiar el itinerario de vuelta, celebrarlo el domingo siguiente al día 15 e implicar en cada día de la Novena a un sector del pueblo[3], la Procesión de regreso (conocida popularmente como La Vuelta) se ha convertido en una explosiva manifestación de fe, devoción, amor y agradecimiento a la Santísima Virgen Purísima, ya que el pueblo entero se vuelca en torno a la Virgen, acude en masa a la hora de acompañar a María en el regreso a su casa, se quema un número incalculable de quilos de pólvora -ya de agradecimiento, ya de promesa . . .- y se engalanan calles y balcones, además de levantar sencillos altares en honor a la Patrona.
            Pero sobre todo, este día está marcado por el canto de la Salve Nueva, Salve catralense por excelencia y ofrecida a la Patrona como colofón a las muestras de fervor de todo Catral a su Madre Purísima. Clausura solemne que tod@ catralense ansía y espera con júbilo, porque es a su amada Madre, Reina, Señora y Patrona a quien se le ofrece y para quien lo prepara a lo largo de todo el año.
            Muestras de una incansable devoción a la Purísima que no terminan ahí, a lo largo de todo el año los fieles cristianos de Catral acuden a la Ermita para ofrecer, agradecer, solicitar . . . toda clase de bienes materiales y, sobre todo, espirituales, con los que consolidar su fe y encontrar el consuelo necesario para vivir cristianamente.[4]
            Sin más, hay que comentar que el 17 de septiembre de 2001 el Obispo de Orihuela-Alicante, el Excmo. y Rvdmo. S. D. Victorio Oliver, aprobaba canónicamente los estatutos de fundación de la “Cofradía del Santísimo Rosario y la Purísima de la Ermita”, presidida por D. Modesto Gómez Llopis y como formalización institucional y eclesiástica de la hermandad que desarrolla su labor en pro de la Purísima desde tiempo inmemorial. Esta Fundación viene a ser un paso más en esta andadura catraleña, ya añeja, en torno al misterio y doctrina inmaculista. Dicha Cofradía renueva su Junta Directiva el 21 de noviembre de 2006, pasando a ser Hermano Mayor Honorífico el citado D. Modesto Gómez, además de obtener los títulos de Real el 10 de abril de 2007 (por ostentar S.M. el Rey Juan Carlos I la Presidencia de Honor), el de Muy Ilustre (al recuperar las antiguas denominaciones y por nombrar Cofrades de Honor a D. Rafael Palmero Ramos -Obispo de Orihuela-Alicante- y a D. Manuel Ureña Pastor -Arzobispo de Zaragoza-, además de haber contado entre sus cofrades a personas de la nobleza comarcal) también en el 2007 y el de Archicofradía (por ser la más antigua en la Diócesis en dar culto a la Purísima Concepción de María) el 3 de marzo de 2008, de manos de nuestro Excmo. y Rvdmo. Sr. D. Rafael Palmero Ramos, Obispo de Orihuela-Alicante. Culminando tales reconocimientos con la Vinculación Espiritual de la Ermita de la Purísima con la Basílica Liberiana de Santa María la Mayor de Roma (gozando por ello de las indulgencias plenarias correspondientes) el 12 de septiembre de 2011.

·         REFLEXIÓN HISTORICO-ARTÍSTICA, TEOLÓGICA Y CULTURAL SOBRE LA DEVOCIÓN Y CULTO A LA PURÍSIMA DE LA ERMITA EN CATRAL.

Como hemos observado la devoción a la Purísima en Catral viene determinado por un culto antiquísimo, desde los primeros momentos del asentamiento del Cristianismo por estas tierras del Bajo Segura e impulsado por los distintos monarcas que han manifestado su honda tradición inmaculista y la han transmitido a sus súbditos. Por lo tanto, si en época visigoda y mozárabe el culto inmaculista se afianzaba en los estudios teológicos y patrísticos, es con la Reconquista, y especialmente con Jaime II en 1304, cuando la doctrina inmaculista encuentra un mayor apoyo escriturístico y se va consolidando, poco a poco, en la Sede Papal de Roma, que llegará a declararla Dogma en 1854 de la mano del Papa Pío IX.
Por lo tanto, hasta el momento han sido definidos cuatro dogmas marianos que tienen que ser creídos como Artículos de Fe:
-          La Maternidad Divina y Virginal de María, ambos declarados por concilios de la primitiva Iglesia.
-          La Inmaculada Concepción, proclamado en 1854 como ya hemos observado.
-          La Asunción de María, en cuerpo y alma a los cielos, definido por el Papa Pío XII en 1950.

Pero sobre todo, el objeto de nuestro estudio, el Dogma de la Inmaculada Concepción, viene a significar el privilegio en virtud del cual la Virgen María es la única criatura humana, entre todos los descendientes de Adán y Eva, que ha sido concebida sin Pecado Original.

Todo ello marcará el sentir de los vecinos de Catral y condicionará a nuestro pueblo a ser un fiel defensor de la doctrina inmaculista desde tiempos remotos, acogiéndola, meditándola y trasmitiéndola a generaciones futuras desde un punto de vista basado en la fe y en el amor a la Madre Purísima, madre del mismo Dios y madre de todo el género humano.
Por lo tanto, en la imagen escultórica actual de la Purísima de la Ermita de Catral se condensa todo el programa iconográfico de la doctrina inmaculista, y se plasma gráficamente con una factura barroca, de talla delicada, ampulosa y trabajadísima, con una exquisitez extrema y de un naturalismo desbordante. Pero sobre todo, con una solidez madura, para las manos que la ejecutaron, y con un equilibrio y una serenidad en la composición clásica y renacentista, propia de esa determinación a la hora de combinar una talla antigua -siglo XIX- y un conjunto escultórico de principios del XX. Porque como sabemos, la actual talla es fiel copia de la desaparecida en 1936, la cual quedó configurada definitivamente cuando la primitiva imagen de la Purísima de Catral (probablemente del siglo XVIII y restaurada con toda seguridad en 1870 por el escultor-imaginero murciano Francisco Sánchez[5]) fue llevada a los talleres valencianos del murciano Venancio Marco para ser entronizada en la peana de ángeles en 1923.

Pero sobre todo, y a pesar de que la primitiva Purísima volviera a Catral tras una profunda restauración; lo que sí me gustaría que quedara claro, de una vez por todas, es que los tan traídos y llevados mechones de la Purísima ya existían en la primitiva imagen, como se aprecian en fotografías de principios de siglo, y no fueron colocados por cuenta y gusto propio del escultor Venancio Marco (a pesar de hacer lo que hiciera), ya que los mechones y el cabello suelto por encima de los hombros es un atributo iconográfico propio y característico de las Inmaculadas (aunque podremos encontrar diversidad de formas). Por lo tanto, considero que la foto publicada en el artículo “El Corazón de la Purísima de la Ermita” de la Revista de Fiestas Patronales de San Juan del año 1999 es una foto de dudosa autenticidad[6]. Ya que la única foto, hasta el momento conocida, en la que aparece la imagen antigua de la Purísima de la Ermita sin los ángeles, antes de ser entronizada en la peana y portando los mechones, es la que ha prestado gustosamente Encarnita Cecilia Ortuño.
     
·         EPÍLOGO.
                    
Todo el devenir histórico catralense de la doctrina inmaculista, visto con anterioridad y vivido en profundidad por la comunidad religiosa de nuestro pueblo, fue recientemente conmemorado con una seria de actos cívico-religiosos, que los Hermanos de la Purísima llevaron a cabo a lo largo de los años 2004 y 2005, puesto que el recuerdo de acontecimientos pasados permite de nuevo, a la comunidad religiosa, contemplar con María el rostro de Cristo.
De este modo se han conmemorado:
-           Los 700 Años de la devoción que Catral profesa a la Purísima Concepción (1304-2004).
-          El 150 Aniversario de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción de María (1854-2004).
-          El 450 Aniversario de la donación del Santo Hospital de Catral, con Ermita y bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Concepción. Primera fundación inmaculista de la Vega Baja del Segura, de la Diócesis de Orihuela-Alicante y actual Ermita de la Purísima (1555-2005).

Si todo este devenir histórico-religioso ha afianzado la larga andadura mariana que ha marcado la espiritualidad del alma catralense, ha sido porque las gentes de esta comunidad religiosa han encontrado en la Purísima Concepción de María la esencia de la virtud cristiana y, partiendo de ese encuentro con María, se han lanzado a la búsqueda de Cristo Jesús.
De este modo, para dejar constancia firme del sublime amor que Catral profesa a la Purísima, el 8 de Diciembre de 2004, el Excmo. Ayuntamiento de Catral en pleno (siendo Alcalde D. José Manuel Rodríguez Leal) declaró oficialmente Patrona de Catral a la Purísima de la Ermita, por la profunda devoción que recibe por parte del pueblo catralense y por la larga tradición popular en considerarla Patrona del municipio, así como por la histórica presencia que el misterio inmaculista tiene en este pueblo creyente. Junto al Acta, la Imagen de la Patrona recibió la Insignia de Oro de Catral, que no es otra que el Escudo del municipio realizado en oro. Distinción que única y exclusivamente porta la Purísima de la Ermita, la cual pende de su pecho desde aquel momento.
 Pero ante todo, la Sagrada Imagen de la Purísima de la Ermita, Patrona de Catral, fue Solemnemente Coronada Canónicamente por el Sr. Obispo de la Diócesis de Orihuela-Alicante, D. Victorio Oliver, el 19 de Diciembre de 2004, en torno a la celebración de la festividad de la Virgen de la Esperanza y dentro del tiempo de Adviento (fechas muy significativas para la devoción inmaculista como se apuntó con anterioridad).
Además, este acto vino a centrar todo el programa de actividades previstas por la Cofradía, siendo vivido con gran júbilo al aflorar espiritualmente los sentimientos de fe, amor, solidaridad y cariño hacia la Madre de Dios y hacia los necesitados, ya que además de coronar materialmente a la Sagrada Imagen, también se realizó una solidaria Corona Social con la que paliar las necesidades de los más desfavorecidos (en nuestro caso, la recolecta fue destinada a sufragar los gastos de la Casa de la Caridad de Catral).
Pero el símbolo de la corona y su presencia (que como todos los símbolos vistos, no es inocente) vendría a subrayar sutilmente muchos argumentos y dogmas de la Iglesia Católica, es decir, la corona sobre la Virgen viene a ratificar su triunfo sobre el pecado, siendo reflejo directo de la virtud personal de María:
Su pureza, su gracia ante Dios, su santidad, su virginidad,
        su perfección, su humildad, su maternidad divina,
       SU PURÍSIMA CONCEPCIÓN.



[1] Como bien comenta Marina Warner: “Cristo no puede en lo más íntimo de su corazón rechazar a su madre, su papel compasivo ayuda en parte a resolver el atroz dilema de que un Dios que es bondad, amor y perdón pueda ser cruel como para enviar a alguna de sus criaturas al infierno por toda la eternidad. La Virgen le da al Cristo Juez su rostro humano... transformándolo en un Dios de misericordia”, que se apiada del fiel por mediación de María.

[2] Otra de las celebraciones perdidas eran las realizadas en Mayo, tanto en la Ermita de la Purísima como en la Parroquia y en torno a la imagen de la Inmaculada Concepción, cuando el pueblo y la Congregación de las Hijas de María ofrecían flores y cantos de alabanza a la Excelsa Patrona.
                Y debemos recordar el Congreso Eucarístico celebrado en Callosa de Segura en 1947 cuando, al mismo, asistió nuestra imagen de la Purísima de la Ermita. La cual, parece ser, fue llevada en romería, y a hombros de los catraleños, hasta la vecina localidad distante a unos 8 Km.

[3] Sectores que participan en la Eucaristía, abarrotan el Templo Parroquial y colaboran, económica y materialmente, en proyectos de caridad social. Siendo ésta la mejor manera de manifestarse cristiano.

[4] Como curiosidad podemos comentar que el mayor porcentaje de mujeres que portan el nombre de Concepción, son mujeres de edad avanzada y nacidas hasta la década de los 60 del siglo XX. Mientras que las que portan el nombre de Inmaculada son chicas que no sobrepasan los 30 años. Por lo tanto, la evolución del uso de estos nombres denota una antigua tradición a la hora  de nombrar a la Purísima; ya que como hemos visto cuando se fundó el Santo Hospital fue bajo la el nombre de la Concepción y no bajo el de la Inmaculada. Con el tiempo, se ha ido consolidando el uso del nombre Inmaculada para las mujeres.
Algo parecido podría haber ocurrido con el de Encarnación (muy pocas mujeres lo portan ya y además son de edad avanzada) que vendría a ser el primer eslabón de una cadena que evolucionaría a Concepción y luego a Inmaculada. Teniendo con ello una unión total del culto inmaculista en Catral a través de las dos imágenes de la Virgen, como ya hemos observado con anterioridad.
Otro hecho curioso en la vida cotidiana del pueblo de Catral que se ha perdido, es que aquí se tenía la costumbre de saludar al entrar a una casa con el típico “Ave María Purísima”, a lo que contestaba el morador del susodicho hogar “Sin pecado concebida”, dando por tanto la bienvenida y el paso al visitante.
[5] Con toda seguridad Francisco Sánchez Tapia, imaginero murciano de la segunda mitad del siglo XIX, seguidor de la escuela de Salzillo y padre de la famosa saga de escultores murcianos Sánchez-Araciel.

[6] Dudosa autenticidad ya que opino personalmente que, con los nuevos programas informáticos, la fotografía ha sido retocada por ordenador y se han eliminado los mechones existentes.

Texto elaborado por José Antonio Zamora Gómez para la Real y Muy Ilustre Archicofradía del Santísimo Rosario y la Purísima de la Ermita (Patrona de Catral)
Año 2003

PURÍSIMA CONCEPCIÓN. DEVOCIÓN CATRALENSE SIETE VECES CENTENARIA.TERCER CAPÍTULO.

Texto de José Antonio Zamora Gómez

·         CONSOLIDACIÓN DE  LA DEVOCIÓN CATRALENSE A LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE MARÍA.

A principios del siglo XI es creado el Reino de Aragón bajo mandato de Sancho III[1] y a lo largo del siglo XII la Casa Real de Aragón propagará un ferviente culto a la Inmaculada Concepción de María. Siendo en pleno siglo XIII cuando la devoción inmaculista de las tierras aragonesas tenga un mayor realce, y todo debido a que en el seno de la última comunidad mozárabe de Valencia nace san Pedro Pascual[2], personaje destacadísimo en su época por recibir la canonjía de la Catedral de Valencia a la edad temprana de 19 años y por ser autor de grandes obras literarias con marcado carácter mariano, además de ser ferviente defensor de la Inmaculada Concepción de la Virgen María. Esta fe inmaculista la propagó en las comunidades mozárabes del litoral valenciano que subsistían a mediados del siglo XIII, entre las que hay que destacar la comunidad mozárabe de Catral, que con toda seguridad tendría contactos con las comunidades valencianas; y sobre todo, sus escritos calarán en la devoción mariana del propio monarca aragonés Jaime I, el cual impulsó en todo su Reino el culto a la Purísima. Por lo tanto, culto que recogería la Parroquia de Catral, ya que estas huertas fueron reconquistadas por el propio Jaime I.
Además, hay que comentar que el Obispo de la Diócesis de Barcelona ordena celebrar la festividad de la Inmaculada en la temprana fecha de 1281. Festividad impulsada por los mandatos y la devoción personalísima a la Purísima de la propia Casa Real de Aragón[3]. Festividad, además, propagada por los catalanes al resto de comunidades en las que habitaban; y destacadísima era la población catalana que repobló las tierras de la Vega Baja del Segura. Hecho que vendría a realzar y potenciar el culto inmaculista de la comarca oriolana en la que se encuentra nuestro pueblo de Catral.
Pero el 19 de mayo de 1296, Jaime II[4], nuevo monarca aragonés, volvió a conquistar Catral[5], esta vez a los castellanos y garantizando la seguridad e integridad de sus habitantes y de sus bienes.
Tras ocho años de disputas entre castellanos y aragoneses, se produjo la Sentencia Arbitral de Torrellas[6] en agosto de 1304[7], por la que definitivamente la Vega Baja del Segura pasó a formar parte de la Corona de Aragón y, por lo tanto, del Reino de Valencia. Por el contrario, Murcia y su comarca pasaron a depender del Reino de Castilla.
Es entonces, en 1304, cuando el monarca Jaime II impone en todo su Reino que se celebre con toda solemnidad la festividad de la Inmaculada Concepción el 8 de diciembre, consolidando de este modo la honda tradición y la arraigada devoción de las tierras levantinas a María en su Purísima Concepción.
Por lo tanto, Catral celebraría en 1304, y con gran solemnidad, la festividad de la Purísima, dando comienzo a un culto y a una devoción que se fue consolidando con los años y que fue calando en el sentir religioso y en el amor personal de este pueblo a la Madre de Dios. No sólo por los decretos de Jaime II, sino también por las influencias de los primeros señores y pobladores del Catral de entonces, tales como el mercedario Raymundo Alamerami del Puig y Gotier Rois de Nompot, ambos fervientes devotos y propagadores del culto inmaculista[8].

Pero, a la hora de dar sentido teológico a la doctrina de la Inmaculada Concepción de María, hay que tener en cuenta que la cuestión fue debatida desde los primeros momentos del Cristianismo y, como se ha visto en apartados anteriores, la consideración de que María se mantuvo virgen en todo momento, conllevaba que la misma María fue eximida de las consecuencias de la Caída y fue concebida inmaculada. Así podremos considerar que Cristo nació de un ser puro puesto que, como Dios que era, no permitiría nacer o encarnarse en un ser que había participado del Pecado Original contraído por los Primeros Padres.
Con esta consideración se exime a María de los dos Dogmas capitales de la doctrina cristiana, como son:
·         La universalidad del Pecado Original.
·         La Redención Universal llevada a cabo por Cristo.

A pesar de que María es excluida de estos dos grandes Dogmas, la consideración de su Inmaculada Concepción, tan rebatida por teólogos  y exegetas, no contradice a la doctrina dogmática cristiana puesto que se argumentaba que Cristo y su madre María fueron los dos únicos seres humanos excepcionales por haber sido concebidos en estado de pureza espiritual y corporal.
Por lo tanto, la argumentación escriturística, teológica y ascética sobre la Purísima Concepción de María comenzó desde los primeros momentos del Cristianismo y se fue consolidando poco a poco, gracias al movimiento ascético que surgió en el siglo IV en el entorno cristiano-oriental.
De este modo, podemos rastrear en las Sagradas Escrituras y encontrar referencias bíblicas a la consideración de que María era Inmaculada. Consideración que se cita en el mismo pasaje de la Anunciación, narrado por san Lucas (1, 26-38) y en el que se dice:
“Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo”.
Esta referencia al estado de gracia en el que se encuentra María es una de las primeras alusiones, si la forzamos, a su concepción inmaculada. Condición, la de ser Inmaculada, por la que vivió toda su vida en estado de gracia ante los ojos de Dios.
            Pero la categoría, única y exclusiva, de la persona de María se verá reforzada por el apócrifo Protoevangelio de Santiago, escrito a finales del siglo I d.C. y difundido a lo largo del siglo II d.C., y en el que en el pasaje 10, 1 se comenta que “los sacerdotes del templo piden a María que teja el sagrado velo del tabernáculo porque era inmaculada ante Dios”. Esta es una referencia clarísima a la Purísima Concepción de María.
            Con todo ello, durante la revuelta ascética de los primeros años del Cristianismo, la necesidad de excluir a María -Madre de Dios- de una “sexualidad manchada” y el proclamar su pureza virginal ejerció una presión protectora sobre las definiciones dogmáticas[9] y los comentarios escriturísticos. Y se habla de “sexualidad manchada” (como bien apunta Marina Warner) porque se consideraba la idea de que el Pecado Original se contraía a causa de las relaciones sexuales de los progenitores. Por lo tanto, como todo ser humano nacía -y nace- por la unión de sexos, se tenía que prescindir de esa unión carnal entre los padres de la Virgen a la hora de ser concebida y, poder así, defender la opinión de que Ella fue inmaculada en su concepción porque fue escogida por Dios al comienzo de los tiempos y creada en su propio pensamiento.
            Para ratificar esta idea de que María existía en la mente del Creador “ab aeterno”, es decir, al comienzo de los tiempos, y que fue concebida sin la necesidad de una relación sexual entre sus padres, el mismo texto apócrifo del Prtoevangelio de Santiago recoge el pasaje en el que san Joaquín y santa Ana se abrazan ante las Puertas Doradas del Templo de Salomón en Jerusalén, para verificar con el abrazo que no hay acto sexual en la concepción inmaculada de María, como bien narra el piadoso evangelio apócrifo:
Por otra parte, todos los elementos de la singular historia fueron tomados de Antiguo Testamento. La leyenda de Ana es paralela a la historia de Hanna, madre de Samuel, de los primeros capítulos del Libro de los Reyes. El tema de la ancianidad y esterilidad del matrimonio, que es agraciado con el nacimiento de un hijo, recuerda la historia de Abraham y Sara, padres de Isaac; de Manué, padre de Sansón y de Zacarías e Isabel, padres de Juan Bautista.
Como observamos, los Textos Sagrados están cargados de referencias y prefiguraciones de la figura de María y de su Inmaculada Concepción. No es una doctrina nacida de la invención, es una doctrina surgida del estudio y la meditación de las mismas Sagradas Escrituras que encierran todo un mensaje simbólico y dogmático.

            Esta idea, que remarca el estado singular en el que se encuentra la Madre de Dios, es reafirmada por una gran cantidad de tratados teológicos y estudios escriturísticos. De este modo, nos encontramos con el texto denominado Pseudo-Melitón[10], en el que se recogen las palabras que Cristo compartió con su Madre en el momento en el que Ella muere, y palabras en las que se defiende la idea de una concepción de María en la que no existió acto sexual por el que pudiera recibir las consecuencias del pecado contraído por Adán y Eva:
                        “Levántate mi amada madre: puesto que tú no sufriste corrupción en la unión con la carne…”

Con ello observamos cómo se defiende la idea de que María no participó del Pecado Original en el momento de su Concepción (ya que el proyecto de Dios se hace carne humana) en el seno de su progenitora y en el momento en el que comenzó su vida humana como criatura escogida por Dios para cumplir los designios divinos y para participar en la Obra Redentora de su hijo Jesucristo.

               Por lo tanto, la Cristiandad de los primeros tiempos se desenvolvió en una dura controversia entre los que defendían la pureza íntegra de María y los que opinaban que Ella tuvo que participar del Pecado Original como ser humano que era y como mujer que dará carne humana al mismo Hijo de Dios. De este modo, los contrarios a la Inmaculada Concepción, es decir, los maculistas opinaban que si se eximía a María de las consecuencias de la Caída de Adán y Eva, se estaba eximiendo, en consecuencia, al mismo Cristo de su naturaleza humana, desbaratando al mismo tiempo todo el fundamento de la Redención cristiana. Para no contradecir la doctrina dogmática de la Redención, los opositores a la consideración de que la Virgen  fue concebida Inmaculada, propusieron la idea de que María nació con el Pecado Original pero fue santificada en el seno de santa Ana, del mismo modo que san Juan Bautista “El Precursor” fue santificado en el seno de su madre Isabel cuando ésta recibió la visita de la Virgen María unos meses antes de producirse el nacimiento del Bautista.
Pero en el siglo II d.C., Justino Mártir[11] ya tuvo en cuenta estas disertaciones cuando propuso que la sangre de Cristo no era como la de los otros seres humanos, porque su Madre fue eximida del Pecado Original en el momento de su concepción inmaculada. Considerando así que Cristo, de naturaleza divina y naturaleza humana, contaba con el privilegio de ser Hijo de Dios y de haber nacido de una criatura humana escogida por el mismo Dios y preservada de todo Pecado Original para ser Madre suya.
Posteriormente, en el siglo III d.C., un escrito siríaco denominado “Exequias de la Virgen” manifiesta la idea oriental de que María sufrió una “dormición” y no una muerte corporal, tras la cual fue ascendida a los cielos por su Hijo en cuerpo y alma. Pero para defender esta idea el escrito señala que “… el Señor, extendió sus impolutas manos, recibió su santa e inmaculada alma…”, con lo cual, se está defendiendo al mismo tiempo que María era inmaculada desde su concepción, no era portadora del Pecado Original, por lo que su cuerpo no sufriría la corrupción de la tumba -consecuencias obtenidas tras la Caída de Adán y Eva- y podría se asunta al cielo manteniendo unidos cuerpo y alma.
            Con todo este controvertido planteamiento para muchos eruditos -debate entre inmaculistas y maculistas-, en el siglo IV d.C. Marcelo de Ancira[12] defendió que María era “achrantos”, esto es, inmaculada; mientras que Gregorio Nacianceno[13] la proclamaba “amiantos”, es decir, sin mancha.
De todos modos, la cristiandad occidental será la que defienda con más solidez la Pureza de María desde su concepción, usando su virginidad como la premisa de su perfección moral desde el primer instante de su ser. A pesar de ello, nos encontramos con san Agustín y san Ambrosio (Padres de la Iglesia) que declararon que la Virgen nunca cometió pecado, no entrando en mayores discusiones sobre su inmaculada concepción, ya que no se ponían de acuerdo en si María fue santificada “in utero” -antes del nacimiento y después de la concepción-[14] o santificada en el  mismo momento de su concepción -teniendo entonces una concepción inmaculada-. Y argumentan que nunca cometió pecado porque aluden a su perpetua virginidad, siendo al mismo tiempo Madre del Redentor.
            Entre tanta controversia, san Andrés de Creta[15], en torno al siglo VII, escribe un canon para la festividad oriental de la Concepción de santa Ana, alusiva a la Inmaculada Concepción de María, en el que se alaba la pureza de la Virgen; y el emperador Basilio, en pleno siglo X, ilustró su famoso Menologium con el conocido “Abrazo de san Joaquín y santa Ana ante las Puertas Doradas del Templo de Salomón”[16], defendiendo así la purísima concepción de María.
            Con todo, si los libros apócrifos, basados en el Antiguo Testamento, difundieron la idea de una Purísima Concepción de María, como bien apunta M. Leví d´Ancona, en el siglo IX d.C. Haymon de Halberstad utilizó el libro canónico del Eclesiastés[17] en su Homilía V in Solemnitate Perpetuae Virginis Mariae para ser atribuido a la Inmaculada Concepción de María. Y es en la misma Inglaterra donde comienza a asentarse, a partir de los siglos X y XI, la doctrina de la Inmaculada Concepción, a pesar de que en otros lugares de Europa, como en el caso de España, ya se festejara en tiempos muy tempranos, como hemos apuntado anteriormente. Pero será en la Inglaterra medieval donde surjan los más destacados estudiosos y eruditos de la más sutil y sublime de las doctrinas del Cristianismo, como es la doctrina inmaculista.
            Por ello, a finales del siglo XI y principios del siglo XII, Anselmo el Joven[18] -sobrino de Anselmo de Canterbury[19]-, su discípulo y biógrafo Eadmero[20] y el teólogo inglés Osbert de Clare[21] no estaban de acuerdo con los postulados que circulaban en la época de que María participó del Pecado Original en su concepción y fue posteriormente santificada en el seno de su madre y antes de nacer. Y, de hecho, emprendieron una ingente labor académica para defender el misterio de la Inmaculada Concepción de la Virgen argumentando el siguiente célebre silogismo:
“Potuit, decuit, ergo fecit.” (Dios podía, era apropiado que lo hiciera, luego lo hizo).[22]       

            Pero la gran prueba de fuego llegó con san Bernardo[23] en pleno siglo XII, cuando, entre 1135 y 1153, pronunció 86 sermones en los que comparaba la figura de María con la Sulamita del Cantar de los Cantares[24]. Además, atribuía a la Virgen una serie de figuras metafóricas alusivas a su virginal y maternal pureza, ya que este santo cisterciense se oponía a defender la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios. De hecho, se opuso en 1128 a que los canónigos de Lyon[25] introdujeran, en su calendario litúrgico, la festividad de la Inmaculada.
            A la oposición de san Bernardo se sumaron gran cantidad de canónigos y, sobre todo, en el siglo XIII se sumó la Orden de los Dominicos[26], entre los que cabe destacar el propio Fundador, santo Domingo de Guzmán, y santo Tomás de Aquino. Ambos manifestaron ser partidarios de que María fue concebida bajo las consecuencias del Pecado Original y fue posteriormente santificada en el seno materno antes de su nacimiento. Planteamiento que recuerda los debates en los que se sumió san Agustín en torno a la concepción de María a principios del siglo V[27].
            Ante tal oposición a la doctrina inmaculista, surgió un movimiento ascético en pro de la Purísima Concepción de la Virgen en el seno de la Orden Franciscana. Orden que se puso a la cabeza de los defensores de tal misterio mariano puesto que recibieron de su Fundador, san Francisco de Asís[28], las dotes de una evangelización cristiana asentada en la defensa y creencia de las piedades populares, manifestando una predilección por la religiosidad vivida de forma emocional, sentimental y basada en la fe sencilla del pueblo. Por lo que descubrieron en la piedad popular un amor profundo y una creencia ciega en que María fue concebida de forma inmaculada, además de haber sido creada en la mente del Creador antes de todos los tiempos.
            Por ello, con esta idea de que María existía en la mente del Creador “ab aeterno”[29], la Cristiandad -sobre todo la occidental- configurará un nuevo tipo iconográfico de la Virgen para consolidar su Concepción Inmaculada. Denominando al nuevo icono como la “Tota pulchra”[30] y basándolo en importantes estudios teológicos de los más destacados exegetas y eruditos marianos.
            De este modo, en el siglo XIII nos encontramos con dos figuras destacadísimas en la propagación y defensa del culto inmaculista, como son Duns Escoto[31] y Ramón Llull[32], franciscanos que recibirían con agrado la aceptación oficial de la fiesta de la Concepción Inmaculada en el Concilio que la Orden Franciscana celebró en 1263.
            Mientras que Escoto, el más claro defensor del misterio y el que con más entusiasmo trató de fundamentarlo sin desconocer los escritos opositores y el poco apoyo patrístico, proclamaba que la gloriosa Virgen María fue preservada del Pecado Original desde el primer instante de su ser y no a partir de su nacimiento o Encarnación; el mallorquín Ramón Llull calificaba a María como “concebida sin mancha” y afirmaba que Cristo se encarnó en la Virgen por la misma razón de que Ella estaba limpia de todo pecado venial y mortal.
            Las ideas del mallorquín fueron propagadas por todo el Reino de Aragón al que pertenecía y acogidas con total aceptación por los monarcas aragoneses, entre los que hay que destacar a Jaime I, ya que este monarca se acompañó en todo momento de franciscanos y afianzó cada territorio que reconquistaba con la ayuda de esta Orden religiosa, por lo que las ideas de una Concepción Inmaculada de María tuvieron una pronta acogida en los territorios levantinos, entre los que se encuentra nuestra localidad de Catral. Pueblo que, como hemos visto, era ferviente seguidor del misterio inmaculista.
            Ante ello, a partir del siglo XIII se desarrolló una ingente labor académica en pro de la pureza, íntegra y absoluta, de María. Labor que queda manifiesta en la serie de estudios que se relacionan a continuación:
·         Speculum Beatae Mariae Virginis, de Conrad de Sajonia (fallecido en 1279).
·         La Leyenda Dorada, de Santiago de la Vorágine (fallecido en 1298).
·         Speculum Historiae de Vicent de Beauvais (finales siglo XIII).
·         En 1320 el franciscano barcelonés Petrus Thomae cita el Eclesiastés para hacer referencia a la pureza de María.
·         En 1324 sale a la luz el Speculum Humanae Salvationis, escrito en Estrasburgo por un dominico y alusivo a la pureza mariana.
·         Defensorium Beatae Virginis de Jean Vitalis, escrito en 1378 y tomando como referencia los escritos de Petrus Thomae.
·         Defensorium inviolatae virginitatis Beatae Mariae de Fran voz Rezt. Escrito hacia 1400 por este dominico para hacerse perdonar la hostilidad de su Orden a la Inmaculada Concepción.

Todos estos escritos influyeron de manera decisiva en el panorama teológico de la Cristiandad, llegando a ser más decisiva la influencia ejercida en el ámbito religioso occidental, ya que en este territorio se desarrolló , de manera extraordinaria, la controversia sobre la Inmaculada Concepción. Debates que entraron en plena actividad a lo largo del siglo XV, y debates occidentales de los cuales emanará la definitiva codificación de la doctrina inmaculista.
Todo este panorama bibliográfico internacional afectó, en consecuencia, al Reino de Aragón al que se adscribía la comarca oriolana, de la cual dependía Catral. Comarca que, a pesar de depender en materia eclesiástica de la Diócesis castellana de Cartagena y después de ser tratada con desdén y olvidada en la administración de los sacramentos, mantuvo fuertes contactos con Valencia, capital del Reino, y trató de asimilar la cultura valenciana en cuanto a costumbres, usos y ritos -no perdiendo por ello su propia personalidad y su propia forma de ser como vega huertana fronteriza entre dos reinos, trastornada al mismo tiempo por pertenecer políticamente a un reino y eclesiásticamente a otro-.
De ello debemos deducir que, Orihuela, y sobre todo Catral, tendrían noticias de la fundación en 1333, en la ciudad de Valencia y por parte del infante Pedro[33], de la Cofradía de la Purísima. Cofradía que recibió favores de la mano del monarca Martín I “El Humano” en la segunda mitad del siglo XIV. Favores que el propio monarca hizo extensibles a todo el Reino de Aragón, a finales de este siglo XIV, por medio de una ingente labor legislativa y a favor del culto de la Inmaculada Concepción. Culto que se estaba realizando en Catral desde que lo instituyó, de manera definitiva en 1304, el monarca aragonés Jaime II, por ello los favores de Martín I vendrían a afianzar en nuestras tierras el amor a María en su Purísima Concepción.
Pero, si el siglo XIV estuvo marcado por un afianzamiento de la consideración de la pureza íntegra de María, el siglo XV matizará esta categoría personal de la Virgen a través de una extensísima lista de tratados, estudios… que poblarán el panorama valenciano y tendrán positivas consecuencias para la religiosidad levantina y para el culto personal y particular que Catral tributaba a María. 
En esta tarea de propagar el culto mariano, en los dominios del Reino de Aragón, destaca sobremanera la persona de san Vicente Ferrer[34]. Fraile dominico que, a pesar de que su Orden estaba en contra de la doctrina inmaculista, acogió de buen agrado y con total sinceridad los postulados de Duns Escoto y Ramón Llull sobre la consideración de que María tuvo una concepción inmaculada. Esta misma idea la propagó por todos los territorios en los que predicó, impulsando así el culto mariano entre la devota feligresía que le escuchaba. De hecho, se sabe con certeza que san Vicente Ferrer visitó la Vega Baja del Segura entre diciembre de 1410 y enero de 1411, predicando en todas las parroquias rurales de la huerta y en distintos templos de la ciudad de Orihuela, y desarrollando la mayor exaltación que de la Virgen se ha realizado en estas tierras, promoviendo la repentina fundación de cofradías, altares . . .
Por lo tanto, si Catral celebraba, por aquel entonces y con la mayor solemnidad, la festividad de la Purísima Concepción de María y san Vicente Ferrer vino a exaltarla, más si cabe, entonces comprenderemos que los catralenses rindieran tributo a María en su Inmaculada Concepción en fechas muy tempranas y de manera destacadísima en el ámbito oriolano.
Ante ello, la efervescencia inmaculista de los primeros años del siglo XV  -tanto en la Cristiandad occidental como en la oriental, así como en la iglesia local valenciana- se vio respaldada por el Concilio de Constanza[35] del año 1414-1418, cuando se trató de reconocer oficialmente la doctrina inmaculista y propagar su culto[36], y sobre todo por el Concilio de Basilea[37] celebrado en 1439. Entre las disposiciones conciliares de Basilea el Papa Félix V[38] declaró la creencia inmaculista como enseñanza oficial de la Iglesia.
Como consecuencia del Decreto Papal surgió una ingente producción literaria de carácter internacional, siendo para nuestro interés por el impacto que ocasionó con toda seguridad en la comunidad cristiana catralense, la producción literaria del ámbito valenciano. Ámbito al que Catral se supeditaba en régimen político-institucional y académico, teniendo al mismo tiempo contactos eclesiásticos por las razones de que Orihuela y su comarca eran descuidadas por el Obispado cartaginense; por ello la ciudad de Orihuela emprendió trámites en pro de una segregación eclesiástica de Cartagena y poder erigirse como Obispado independiente. Por esas razones comprenderemos unos acercamientos, en materia religiosa, al Obispado valenciano -buscando así la estabilidad política y religiosa bajo un mismo Reino-.  
De toda la producción literaria valenciana del siglo XV podemos destacar, para nuestro interés, las siguientes obras:
·         “Canço de la Concepció de Nostra Dona” de Francesc Mestre de 1440.
·         “Goigs de la Verge María” de Joan de Camps de 1464.
·         “Obres e trobes en lahors de la Verge María”, obra impresa en 1474 en Valencia por Lambert Palmart y siendo el primer libro impreso en España.
·         De la misma época que el anterior y en tiempos de Rodrigo de Borja -primer Arzobispo de Valencia, futuro Papa Alejandro VI y segundo Papa valenciano- se imprime la obra “De la Sacratísima Concepció de la Verge María” de F. Díez.
·         Así mismo, es del mismo periodo el “Officium B. V. Mariae” atribuido a Serrano Morales.

Al mismo tiempo, en esta segunda mitad del siglo XV, el Papa franciscano Sixto IV[39], haciendo prevalecer los puntos de vista de su Orden, instituye formalmente un oficio con alabanzas a la Inmaculada Concepción de María en 1476. Además, aceptó oficialmente la doctrina inmaculista en la Constitución Cum Praecelsa de 1477, mediante la que se aprueba la fiesta, se ordena que se celebre en todas las iglesias y se conceden indulgencias.
Tras los incidentes ocasionados por un dominico anti-inmaculista, Sixto IV se vio obligado a emitir dos Bulas llamadas Grave nimis, la primera en 1481 y la segunda con carácter universal en 1483[40], a favor de la Inmaculada.
Disposiciones que condicionarían la elaboración en 1490 del famoso “Tractat de la Concepció de la Sacratísima Verge María” del valenciano “mestre Corella” y de la obra “Vides de la Sacratísima Verge María” de Miquel Pérez en 1495. Tratados que con toda seguridad serían conocidos por el Arciprestazgo de Orihuela -al cual se supedita la parroquia catralense-, ya que en 1492 el Papa Inocencio VIII incorpora a la Diócesis de Valencia las sufragáneas de Cartagena y Mallorca, y a la Diócesis de Cartagena pertenecía el Arciprestazgo de Orihuela.
Pero, ante todo este bagaje literario que inunda el panorama cultural y religioso del litoral valenciano, hay que destacar la importantísima obra de la monja sor Isabel de Villena[41], priora del convento valenciano de la Trinidad[42] que en 1497 publica su “Vita Christi”. Obra en la que se plasma un profundo amor a María por parte de su autora, y obra en la que se manifiesta un culto y una devoción mariana expresadas de manera tan sutil, tan sencilla y a la vez tan apasionada que embriagan y cautivan al lector a emprender una defensa a ultranza de la doctrina de la Inmaculada Concepción.
Esta obra influyó decisivamente en la configuración iconográfica definitiva de la Purísima Concepción, además de impregnar la religiosidad popular de las tierras valencianas. Pero, sobre todo, fue una obra que se vio inmersa en un ámbito propicio a la hora de defender la doctrina inmaculista, puesto que los Reyes Católicos (monarcas del territorio peninsular desde 1479) manifestaron una pública y honda devoción a la Purísima. Devoción que transmitieron tanto a sus herederos como a sus cortesanos y súbditos.
Tal es así que, Juana “La Loca”[43], hija de los Reyes Católicos y madre de Carlos V, funda en Palma de Mallorca en 1508 un convento franciscano bajo el patrocinio de la Inmaculada Concepción. Mientras tanto, entre los cortesanos de los monarcas podemos destacar la labor desempeñada en defensa de la Purísima por parte del Cardenal Cisneros[44], el cual fundó la Cofradía de la Purísima de Toledo y publicó sus estatuto el 5 de Enero de 1510 en Alcalá de Henares, imponiendo al mismo tiempo la doctrina inmaculista en la Catedral toledana de la siguiente forma:
“. . . por quanto por la especial devoción que siempre hemos tenido e tenemos a la Inmaculada Concepción de la Madre de Dios, y es razón que tengan todos los fieles cristianos, mayormente los prelados que son o fueren desta nuestra S. Iglesia de Toledo… tenemos por bien de ser Patrón y Cofrade de la Concepción de la Madre de Dios de dicha ciudad de Toledo, que nos hemos fundado…”.[45]
           
            Si esto ocurría entre los cortesanos más destacados, entre los súbditos de mayor rango podemos señalar a Francisco Ramírez, General de Artillería de los Reyes Católicos, que junto a su esposa fundó, en 1499 y en Madrid, un hospital dedicado a la “Concepción de la Madre de Dios” y dos monasterios dedicados a la Concepción -uno franciscano y otro jerónimo-.
            De este modo, observamos como en el territorio peninsular, a finales del siglo XV y principios del XVI, se están fundando gran cantidad de instituciones monásticas bajo el patrocinio de la Purísima, contribuyendo a que su culto prevaleciera entre los altos cargos eclesiásticos y las nobles familias españolas, ya que el pueblo era ferviente seguidor de los postulados franciscanos en defensa de la Concepción Purísima de María, contribuyendo de este modo a que su culto no decayera.
            Si en la esfera peninsular se sucedían toda clase de fundaciones concepcionistas o inmaculistas, y afectaban a todo el territorio hispánico; de manera más concreta, y con mayores repercusiones para la feligresía catralense, tenemos que destacar tres obras que siguen corroborando en pleno siglo XVI la consideración de que María fue concebida de forma inmaculada, tales escritos son:
·         “Liber de Conceptu Virginalis” de autor desconocido.
·         “Triunpho de la Inmaculada Concepción” de Juan Gómez y publicado antes de 1531.
·         “Liber de Consells”, publicado por Jaume Roig en 1531 y en el cual se manifiesta la defensa que los Jurados de la ciudad de Valencia hicieron a favor de la Inmaculada Concepción.

Además, por esos años de 1530 tenemos el juramento de defensa de la doctrina inmaculista que la Universidad de Valencia hizo tras unos escandalosos ataques  al misterio[46]. Por lo tanto, el panorama de efervescencia inmaculista vivido en la capital del Reino de Valencia, al cual pertenece la cuenca huertana regada por el Segura, sería vivido en el ámbito social catraleño de aquellos años.
De hecho, es sabido que la fiesta de la Inmaculada Concepción era obligatoria en todas las Diócesis españolas en pleno siglo XVI.
Pero esta festividad tuvo su mayor difusor en la persona de Carlos V[47], heredero de un vasto Imperio territorial y promotor de una unidad religiosa de todos sus dominios[48]. Por ello, y por haberse criado en el ambiente inmaculista  de las Cortes de sus abuelos -tanto en la corte hispánica de los Reyes Católicos como en la corte austríaca de Maximiliano de Augsburgo- Carlos V decretó en 1526, mediante la firma de una Real Cédula el 6 de octubre en Granada, la orden de que se fundaran en todo el país cofradías de la Concepción. Refrendando así la Bula promulgada por el papa Adriano VI[49] en referencia a la concepción inmaculada de María.
Bajo esta orden debemos entender que, en la década de 1530, el reverendo Mosén Pere Guillen levantara el Santo Hospital de Catral, con Ermita y bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción[50]. Donado a los vecinos, parroquianos y terratenientes de Catral el 14 de agosto de 1555  mediante escritura ante el escribano público Cosme Morrelles[51].
Por lo tanto nos encontramos ante la primera fundación inmaculista de la provincia de Alicante y de toda la Diócesis de Orihuela, ya que el convento franciscano de Orihuela está colocado bajo la advocación de santa Ana y el callosino convento de la Purísima Concepción data de 1585. Además, el 15 de abril de 1586, mediante Bula del Papa Sixto V, se funda en Alicante la Cofradía de la Purísima, mientras que en Orihuela no se funda una cofradía de la Inmaculada hasta el año 1611. Por otra parte, en la ciudad de Villena se tiene constancia de la existencia de un Hospital y Ermita de la Concepción cuyas primeras noticias se tienen hacia 1557[52].
Por ello, la fundación catralense viene a ratificar la destacadísima importancia que para el pueblo de Catral ha tenido la devoción a la Purísima Concepción de María a través de los siglos. Que, a pesar de los avatares políticos y religiosos, las gentes de Catral han sabido recoger desde los primeros momentos del cristianismo las doctrinas inmaculistas y han sabido defenderlas y transmitirlas a las generaciones futuras a través del tiempo. En definitiva, con esta fundación se institucionaliza, se formaliza de una vez por siempre, el culto y la devoción catralense a la Purísima.

Además, esta fundación catralense viene a producirse durante los años previos al Concilio de Trento (1545-1563)[53]. Durante estos años conciliares se producirá la gran reforma eclesiástica -también llamada Contrarreforma-, ya que en el Norte europeo surgió un movimiento de Reforma Protestante[54], mediante el cual se trataba de cuestionar la autoridad, los abusos y las exigencias papales. Frente a ello la Iglesia católica convocó al alto clero para plantear una profunda reforma -Contrarreforma- de la religiosidad, no sólo de los fieles sino también del clero. Por ello muchos procedimientos eclesiásticos fueron sustituidos y otros fueron impuestos, con la intención de afianzar la fe cristiana en los planteamientos dogmáticos que se originaron en las primitivas comunidades cristianas. De este modo, el Concilio de Trento consideró como Dogma de Fe el misterio de la Eucaristía, ya que por el procedimiento de la transubstanciación el Cuerpo y la Sangre de Cristo se hacen presencia viva en el pan y el vino consagrados durante la celebración eucarística. Manifestación de la presencia real de Cristo Sacramentado potenciada en la festividad del Corpus Christi.
Festividad que en las tierras alicantinas, regadas por los ríos Vinalopó y Segura, tuvo un gran auge gracias a la presencia del franciscano san Pascual Bailón[55]. Santo, que por ser franciscano, exaltaría la doctrina inmaculista en aquellas poblaciones por las que predicó, como es el caso de todas las parroquias de la Vega Baja del Segura, así como en las de Elche, Aspe, Alicante, Monforte …
 Por lo tanto, si en el siglo XV Catral recibía la visita del predicador san Vicente Ferrer y se potenciaba el culto inmaculista entre sus gentes, en el siglo XVI recibiría la visita de otro predicador -San Pascual Bailón-, más cercano y con más arraigo en la defensa de la Inmaculada, consolidando esta festividad entre los catralenses.
Población que vio fundarse el Santo Hospital bajo la advocación de la Concepción y población que observó como el Concilio de Trento, a pesar de no proclamar dogmáticamente la Inmaculada Concepción de María, eximió a la Virgen del Pecado Universal[56], y proclamó que las tradiciones no escritas de la Iglesia y sus miembros serían mantenidas con igual honor que las Sagradas Escrituras. Por ello las Tradiciones eran revelaciones de Dios del mismo modo que los Textos Bíblicos, teniendo el mismo peso doctrinal en materia eclesiástica.
Justo un año después de la clausura del Concilio celebrado en la ciudad italiana de Trento, en 1564 el Papa Pío IV[57] eleva a rango de Catedral la Colegiata de “El Salvador” de Orihuela, constituyéndose de este modo la independencia eclesiástica de la comarca oriolana. La segregación del Obispado de Cartagena se sucedió bajo la supervisión del monarca Felipe II[58], que hizo suyo el proyecto oriolano, se presentó como paladín en la defensa de la fe católica y trabajó en la erradicación de la herejía, encontrando en los postulados oriolanos su mayor campo de acción y su mayor área de propaganda política, afianzando con ello su propio poder.
Las autoridades de la Gobernación del Bajo Segura, centralizadas en la ciudad de Orihuela, aprovecharon los dictámenes del recién concluido Concilio Ecuménico y se apoyaron en las preferencias religiosas del monarca para presentar la solicitud de segregación eclesiástica –que ya era extremadamente insostenible, puesto que el Bajo Segura era olvidado por la administración religioso-castellana de Cartagena al ser la comarca oriolana dependiente políticamente del Reino aragonés- en los momentos previos a un cambio en la Cátedra Episcopal, puesto que era inminente la muerte del obispo cartaginense Almeyda.
Con todo, Felipe II presentó la solicitud ante el Solio Papal ocupado por Pío IV, el cual accedió a la erección de la Gobernación de Orihuela como nuevo Obispado. Sin más, el monarca hispánico, a pesar de ser fiel defensor de la fe católica, no elevó ninguna súplica al Papado referente a la doctrina de la Inmaculada Concepción[59]. Que por el contrario, esta doctrina inmaculista se vio favorecida por el decreto de 1570 del franciscano Papa Pablo IV[60] al prohibir las discusiones públicas sobre este misterio, prohibiciones corroboradas por el mismo Papa años más tarde.
Por lo tanto, en la segunda mitad del siglo XVI y en el nuevo Obispado oriolano, el culto a la Inmaculada Concepción estuvo marcado no por Decretos Reales sino por las disposiciones que promulgó el I Sínodo Oriolano celebrado en 1569, en el cual se manifiesta la profunda devoción que tiene la Diócesis de Orihuela a la Purísima, ya que se impuso su festividad con carácter obligatorio. Formalizándose, con ello, las practicas devocionales que se estaban sucediendo en las parroquias de la cuenca del Segura desde hacía mucho tiempo, destacando la población de Catral por contar con la primera fundación inmaculista de toda la comarca.
En 1600 se celebra el II Sínodo Oriolano en el que se vuelve a hacer hincapié en la defensa pública de la consideración de una Inmaculada Concepción de María[61]. Consideración que los franciscanos valencianos defendieron definitivamente en el juramento que realizó su Orden en 1610. Siendo otro factor más para entender la tradición levantina en la defensa de esta doctrina, ya que todo el litoral valenciano ha tenido desde siempre una gran predilección por la orden franciscana. Orden que extendió sus postulados a todas las parroquias de la Vega Baja, ya que todas ellas solicitaban que predicadores franciscanos presidieran las festividades de mayor rango y, además, su presencia en el Bajo Segura es más destacada que la presencia de los dominicos, a pesar de que esta Orden promoviera la fundación de muchas Cofradías del Rosario. Así vemos los conventos franciscanos de santa Ana de Orihuela, el de la Purísima de Callosa, el de san Francisco de Paula de Almoradi y el Santo Hospital de la Concepción de Catral, todos ellos motivados por intereses franciscanos y, como ya se ha comentado, siendo la fundación catralense la primera en estar colocada bajo la advocación de la Purísima Concepción de María.
Siendo en época de Felipe III[62] cuando la doctrina inmaculista se convierta en la esencia primordial del sentir religioso español -esencia sembrada en la Antigüedad, impulsada por Carlos V, reforzada por Felipe IV y consumada por Carlos III- que tratará de defenderse ante el Solio Papal y conseguir que se proclame como Dogma de Fe.
Ante ello, y tras los decretos de 1615 del Papa Pablo V sobre las indulgencias concedidas a la oración a la Inmaculada, el monarca hispánico Felipe III creó en 1616 la Real Junta Inmaculista[63] que pretendía lograr de Roma la proclamación como Dogma del misterio de la Inmaculada Concepción de María. Lo único que se consiguió, por el momento, es que el Papa decretara en ese año de 1616 una nueva prohibición de sostener en público opiniones contrarias a la Concepción Purísima.
No contento con ello, Felipe III, muy devoto del misterio inmaculista tanto por influencia hispánica como por influencia de su tía la Archiduquesa  Margarita de Austria, escribió en 1617 a todas las Diócesis del Imperio para que rogaran al Papa la definición como Dogma de Fe de tal misterio. Obteniendo del Papado, en ese año de 1617, otra prohibición de manifestar públicamente opiniones contrarias a la doctrina inmaculista.
Todo este panorama, enrevesado en materia inmaculista, que no llegaba a una conclusión satisfactoria para los partidarios del misterio, obligó a la citada Archiduquesa Margarita a dirigir una carta al Papa Gregorio XV[64] en 1622 solicitando la definición dogmática por los deseos insistentes de los españoles.
 Visto el clamor fortísimo de los católicos inmaculistas españoles, el Papa Gregorio XV se vio obligado a emitir en 1622 un Breve tranquilizador en el que la doctrina inmaculista, a pesar de no declarase como Dogma, se consideraba como opinión piadosa y extendía la prohibición, de manifestar opinión contraria, al terreno de lo privado.
Este Breve, que presagiaba una pronta definición dogmática, fue acogido con gran entusiasmo en tierras hispánicas y festejado con gran solemnidad en todas las ciudades y obispados. De hecho, todos los obispos españoles cooperaron en la defensa del misterio y la presentaron ante el Papado, encontrando grandes apoyos en los monarcas hispánicos, destacando el incondicional apoyo político del rey Felipe IV[65] en la segunda mitad del siglo XVI.
Con este monarca, abiertamente inmaculista, se desarrolla un periodo de exaltada devoción y culto al misterio mariano de la Inmaculada Concepción de María, ya que Felipe IV junto con su consejera personal, sor María Jesús de Ágreda[66], encabezaron la mayor propuesta de defensa del misterio presentada ante el Papado.
Con ello, cuando en 1644 sube al Solio Papal Inocencio X[67], el Rey escribe una carta a su consejera diciéndole: “Con la elección del nuevo Pontífice, ha llegado el caso de hablar de la Concepción Purísima de Ntra. Señora . . .”. Lo que pretendía Felipe IV era que la doctrina inmaculista se declarara Dogma y poner freno a los decretos anti-inmaculistas que Urbano VIII proclamó ese mismo año de 1644, poco antes de fallecer[68].
Ante las insistentes misivas que el Papa recibía de parte del monarca español y de sor María Jesús de Ágreda, el Pontífice contesta a Felipe IV en 1646 y éste se lo transmite a su consejera mediante estas palabras:
“He tenido respuesta de Roma sobre el punto de la Purísima Concepción, y me dicen que el Papa oyó con mucho gusto mi carta y que le mostró en tratar de tan justa y santa obra: plegue a Dios que la inquietud de la Cristiandad no le impida tratar con veras esta definición de este misterio…”[69]
           
            Sin obtener ningún decreto dogmático sobre el misterio y frente a las insistencias del monarca Felipe IV, la iglesia católica española recibe con agrado, en 1654, las proclamaciones de Inocencio X de que la fiesta de la Inmaculada sea obligatoria para España y sus territorios.
            A pesar de ello, Felipe IV escribe en 1655 a sor María, la cual le anima a seguir con la solicitud, para informarle sobre la comisión que tenía formada para presentar, otra vez ante el Papa, las intenciones de la cristiandad española de proclamar como Dogma de Fe la doctrina inmaculista. En esta tarea tenía pensado como embajador, ante el Papa, al Obispo de Cádiz; pero finalmente se resuelve a encomendar la misión al franciscano Pedro de Urbina, Arzobispo de Valencia, con la intención de anular los decretos anti-inmaculistas de Urbano VIII[70] de 1644 y obtener la definición dogmática del misterio de la Purísima Concepción.
            A la correspondencia del monarca, su consejera le contesta lo siguiente en una de las cartas escritas a finales de 1655:
“Vuestra Majestad interponga su autoridad y potencia en procurar la definición de la Purísima Concepción por fe de la Madre de Dios…; y pues vuestra Majestad escribió a nuestro santo padre Inocencio X para este fin, sería bien repetir la misma diligencia con todo encarecimiento al nuevo pontífice Alejandro VII[71], y que vuestra Majestad no desista de empresa tan gloriosa y digna de la piedad y devoción.[72]

            A pesar de volver a solicitar que se defina como Dogma el misterio inmaculista, Felipe IV obtiene, en 1656 y por parte del nuevo pontífice Alejandro VII, la renovación del decreto dado en 1654 por Inocencio X de que la fiesta de la Inmaculada sea obligatoria para todos los dominios españoles.
            Sin desistir a tal empresa, pero mostrando ciertos temores por no ver definido como Dogma el misterio inmaculista[73], el Rey designa en 1658 al valenciano Luis Crespí de Borja, Obispo de Orihuela-Plasencia[74], para emprender el cometido de anular los decretos anti-inmaculistas de 1644 y conseguir que Alejandro VII proclame Dogma de Fe la Inmaculada Concepción de María. Tras embarcarse el Obispo en Denia el 3 de junio de 1659 y desembarcar en Nápoles el 14 de diciembre del mismo año, fue recibido por el Papa a mediados del mes de enero de 1660.
            Y, ante los insistentes ruegos y presiones de la religiosidad española encabezada por el propio Rey, el 8 de diciembre de 1661 -precisamente el día de la Purísima- el Papa Alejandro VII firmó el Breve o Decreto apostólico “Sollicitudo omnium Ecclesiarum”, por el cual, sin declarar Dogma a la Inmaculada Concepción, se reafirmaban las Constituciones sobre la doctrina que emitieron los Papas anteriores. Por lo tanto, se considera el misterio de la Concepción Purísima de la Virgen como fiesta y creencia obligada para España y sus dominios.
            No es un triunfo completo, porque no se eleva a Dogma la creencia mariana, pero el Decreto fue acogido con gran alegría en toda la Cristiandad y muy especialmente por España que lo celebró con gran fastuosidad[75].
            Dos días después de emitido el Breve, Alejandro VII escribió una carta a Felipe IV comunicándole la noticia y sin manifestar gran entusiasmo, por lo que la carta papal es breve y fría.
Frente a la sequedad de la carta que escribió el Papa al Rey español, se opone el entusiasmo y efusividad que Felipe IV manifestó en la carta que le mandó a su consejera, sor María Jesús de Ágreda, y ello se ve claramente en estas palabras del monarca:
“Estoy contentísimo de la Bula que el Papa nos ha concedido sobre la Purísima Concepción de Nuestra Señora, pues todos dicen que es la más favorable que se ha expedido…”

            Visto el agrado con que Felipe IV y sor María recibieron el Decreto, es lícito entender y comprender que se ilusionaran con ver pronto definido dogmáticamente el misterio y así lo dejan claro en la correspondencia mutua que mantienen hasta 1665.
Si los esfuerzos del monarca son importantísimos para comprender la importancia que para España tiene la Inmaculada Concepción de María, que se convirtió en su más ferviente creencia, tenemos que destacar el Decreto apostólico de Alejandro VII por manifestarse en él el papel primordial que jugó España en la promulgación de dicho Breve.
           
     Como consecuencia de esta carta, emitida por el Papa y en la que se solicitaba que todas las Diócesis publicaran los decretos inmaculistas, la totalidad de las ciudades españolas festejaron, en los años sucesivos y con gran solemnidad, la declaración del Breve a favor de la Inmaculada Concepción. A tales festejos se sumaron tanto las autoridades eclesiásticas como las civiles, y destacado es el caso de la ciudad de Valencia en estas celebraciones, ya que se dispusieron carros triunfales, altares callejeros… e incluso se publicaron libros en los que se recogieron los festejos.
De este modo, la ciudad de Orihuela y su Obispado celebró un Santo Sínodo (el III) en 1663 por el cual se exaltó y potenció la doctrina y culto a la Purísima Concepción, ya no sólo por los decretos papales de 1661 sino también porque el Obispo español que presentó la solicitud ante el Solio Papal era precisamente D. Luis Crespí de Borja, Obispo de nuestra Diócesis de Orihuela. Por lo tanto, y en consecuencia, la Parroquia de Catral recibió con gran entusiasmo las felices noticias y lo celebraría como es debido, a pesar de no constar noticias documentales en los archivos locales fechadas en la década de los 60 de ese siglo XVII.
Aunque sí podemos considerar, como una de las consecuencias de los decretos del Breve alejandrino, que, en 1693, la población de Catral quisiera honrar a su Patrona -la Purísima- con una nueva corona. Empresa que fue demasiado costosa para la escasa economía de la Parroquia y para la pobre y difícil situación de los huertanos catralenses. A pesar de ello, las modestas donaciones llegaron a contar con siete sortijas de oro, ocasionando que la ansiada empresa, con la que la que los hombres y mujeres de Catral querían manifestar su tributo de amor a su Madre la Purísima, no llegara a realizarse[76].  
Otra de las consecuencias del Breve alejandrino de 1661 es que, el mismo Papa Alejandro VII concede a España -en 1664- el derecho a celebrar el Oficio y Misa de la Inmaculada; mientras que el monarca Felipe IV -en el mismo año de 1664- mediante Real Decreto extiende el juramento académico, que las universidades de Toledo y Valencia hicieron en defensa de la Purísima, a las universidades de Salamanca, Alcalá y Valladolid.
Tras todos estos acontecimientos que han ido marcando el fervor inmaculista y han ido exaltando la figura de María en su Inmaculada Concepción, nos encontramos con que en 1708 el Papa Clemente XI[77] hace extensible la festividad de la Purísima a todo el Orbe Católico, ya que en 1701 la Inmaculada Concepción fue declarada Patrona de España por el aspirante al trono español, el archiduque Carlos de Austria[78].
A partir de este momento la doctrina inmaculista se irá consolidando y calando en el sentir popular de una manera más directa y eficaz, ya que se convertirá en la festividad de más solera y arraigo para nuestra comarca y su Diócesis, que gracias a la personalidad de su Prelado, el obispo D. José Tormo[79], será un culto institucionalizado en todas las parroquias de la Vega. Por ello nos encontramos, en la segunda mitad del siglo XVIII, con la erección de la nueva parroquia de Torrevieja colocada bajo la advocación de la Purísima; además de destacar las poblaciones de Benijofar, Daya Nueva, Formentera . . ., amparadas bajo el patrocinio de la Purísima a pesar de que sus parroquias están colocadas bajo las tutelas de Santiago, San Miguel y San Roque respectivamente. Del mismo modo, y en 1779, D. José Tormo entroniza en un altar de la Parroquia de los Santos Juanes de Catral a la Purísima Concepción (el mismo altar que ocupa en la actualidad), a pesar de que nuestro pueblo ya rendía tributos de patronazgo a la Purísima de la Ermita del Santo Hospital de la Villa.
Patronazgo que se deduce de las Actas de los Plenos del primer Ayuntamiento de Catral[80], celebrados en 1742 y en las que se expresa la siguiente fórmula utilizada para jurar los Cargos Municipales catralenses:
“Juro por Dios Nuestro Señor (se realiza la Señal de la Cruz), en forma a derecho haverse bien y fielmente su empleo; A DEFENDER EL MISTERIO DE LA PURÍSIMA CONCEPCIÓN DE NUESTRA SEÑORA; a guardar fidelidad a su Majestad; a administrar Justicia con equidad comprobada percibiendo sólo los derechos según aranceles y guardar secreto de quanto se tratara y deliverare en los acuerdos y para así cumplir; obligando a sus personas y bienes havidos y por haver. Con poderío de justicia y renunciación a los de su persona.”[81]

            Con esta fórmula de juramento catralense nos damos cuenta que para las autoridades civiles de nuestro pueblo era importantísimo el misterio inmaculista, y si lo sumamos al afianzamiento que, en 1779, da la autoridad eclesiástica a la doctrina inmaculista, comprenderemos la trascendencia que para Catral tiene el culto a la Inmaculada. De este modo, vemos así las muestras y pruebas de amor de nuestros antepasados a la Virgen Purísima que, a pesar de ser modestas, manifiestan la personalísima y arraigada devoción catralense a la Inmaculada Concepción.
            Pero si esto ocurre a nivel local, en el panorama nacional y en pleno siglo XVIII nos encontramos con un acontecimiento importantísimo y destacadísimo para el culto español a la Inmaculada. Y es que, el 8 de Septiembre de 1760, el Papa Clemente XIII[82], a petición del monarca español Carlos III[83], declara Patrona de los Reinos y Dominios Españoles a la Purísima, es decir, Patrona de España y de las Indias. Acontecimiento que marcará un nuevo camino en la religiosidad popular española y ocasionará el resurgimiento de cofradías, fundación de altares... y conllevará la obligatoriedad del juramento universitario, por el que se defendía el misterio de la Concepción Inmaculada de María, en todas las Universidades españolas en 1779. Al mismo tiempo motivó que el Obispo de Orihuela, D. José Tormo, promocionara el culto inmaculista en todas las Parroquias de la Diócesis, como hemos observado con anterioridad.

            Tras proclamar a la Purísima Patrona de España, el colegio oriolano de la Compañía de Jesús (paladín de la Inmaculada) reforma sus dependencias y, bajo mandato de Carlos III y ante la atenta mirada del Obispo Tormo, decide en 1772 autodenominarse “Colegio de la Inmaculada”, para ratificar la labor defensiva, a favor de la doctrina inmaculista, que desempeñó esta Compañía en tiempos pasados.
            Pero la honda tradición inmaculista de estas tierras levantinas  y la particular devoción mariana de sus Prelados, conllevará que en 1790 el Arzobispo de Valencia (del cual es sufragáneo el Obispado de Orihuela) ponga bajo el patrocinio de la Inmaculada al Seminario Conciliar, demostrando una vez más que las Diócesis del litoral levantino tienen especial predilección por la advocación mariana de la Purísima Concepción[84].
           
            Pero si la religiosidad española -y catralense en particular- está jalonada de acontecimientos a favor de la Inmaculada, de entre los que destaca el hito de la proclamación de la Purísima como Patrona de España y de las Indias en 1761  por parte de Carlos III, la Cristiandad en su totalidad acogerá con gran entusiasmo y trascendencia, por haber sido lo que ha anhelado desde tiempos remotos, el mayor acontecimiento de todos los sucedidos en torno al misterio inmaculista, éste no es otro que el decreto dado por el Papa Pío IX[85] en 1854 y por el cual proclama como DOGMA DE FE DE LA IGLESIA CATÓLICA LA DOCTRINA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA, mediante la conocidísima Bula “Ineffabilis Deus”, pronunciada el 8 de diciembre de ese año 1854[86]. La Bula proclamaba lo siguiente:
                        “Por la autoridad de Nuestro Señor Jesucristo, de los bienaventurados apóstoles Pedro y Pablo, y la nuestra, declaramos, proclamamos y definimos que la doctrina que sostiene que la Bienaventurada Virgen María fue preservada inmune de toda mancha de pecado original desde el primer instante de su concepción, en atención a los méritos de Jesucristo, es una doctrina revelada por Dios y debe ser por tanto, firme y constantemente creída por todos los fieles”.

Con esta proclama papal se cierra un proceso larguísimo de consolidación de la doctrina, de estudio teológico en su defensa y de afianzamiento devocional entre la feligresía cristiana internacional -de entre la que jugó y juega un papel relevante y destacado la Iglesia Católica Española-.

            Mediante esta Bula se proclama a María como la única criatura que siempre fue protegida de cualquier mancha del Pecado Original; se declara que esto es un Dogma, una creencia obligatoria para todos aquellos que reconocieran la autoridad espiritual de Roma; y con ella se hace imposible otra interpretación de la Encarnación de Cristo como abrazo pleno con la condición humana, de este modo, no sólo Cristo tuvo una concepción extraordinaria sino que también la tuvo su progenitor humano, su Madre la Virgen María.

            Ante la trascendencia e importancia de este hito católico y mariano del siglo XIX, en Catral no constan documentos en los que se refleje que la población celebrara tal proclama, por ser población que se amparaba y amaba a la Purísima, siendo ello debido quizás a su pobre y modesta envergadura como pueblo huertano de la comarca del Bajo Segura, con unas escasas posibilidades económicas y una grave situación sanitaria que frecuentemente era azotada por durísimas plagas y epidemias. Además de sumar las duras consecuencias que, para el poder eclesiástico tanto nacional como local, aportaron las sucesivas Desamortizaciones Estatales, por las cuales los bienes religiosos sufrieron graves pérdidas y una desmesurada reducción. Hechos que afectaron, como no, las mínimas posesiones parroquiales catralenses entre las que se encontraba la ermita en la que se veneraba a la  Purísima, Patrona de Catral.
            Sin más, lo único que podemos reseñar, con respecto al siglo XIX y en referencia al culto y devoción inmaculista catralense, es que -tanto en el Archivo Municipal como en el Parroquial- se reflejan noticias sobre los gastos que el Ayuntamiento sufragaba con ocasión de la celebración anual de la festividad de la Patrona, el 8 de diciembre; así como las súplicas elevadas al señor Obispo de Orihuela por distintos curas-párrocos en cuestión de ganar indulgencias aquellos que rezasen en fechas señaladas y ante la imagen de la Purísima, como Patrona que es de Catral y por ser la que recibe las mayores muestras de devoción y amor por parte de los/as catraleños/as.
            Tales prácticas catralenses de devoción sencilla, pero sincera y de fuerte arraigo, son las que se podrían resaltar en 1923, con motivo de la llegada a Catral de la imagen de la Purísima entronizada en una peana de ángeles. Previamente la imagen de la Patrona fue enviada, en tren y a expensas del cura-párroco D. Filiberto Aguirre, a la ciudad de Valencia  y a los talleres del escultor-imaginero Venancio Marco[87], para acoplar la imagen en una peana de ángeles con la que se pretendía ensalzar la figura de la Purísima.
            Una vez terminado el conjunto escultórico, éste llega a Catral en vísperas de la festividad de la Inmaculada del 8 de diciembre de aquel año de 1923. Todo el pueblo se sumó a la emotiva bienvenida que se le tributó a la Patrona, como muestra del más sincero amor que su pueblo le profesa. Tal es así, que el mismo día de la Purísima, de aquel año de 1923, el pueblo entero obsequió a la Virgen Purísima con una cadena y corazón de oro[88] en cuyo interior se alojó un documento que prueba la amorosa ofrenda de un pueblo agradecido como es Catral para con su Excelsa Madre la Purísima de la Ermita. Tal documento, firmado por los entonces Cura (Filiberto Aguirre) – Alcalde (Pascual Illán) y Juez (José Lucas), testimonia lo siguiente:
                        “¡Virgen de nuestros amores! ¡Reina, Madre y Señora!
            Si la Esposa del cantar de los cantares pide a su amado que le ponga como una señal sobre su corazón, siendo Tú la esposa amada de nuestras almas, te hacemos la misma súplica ¡Madre del amor hermoso! Que sea tu corazón ese relicario en donde estén grabados nuestros nombres.
            Y si nadie puede salvarse, si su nombre no está escrito en el Libro de la Vida, escribe nuestros nombres en tu corazón con caracteres tan indelebles  que, como dice la Sagrada Escritura “ne exidant de corde tuo cunctis diebus” porque tu corazón es el verdadero Libro de la Vida.
            Y ¿Quién te hace esta súplica?
            ¿Quién te hace esta plegaria?
            Son tus hijos, es este pueblo creyente que no tiene mayor blasón que llamarse pueblo de la Inmaculada; es esa muchedumbre que te aclamaba el día de tu entrada triunfal yendo a la cabeza su Clero, Autoridades y Congregaciones Religiosas; son todos los que recibieron las aguas bautismales en esta Parroquia; son todos los enamorados de tu Concepción Purísima, que han contribuido con su limosna al esplendor de este homenaje; son los que te dedican este corazón y collar de oro y pedrería; son esas almas incansables que tanto se desvelan para que no falte el culto que se merece tu Sagrada Imagen; son los hermanos de tu Santo Rosario que pregonan todos los días tus alabanzas por las calles y plazas de nuestro pueblo; son esos coros de jóvenes que con las armonías de sus cantos dan solemnidad y esplendor a tu culto; son todos tus hijos ausentes que sienten con todas las veras de su alma no contemplar la hermosura de tu rostro peregrino; son los enfermos que hoy lloran de alegría por lo que oyen hablar de Vos, y de pena por no tomar parte en esta solemnidad; son los atribulados; son los que gimen en la cárceles del Purgatorio; somos todos los desterrados hijos de Eva que dicen a su Madre: “Poneme ut signaculum super cor tuum”.
                                   Catral, día de la Inmaculada de 1923.”

            Pero si esto constituía, en aquel momento, la prueba máxima del amor que Catral profesa a la Purísima;      el 25 de julio de 1936, justo en los albores de la cruenta y fatídica Guerra Civil Española de 1936-1939, la ermita de la Purísima es pasto de las llamas y la imagen de la Patrona quemada junto al resto de Imágenes Sagradas de Catral[89]. Con ello, se pierde el más preciado tesoro de nuestro pueblo y constituye el acontecimiento más nefasto de la Historia Cristiana de esta población, cuyo devenir histórico-religioso estuvo jalonado de hitos y manifestaciones de fe sencilla y agradecida para con su Madre Purísima, quedando frustrado en aquel fatídico año de 1936.
No sólo fue nefasto para Catral sino para toda la sociedad española que se vio sumida en la sinrazón de una cruenta guerra civil, en la que familias enteras se enfrentaron y sembraron de luto los hogares españoles.     
            Pero, una vez acabada la Guerra Civil en 1939, la población se dispone a restablecer el orden político, social y religioso, y a conseguir la estabilidad emocional que mantenía antes de iniciarse la contienda. De este modo, y con respecto al orden religioso, los vecinos de Catral encargan a los escultores valencianos Rabasa y Royo[90] una réplica, según foto, de la desaparecida imagen de la Purísima, Patrona de los/as catralenses.
            Sagrada Imagen que, costando 7.500 pesetas, llegó a nuestro pueblo en 1940 y con Ella se instauran de nuevo los cultos a la Patrona y se abre una nueva etapa en la devoción catraleña a la Purísima de la Ermita.

            Reflexión artística e iconográfica de la imagen mariana.

            Una vez que la imagen de la Purísima es entronizada en la peana de ángeles queda configurada la definitiva iconografía de la Purísima de la Ermita de Catral. Pero, para poder descifrar su completo significado, hay que hacer un repaso al largo proceso de codificación plástica (artístico-figurativa) de la imagen mariana que expresa la esencia de la doctrina inmaculista.
            Por lo tanto, la sustitución de los textos apócrifos, tales como el Protoevangelio de Santiago, por la Biblia quedó reflejada en el arte desde finales de la Edad Media. De este modo, a comienzos del siglo XVI, las imágenes predilectas del siglo XV que hacían hincapié en la Concepción Inmaculada de María -tales como el ya mencionado “Abrazo entre Joaquín y Ana ante las Puertas Doradas del Templo de Salomón”- fueron abandonadas progresivamente y reemplazadas por otras en las que aparecía la Virgen sola y rodeada de sus atributos de pureza[91].
            Esta imagen, enteramente novedosa, se basaba en la creencia de que María fue creada en la mente del Creador antes de todos los tiempos; como bien se trató de defender desde antaño, sobre todo a partir de las consideraciones de san Francisco de Asís, y por ello se fundamentaba en el texto del Eclesiástico 24,9 (Me creó desde el principio y antes del mundo) en el que los teólogos han observado prefiguraciones de María y han considerado que es más acertado representar a María sola, sin la necesidad de que aparezcan sus santos padres, por haber sido creada en solitario, en la mente del Creador y antes de todo.
Además, esta imagen fue ampliada, a la hora de justificar la concepción sine macula de la Virgen, con las prefiguraciones marianas que san Bernardo observó en el Cantar de los Cantares, tales como el pasaje 4, 7: “Tota pulchra es, amica mea; et macula non est in te”.
            Con esta nueva formulación teológica de la Inmaculada Concepción -la denominada “Tota pulchra”- comenzaron las aproximaciones iconográficas al misterio inmaculista durante el siglo XV. Por ello observamos como en los años de 1450-1460 apareció en Alemania una xilografía -la denominada Ährenkleidjungfrau- que representaba a María de pie, sola (por haber sido la única criatura humana que, solamente Ella sola, fue concebida en la mente de Dios desde el principio), con las manos sobre el pecho en señal de oración y con el cabello suelto sobre los hombros. Pero a pesar de todo ello, esta composición no hacía referencia a la Inmaculada Concepción de María sino a su perpetua virginidad y ello se extrae del texto que le acompañaba.
            Unos años después, en 1484 y en la capilla de Notre Dame de la francesa Catedral de Cahors, aparecen unas Letanías alusivas a la pureza de María. Aunque, una vez más, no nos queda claro si aluden a la Inmaculada Concepción o a la perpetua virginidad mariana.
            La duda persiste en los años siguientes y en 1492 un lienzo del pintor veneciano Carlo Crivelli recoge la siguiente inscripción bajo la figura de María[92]: Ut in mente Dei ab initio concepta fui, ita et facta sum. Por lo tanto nos encontramos ante una de las aproximaciones gráficas más directas a la doctrina inmaculista. La cual hace referencia a que María ya existía en la mente del Creador desde el principio y ya era la elegida para ser Madre del Redentor, pero no deja claro el mensaje de que la Virgen fue preservada del Pecado Original desde el momento mismo de su concepción.
            Aproximación que llega a manifestarse de forma clara y evidente en el Retablo Mayor de la Iglesia del Cerro de Artajona en Navarra (España), cuando en 1497 se realiza la figura de una Virgen rodeada de símbolos místicos alusivos a su pureza espiritual y corporal. Del mismo modo como sucedió en Francia pero con una codificación más completa y más concreta en referencia al misterio inmaculista y extrayendo de los textos que acompañan a los símbolos la consideración más exacta de que María fue preservada de todo pecado, venial y mortal, en el momento de su Concepción Inmaculada; primeramente en la mente divina y luego en el seno de santa Ana.
            Con esto observamos como el tipo iconográfico de la Inmaculada se desarrolló en España de espaldas a Europa, por lo que aquí surgió un tipo mariano genuinamente peninsular, muy propio de la espiritualidad y la religiosidad vivida por estas tierras hispánicas desde la Antigüedad en relación a la doctrina inmaculista.
            Por lo tanto, podemos afirmar que este es el inicio de una paternidad española para el icono de la Inmaculada Concepción, que a pesar de ser una doctrina conocida y defendida por toda la Cristiandad, será España su más fiel seguidora y aquí nacerá un tipo mariano que se “exportará” al resto del Orbe Católico.
            Todo ello es posible puesto que en 1502 el ya conocido Convento de la Encarnación de la ciudad de Valencia publicó su Libro de Gozos, en el que se insertaba un grabado, en el que aparecía la figura de la Virgen María en el centro, sola, de pie, orando y rodeada de los símbolos del Cantar de los Cantares que ya san Bernardo atribuyó a María y que sor Isabel de Villena recogió en su obra “Vita Christi” de 1497. Esta imagen de la Purísima es similar a la del Cerro de Artajona pero se diferencia en que a la Purísima de la Encarnación le colocaron un sol inscrito en su vientre para aludir al misterio bajo el cual estaba colocado dicho Convento.
            Este grabado es el primero que difunde la nueva representación plástica del tipo iconográfico de la doctrina inmaculista y por lo tanto reafirma la paternidad española de la imagen gráfica de la Purísima, ya que en 1503 el Libro de Horas para uso de Ruán, impreso en París por Antoine Vérard difunde el mismo modelo iconográfico de la figura inmaculada de María que ya publicó el convento valenciano.
            Esta nueva visión o consideración plástica de la doctrina inmaculista se difundirá con rapidez y calará en el sentir religioso de la feligresía cristiana, tanto la española como la europea del momento. Por lo que observamos el impacto que esta imagen mariana tuvo que tener en la época, ya que el uso de los Libros de Horas, en la devoción personal de los cristianos, es fruto de la denominada devotio moderna, surgida a comienzos del siglo XVI y como reclamo a una vivencia de la fe más cercana, más catequética y doctrinal puesto que se hace uso de las lenguas vernáculas en detrimento del latín, con lo que el mensaje cristiano era más fácil de ser entendido por un mayor número de población y por los sectores de la clase media. Con todo ello, las imágenes que difundían los citados Libros eran el apoyo visual al mensaje teológico y eran la fuente gráfica que codificaban la idea y hacían perceptible el mensaje. Por lo tanto, los grabados de la Virgen rodeada por los atributos de su pureza abundaron en los manuales personales de los fieles y se convirtieron en el mayor foco de propaganda y asentamiento de la nueva doctrina inmaculista.
            De hecho, tras estas dos publicaciones surgieron otras que reafirmaban lo que en Valencia se codificó y mostraban una y otra vez el nuevo ideal de Purísima. Así tenemos en 1505 el Libro de Horas de la Virgen para el uso de Roma publicado en París por Thielman Kerver y el Libro de Horas de Simón Vostre editado en el mismo París en 1518.

            Con estas nuevas imágenes y con los distintos tratados y escritos de marcado carácter inmaculista que circularon por toda la Cristiandad, y que por supuesto harían su presencia en las tierras de la cuenca del Segura impregnando el hondo apego y la añeja devoción de los catralenses a la Purísima Concepción; nos encontramos con que la nobilísima virgen portuguesa santa Beatriz de Silva[93], fundadora de la Orden de la Purísima Concepción confirmada por el Papa Julio II[94] en 1511, tuvo unas visiones de la Virgen María en las que aparecía vestida con una túnica blanca -símbolo de su pureza inmaculada- y un manto azul -como alusión directísima a que María es creada en la mente de Dios, símbolo de su carácter celestial y divino-.
            Además, en el devenir histórico de la codificación inmaculista, nos encontramos con las descripciones que recoge Eusebio de Nieremberg (1595-1658) sobre las visiones de la Virgen que tuvo el jesuita valenciano Martín de Alberro[95]. Descripciones escritas en vida del jesuita y en las que se narra que “cierto día de 1556, hallándose el P. Alberro al pie de un naranjo existente en el Colegio de San Pablo de Valencia, fundado por los discípulos de San Ignacio, se le presentó la Virgen, de quien era muy devoto, y le pidió se la pintase en la misma forma de la aparición.”
            Este suceso conllevó la creación definitiva del icono de la Inmaculada Concepción de la mano del pintor valenciano Juan de Juanes[96], que recibió de su íntimo amigo y confesor espiritual el P. Alberro el encargo de realizar un cuadro de la Purísima tal cual la vio en su visión. El artista, después de muchos intentos, plasmó de la mejor manera posible el misterio inmaculista y nos dejó su sin par obra: La Purísima de la Compañía de Jesús[97].
            Esta obra se convirtió en el modelo a seguir para toda la Cristiandad, a la hora de manifestar gráficamente la doctrina de la Inmaculada Concepción, y pobló todo el panorama religioso levantino siendo el emblema de la nueva espiritualidad. Por esa misma razón, España se convirtió en la creadora y difusora de una nueva imagen de la Virgen, que además expresaba de una manera sutilísima la idea de la Inmaculada Concepción de María. Y todo, gracias a que el pintor valenciano Juan de Juanes recogió todo el bagaje literario referente al tema, tanto los tratados locales e internacionales como las recientes descripciones de la Virgen que dio Beatriz de Silva y las aplicaciones metafóricas de, la también valenciana, sor Isabel de Villena de su obra “Vita Christi”, para combinarlo con las visiones de su amigo y confesor el P. Alberro.
            De este modo, definitivamente nos encontramos, a la hora de representar la Inmaculada Concepción de la Virgen, con la presencia de María sola, sin la necesidad de que aparezcan sus padres para aludir a su concepción humana ya que es concebida en la Mente Divina; de pie; con las manos juntas sobre el pecho en señal de oración al Padre Creador; vestida con túnica blanca y manto azul, su pureza inmaculada es revestida por el estado celestial al ser la elegida de Dios; los cabellos sueltos sobre los hombros, como alusión a su perpetua juventud y perpetua virginidad; rodeada por los símbolos de su pureza, extraídos del Cantar de los Cantares y conocidos como las Letanías[98]; y coronada por 12 estrellas al tiempo que tiene la luna bajo sus pies, atributos extraídos del Apocalipsis de san Juan Evangelista y asignados a la Virgen por san Bernardo y el Concilio de Trento.

            Por lo tanto, visto lo sucedido en torno a la imagen mariana y sabiendo que la codificación del icono por el pintor valenciano se realizó en la década de 1550; tenemos que comprender que, cuando en Catral se funda el Santo Hospital bajo la advocación de Nuestra Señora de la Concepción en la década de 1530, ya se confeccionaría, en aquellos años, una imagen de la Purísima para le Ermita del Hospital, según el incipiente modelo pictórico valenciano, sustituido por una efigie de bulto redondo en pleno siglo XIX. Y de hecho, la imagen actual de la Purísima de la Ermita es fiel copia de la desaparecida en 1936, la cual seguía las directrices propias de la iconografía inmaculista impuestas definitivamente por el arte español del siglo XVI.

            Así pues, a la hora de entender y saber lo que quiere transmitir iconográficamente nuestra sin par y catraleña Purísima de la Ermita, nos encontramos con:
·         Un modelo de mujer joven que lleva los cabellos sueltos sobre los hombros, síntomas evidentes de su perpetua virginidad. Ya que la tradición judía exige que las mujeres casadas y madres cubran sus cabezas con un velo (como se observa en todas las vírgenes que llevan en sus brazos al niño Jesús), mientras que las chicas jóvenes y vírgenes han de llevar el cabello suelto para manifestar, a la comunidad, su estado de pureza corporal.
En definitiva, la juventud de la Virgen es el signo visible de su pureza.
Pero además, la perpetua virginidad de María viene prefigurada en diversos pasajes de las Sagradas Escrituras que serán cantadas en las Letanías[99], tales como:
-          Éxodo 12, 3 donde dice Yahvé a Moisés y Aarón que para la Pascua sacrificarán un cordero sin mancha original (“absque macula”). Este pasaje es tanto una prefiguración de Cristo como de María.
-          Jueces 6, 36-40 donde se prefigura que Ella fue fecundada como el vellocino de Gedeón mojado de rocío mientras todo el entorno permanecía seco.
-          Daniel 2, 34 cuando la piedra del sueño de Nabucodonosor se “desprendió, sin intervención de mano alguna”. La Virgen fue del mismo modo concebida en la mente del Creador.
-          Números 17, 16-26, la rama de Aarón, igual que el vientre de la Virgen, florecerá por sí misma.
-          Éxodo 7, 9, el cayado de Moisés se convierte espontáneamente en serpiente. El vientre de la Virgen recibe virginalmente a Dios encarnado de forma súbita.
-          Éxodo 16, 14 cuando el maná cae como lluvia, un don gratuito del cielo, al igual que la virginidad y maternidad de María.
-          Deuteronomio 9, 10, el dedo de Dios escribe las tablas de la Ley del mismo modo que realiza la Encarnación del Verbo en el seno de María.
-          Cantar de los Cantares 4, 12 “Huerto eres cerrado, hermana mía, esposa, huerto cerrado, fuente sellada”.
-          Ezequiel 44, 2, en esta visión del profeta se lee “Este pórtico permanecerá cerrado. No se le abrirá, y nadie pasará por él, porque por él ha pasado Yahvé, el Dios de Israel. Quedará, pues, cerrado.”
En relación a este pasaje nos encontramos con el himno compuesto por el juglar Rutebeuf en el siglo XIII y que dice lo siguiente:
“Igual que el sol entra y pasa a través de la ventana sin romperla, así fuiste tú virgo intacta cuando Dios, que bajó de los cielos, hizo de ti su madre y señora”.
-          Éxodo 16, 33 cuando se comenta que una vasija de oro preserva el maná de la corrupción (estado que refleja el puro e incorrupto vientre de María).
-          Del mismo modo, la Virgen es el libro “sellado y que no se podía leer” que Dios mostró a Isaías (Isaías 29, 12).
-          Protoevangelio de Santiago, fig. 2, cuando la mano seca de la comadrona Salomé da testimonio de la integridad física de María durante, antes y después del nacimiento de Jesús.
-          Cantar de los Cantares 4, 7 “Toda hermosa eres, amiga mía, y mancha no hay en ti”. Comentario que ya se ha descifrado su significado con anterioridad.
-          También son prefiguraciones de María las figuras bíblicas de la Zarza ardiendo de Moisés, que ardía sin consumirse (María es madre sin perder la virginidad); y Esther por salvar al pueblo judío del rey Asuero (María salva al pueblo cristiano por dar a luz al Redentor).

·         Los cabellos que porta la Virgen ya no son rubios, ya no hacen alusión a la naturaleza divina de María porque Ella nunca poseyó naturaleza tal, Ella siempre tiene condición humana paro mantiene la categoría de elegida de Dios.
Sus cabellos son ahora morenos, al igual que el color de sus ojos, porque se le aplican los pasajes del Cantar de los Cantares (1, 5) en los que la Sulamita (prefiguración de María) dice:
      “Negra soy, pero graciosa, hijas de Jerusalén”.

·         Su rostro expresa una ligera sonrisa porque María es una criatura del cielo, fue creada en la Mente Divina y elegida para ser Madre de Dios. Por lo tanto, su rostro manifiesta el gozo celestial transmitido a través de la suave sonrisa.
Aspecto que marca muy bien Dante[100] en su obra Paradisso I, 64; V, 4-6; XXIII, 46-48, cuando se refiere al gozo que produce contemplar la sonrisa de Beatriz (mujer que es prefigura de María).

·         Nuestra Virgen aparece sola y de pie, en el centro de una composición piramidal y tripartita (le acompañan dos ángeles adoradores), puesto que es considerada la “la cuarta persona, en solitario, de la Trinidad”[101].
Pero aparece sola, sin que otro ser humano le acompañe, puesto que con este estado se hace referencia a que fue creada ab aeterno en la mente del Creador, para ser receptáculo de la Encarnación, como bien nos dice el pasaje 24, 9 del bíblico Libro del Eclesiástico.

·         Mantiene las manos juntas sobre el pecho en señal de oración (este es el modo típico de orar las mujeres en la Baja Edad Media). Oración dirigida a Dios Padre que está en lo alto, por lo que su mirada se dirige al cielo en el momento que Ella es descendida a la tierra, desde la Mente Divina y a través de su Inmaculada Concepción (por ello, otras muchas Inmaculadas dirigen su mirada hacia abajo).

·         Sus plantas están pisando la serpiente que muerde la manzana, símbolos de la Caída de Adán y Eva. Por lo tanto, si en la Antigüedad la manzana representaba la inmortalidad y la serpiente era símbolo de la sabiduría, el género humano pierde la vida eterna cuando la sabia serpiente roba la manzana de la inmortalidad y se la da a conocer a Adán a través de Eva.
Una vez que María pisa la serpiente, ésta se convierte en símbolo del pecado y así lo observamos en el Génesis cuando Eva dice que la serpiente le dio de comer el fruto prohibido. A raíz de ello, surge la idea de una segunda Eva, a través de la cual el pecado de ésta es redimido por María, y ello se hace tangible en las palabras del Génesis (3, 15) cuando Dios Padre se dirige a la serpiente que acaba de engañar a Adán y Eva:
“Enemistad pondré entre ti y la mujer, y entre tu linaje y su linaje: ella te pisará la cabeza cuando tú le hieras en el talón”.
Con estas palabras se está anticipando la participación de la Virgen María en la Obra Redentora de Jesucristo.
Por lo tanto, nos encontramos con que María es la nueva Eva, la nueva mujer escogida por Dios que traerá la salvación del género humano una vez que Cristo se encarne en su seno[102].
Pero esta acción de María, la de pisar y aplastar al mal representado en la serpiente, también se manifiesta en el Salmo 90, 12 cuando se lee: “Te llevarán ellos (los ángeles) en sus manos, para que en piedra no tropiece tu pie; pisarás sobre el áspid (serpiente) y la víbora, hollarás al leoncillo y al dragón”.
Además, en el libro Macabeos I, 4, 36 y ss., se comprueba como el mismo Dios prepara a otra mujer, pura y sin mancha desde el principio, para ser receptáculo de la Encarnación por la cual vendrá la salvación eterna, ya que María está libre de toda culpa y de todo Pecado Original y no fallará a los designios divinos como sí lo hicieron los primeros padres Adán y Eva. Y todo ello prefigurado en esos pasajes de Macabeos cuando los fieles a la Ley deciden derribar el altar profanado y levantar otro con piedras nuevas sin labrar, como prescribía la Ley.
Eva es el altar profanado por el pecado y abocado a las consecuencias de la Caída, mientras que María es el nuevo altar por cual Cristo redimirá a la Humanidad.
Otra de estas prefiguraciones marianas del Antiguo Testamento es el pasaje 15, 23-25 del Éxodo, cuando María es vinculada a Marah, donde las aguas se volvieron amargas hasta que Moisés las hizo dulces, lo mismo que la Encarnación en el vientre de María disuelve la amargura de la Caída. Por lo tanto, la Madre de Dios es la nueva Eva, es la nueva Esperanza de la Salvación.

·         La Santísima Virgen va vestida según las indicaciones dadas por la santa portuguesa Beatriz de Silva según las visiones que tuvo de la Señora y también por las mismas apreciaciones del valenciano P. Martín de Alberro según su aparición. Hechos ocurridos entre los siglos XV y XVI.
Por lo tanto, porta una túnica blanca símbolo de su pureza corporal y espiritual. Una túnica blanca sembrada de flores, adorno que viene determinado plásticamente por las composiciones poéticas de san Efrén de Siria[103] cuando canta a la Creación con tintes primaverales en el momento de la Anunciación y aplicados a la Virgen[104]. De este modo se lee:
“. . . (vestida) con un vestido de flores y una túnica de lirios”
Al mismo tiempo se cubre con un manto azul, símbolo celestial y color aplicado desde los orígenes del Cristianismo a la Virgen, ya que es el color del cielo y María es una criatura humana escogida por la Divinidad para hacer presente en la tierra los gozos del cielo mediante la Encarnación.
María lleva el manto azul porque es reflejo de la luz, de la eternidad, del cielo y del mar, Ella es el inmenso gozo celestial que trae la Salvación del género humano.
Por lo tanto, su pureza virginal (blanco) está envuelta y protegida por el poder celestial (azul), siendo el único ser humano creado en la Mente Divina desde el principio y antes de todos los tiempos, cuando sólo existía el mundo celestial en el que habitaba Dios. Por ello desde el principio fue envuelta por el azul celestial.
Pero un detalle mínimo, presente en la vestidura de la Purísima y símbolo de su virginal pureza, es el cinturón que ciñe la túnica blanca, que a malas penas se aprecia pero que viene a reafirmar la castidad de la Virgen. Éste es el cinturón que, según los Apócrifos, María da a santo Tomás desde los cielos, cuando el santo Apóstol duda de que Ella haya sido asunta a los cielos en cuerpo y alma. Y se lo concede con la intención de que se mantenga puro y virgen toda su vida, por el hecho de que la virginidad aporta santidad por mantener la integridad física.
Además, la Purísima va ataviada como una novia, como la Nueva Jerusalén que desciende del Cielo a la Tierra para traer la Salvación del género humano, como bien la visionó san Juan en Patmos y la sintetizó en su Apocalipsis.

·         Los famosos Beatos, códices medievales que difundieron una explicación comentada del Apocalipsis escrito por san Juan en Patmos[105], fueron los primeros -quizás incitados por la patrística del siglo IV- en aplicar la figura de la Mujer Apocalíptica a María[106], con lo cual surgió el tipo de icono mariano denominada Amica sole, por las palabras del texto bíblico. Tras los Beatos, será el Concilio de Trento el que con mayor fuerza identifique a la Virgen con la figura de la Mujer apocalíptica. Del resto, el hecho de ser aceptada y concebida como prefigura de la Inmaculada Concepción, se encargará el arte europeo.
Por lo tanto, la primera imagen gráfica de la Mujer del Apocalipsis la tenemos en el español Beato de Liébana del siglo VIII, en el cual la Mujer-María aparece de distintas formas, con o sin el Hijo. Pero el tipo que más nos interesa es el que aparece la mujer sola, con los brazos abiertos y extendidos, sin el Hijo y con el disco solar sobre su vientre (ya que el pasaje dice que es una mujer con dolores de parto, es decir  apunto de dar a luz al Dios encarnado), además de seguir las indicaciones del texto bíblico de llevar la luna por pedestal, . . . Esta imagen nos interesa por ser muy parecida, en la actitud y las formas plásticas, a las orantes paleocristianas y a nuestra Virgen de la Encarnación. Virgen que es el anticipo, como ya vimos, de la Purísima catralense[107].
Pero sobre todo, en la imagen de la Inmaculada de Catral aparecen las 12 estrellas sobre su cabeza, como claro referente a lo que el Apocalipsis (Capítulo 12) predispuso:
“Una gran señal apareció en el cielo: una Mujer, vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con lo dolores del parto y con el tormento de dar a luz”.
Estas doce estrellas simbolizan, según la patrística, los 12 Apóstoles, que en definitiva representan a la Iglesia; ya que María es la imagen de la nueva Iglesia triunfante recogida en el Apocalipsis. Como bien comentaba san Pablo en su carta a los Efesios: la Iglesia-María es la novia de Cristo, una Iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni nada parecido (Efesios 5, 27) –referencia a la Concepción Inmaculada de María.
El número 12 también puede aludir a las Doce Tribus de Israel y a las doce veces que María es prefigurada en el Antiguo Testamente bajo el nombre de Mariám o a los doce ángeles servidores que ayudan a la mujer apocalíptica a huir del dragón maligno.
Pero sobre todo esas doce estrellas están inscritas en la aureola o halo de santidad, mediante el cual se ratifica la santificación de la persona de María por el Padre Eterno.
Además, el dragón del Apocalipsis fue convertido en serpiente para ratificar así que, al ser pisada por María, la salvación vino a través de la Virgen que acaba con el mal (el Demonio) simbolizado en la serpiente, que además muerde la manzana del Paraíso (el fruto prohibido).

·         La Purísima de la Ermita está acompañada por 7 Querubines[108] que hacen referencia a las 7 virtudes que María adoptó en el momento de la Anunciación[109].
Del mismo modo, el siete es el número teológico por excelencia y en relación a María, esos siete querubines pueden hacer referencia a las siete veces que la Virgen es nombrada María en los Evangelios, o a los siete pasos que Ella dio prematuramente a los seis meses, según nos narran los Apócrifos.[110]
Pero si los separamos y nos centramos en los que se disponen en la nube individual que sustenta la figura de la Virgen, nos encontramos con 5, los cuales hacen referencia a los cinco gozos que cantan los misterios del Santo Rosario[111].

·         La Purísima de la Ermita está flanqueada no por dos simples ángeles adoradores sino por los arcángeles san Gabriel y san Rafael, que le acompañan y protegen con el sutil gesto de extender sus alas y cruzarlas a su espalda.
Gesto que viene recogido en el Cantar de los Cantares (8, 3) cuando se narra: “Su izquierda está bajo mi cabeza y su diestra me abraza”. Esta prefiguración escriturística que simboliza el abrazo de Cristo a su amada Madre, materializado en nuestra imagen de la Purísima a través de las alas de los Arcángeles, recuerda el gesto de los emperadores romanos usado en la iconografía imperial para designar a sus servidores de confianza y compañeros.
En este caso, gracias a este sencillo gesto de las alas cruzadas envolviendo como en un abrazo a la Purísima, interpretamos que María es la escogida por Dios para realizar sus designios, es su más fiel compañera y la persona en la que tiene puesta su máxima confianza, puesto que en Ella confiará a la hora de iniciar la Obra de la Redención a través de la Encarnación. A lo cual, María no fallará y se entregará plenamente a la voluntad divina.
Estamos por tanto ante la imagen más sublime del abrazo de Dios a María, el abrazo celestial que reafirma la importancia de la Virgen y el abrazo amoroso entre el Creador y su obra, pero al mismo tiempo entre el Hijo y su Madre.

·         De este modo, el arcángel que flanquea a la Purísima por la derecha es el arcángel san Gabriel. Las razones que me llevan a opinar esto son muy evidentes y tangibles, ya que el símbolo iconográfico propio y característico de san Gabriel es la azucena (flor que entregó a María en el momento de la Anunciación para refirmar su estado de pureza ante los ojos de Dios), y esta es la flor que la figura celestial y alada (presente en nuestro conjunto escultórico) porta en su mano derecha. Mano que además está levantada y realizando el típico gesto retórico de alocución, expresión manual que viene a simbolizar la transmisión oral de un mensaje. Y Gabriel es el enviado divino para trasmitir el mensaje de la Buena Nueva de la Encarnación a la persona de María en el momento de la Anunciación.
Además, san Gabriel porta túnica encarnada y cabellos rubios como el sol, símbolos del nacimiento, símbolos de la Buena Nueva que anuncia y que se encarna en María para nacer al mundo y traer la salvación. Buena Nueva que es el mismo Dios que se hace hombre para ser presencia viva en la tierra.
Pero aun así, hay más detalles que me llevan a pensar que esta figura es el arcángel san Gabriel, ya que la Purísima porta pendientes. Joya recogida en el Cantar de los Cantares (1, 10. “En las orejas le pusieron unas arracadas de oro . . .”) y joya considerada prefigura de la Virgen por los estudios de muchos teólogos y eruditos eclesiásticos que han visto en este adorno la preparación de los oídos de María para la embajada que había de oír del arcángel san Gabriel.
Por lo tanto, nos encontramos aquí con la fusión más explícita y evidente de la simbiosis mariana que ha sufrido la devoción catralense a la Purísima, puesto que como observamos con anterioridad Encarnación e Inmaculada eran dos imágenes distintas que venían a ser el centro del culto inmaculista catralense de épocas pasadas.
Pero la función de san Gabriel no queda ahí, ya que al ser el Arcángel más activo y más vinculado con la Virgen, es Él el que porta los atributos de pureza de la Virgen, codificados por el arte español del siglo XVI y vinculados a la imagen de la Purísima como vimos con anterioridad. De este modo, observamos como Gabriel lleva el espejo, símbolo de la condición sine macula de la Madre de Dios y metáfora mariana tomada del bíblico Libro de la Sabiduría (7, 26), en el que la Sabiduría es descrita como el speculum sine macula, el inmaculado espejo de Dios. Espejo que es símbolo de la pureza de María, reflejo puro de Dios e ideal de santidad donde se mira el cristiano.
El otro atributo mariano, las azucenas, ya las hemos reseñado como atributo propio de San Gabriel pero que venían a simbolizar la pureza total de María; y por el hecho de llevar tres azucenas abiertas se hace alusión con ello a la pureza virginal de la Virgen en tres momentos clave en su vida: antes, durante y después del parto. 

·         El lado izquierdo está ocupado por el arcángel san Rafael, y está bien justificada su presencia junto a la Purísima ya que, cuando la imagen de la Virgen fue enviada a Valencia para ser entronizada en la peana de ángeles, la Purísima estaba ubicada en el Altar Mayor de la ermita del Santo Hospital de la Villa de Catral[112], y el Santo Patrono de la Medicina es el arcángel san Rafael[113]. Por lo tanto, motivos suficientes para que el escultor y los promotores de la causa decidieran colocar a san Rafael junto a la Purísima.
Pero considero que hay más motivos que justifican su presencia, y de hecho, san Rafael es considerado el Arcángel defensor, compañero y guía. Consideraciones que vienen a matizar y afianzar el culto a la Purísima en Catral, ya que san Rafael acompaña a María en actitud de adoración (tiene las manos juntas sobre el pecho y la cabeza inclinada como señal de respeto), defiende el misterio inmaculista y guía a los fieles catralenses a dar culto a María a través de su Inmaculada Concepción.
Son tres premisas catequéticas de la figura de Rafael que vienen a enfatizar el sentido iconográfico de la doctrina inmaculista, materializado en nuestra Purísima de la Ermita y ampliado con la presencia de san Gabriel, configurando una imagen global de la doctrina teológica inmaculista, que alecciona y evangeliza a los catraleños desde cualquier punto de vista.
Hay que comentar que al arcángel san Rafael le falta la  lacerna o capa de viaje adornada con las conchas de peregrino, pero mantiene su peculiar e iconográfico color verde de la túnica y los cabellos morenos por ser una figura celestial en continuo contacto con la Humanidad al estar en el mismo plano terrenal (por ejemplo, no tiene la función de san Miguel de luchar en las esferas celestiales contra Lucifer y poder, por ello, portar los cabellos rubios por permanecer en el plano celestial).

            Una vez descifrado el complejísimo programa iconográfico que envuelve a la imagen de la Purísima de la Ermita de Catral, podremos comprender el porqué de una serie de imágenes que le acompañan inscritas sobre aquellos elementos que manifiestan, en la calle, el fervor popular de los/as catralenses por su Excelsa Patrona, la Inmaculada Concepción.
            De este modo nos encontramos con el emblema del Avemaría en un frontal de las andas procesionales, emblema o anagrama que representa la unión de las iniciales del saludo angélico Ave María, y que se ha convertido en el símbolo por excelencia de la Virgen. Del mismo modo, en otro frontal se encuentra el Escudo de Catral para remarcar así el patrocinio que la Purísima ejerce sobre nuestro pueblo y el profundo amor y agradecimiento que le profesamos.
            En los laterales se han dispuesto dos símbolos marianos, extraídos del Cantar de los Cantares y conocidos gracias a las famosas Letanías. Ellos son:
-          El pozo de aguas vivas (Puteus aquarum viventium), donde los cristianos apagan su sed[114], encuentran la salud corporal y reconfortan su alma.
-          La palmera del desierto que, al igual que el cedro del Líbano, es exaltata, erguida como la columna de humo que se eleva hacia el Paraíso, hacia el Padre Dios (Cantar de los Cantares 3, 6).

Pero sobre todo, María es comparada, según cantan los versos de nuestra popular y solemne Salve Nueva[115], con el Arca de la Alianza, ya que la Virgen es la nueva Eva, el nuevo Altar de Dios y el Arca donde se guarda la Nueva Ley que es Jesucristo.
Todo ello lo podemos considerar porque la imagen de María como el Arca Sagrada surge en el Evangelio de Lucas (también recogido en el apócrifo Protoevangelio de Santiago), cuando el apóstol utiliza las palabras del anuncio de Gabriel a María “. . . el Altísima te cubrirá con su sombra . . .”. Así se describe el poder de Dios y la imagen ya fue recogida en el Libro del Éxodo cuando la nube que es el Espíritu de Dios cubre el Arca de la Alianza y “la gloria de Dios llenó el tabernáculo” (Éxodo 40,34). Del mismo modo, María es cubierta por el Espíritu de Dios y se opera en Ella el misterio de la Encarnación.
Pero esta prefiguración mariana en las Sagradas Escrituras ya se aprecia también en el Libro de Samuel cuando Dios sube a la ciudad de Judá y es ungido rey (2 Samuel 2, 1), del mismo modo que María subió a la ciudad de Judá a visitar a su prima Isabel, y del mismo modo es proclamada Madre del Señor, es ungida Madre del Rey salvador. Y ello se expresa con la palabras de Isabel “¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor?”, al tiempo que estas palabras recuerdan el canto de David cuando conducía el Arca de la Alianza a Jerusalén “¿Cómo voy a llevar a mi casa el Arca de mi Señor?”(2 Samuel 6,9).
Como observamos, hay una gran cantidad de textos bíblicos que prefiguran la figura de María y es evidente la presencia justificada de esas prefiguraciones en las letras de nuestros cantos de alabanza a la Madre de Dios. Por lo tanto, si el Arca permaneció por tres meses en la casa de Obedeón de Gat antes de ser llevada a la casa de David (2 Samuel 6, 11), María permanecerá tres meses en casa de su prima Isabel antes de ir a Jerusalén a presentar el fruto de su vientre santo nacido en Belén.
Pero aun así, si María es cantada y simbolizada como el Arca de la Nueva Alianza, y si al Arca fue acompañada por las doce tribus de Israel cuando la población salió de Egipto, del mismo modo nuestra Purísima de la Ermita es acompañada durante la procesión por doce jarras de plata (4 que sostienen el cuerpo de luces y 8 que se sitúan en las andas componiendo el adorno floral) que vienen a simbolizar tanto a la Iglesia (los 12 Apóstoles) como a las Doce Tribus comentadas. Además, las jarras simbolizan la virginidad de María, porque en ellas se colocan las rosas, lirios o azucenas que son la mejor expresión metafórica de su virginal pureza.
Ante todo, María, como elegida de Dios y vencedora del pecado, rezuma ambrosía y es cantada en nuestra Salve Nueva como “jazmín oloroso”[116], porque según el Cantar de los Cantares (3,6) María es la “. . . columna de humo sahumado de mirra y de incienso, de todo polvo de aromas exóticos . . .”. Pero también se prefigura en las Escrituras Sagradas que la Virgen se autoproclame  “. . . cual cinamomo y aspálato aromático he dado fragancia, cual mirra exquisita he dado buen olor, como gálbano y ónice y estacte, como nube de incienso en la Tienda . . .”.
Aunque sobre todo, María es considerada la Aurora que precede al Sol que es Cristo, como bien comenta el pasaje 6, 10 del Cantar de los Cantares: “¿Quién es esta que surge cual la Aurora, bella como la luna, refulgente como el sol?”. Y con esta consideración, Catral le ofrece los siguientes versos de la Salve de la Purísima[117]:
            Dios te salve aurora hermosa
            que das los rayos al sol,
los claros a la luna,
Purísima Concepción.[118]

            Como bien se observa, la ciudad de Sión[119] es considerada un símbolo de María, no sólo en esta Salve sino en los cantos populares catraleños, como el siguiente:
                        “Hija de Sión alégrate
                        porque el Señor hizo en ti maravillas”.

            Esta prefiguración de la Virgen como Sión es vista en el Salmo 86[120], cuando se le aclama como Madre de todos los pueblos, madre del género humano, esposa de Cristo y símbolo de la Iglesia. Consideraciones marianas vistas anteriormente.
            Además, en el Salmo 147[121] María es contemplada como un templo en el que Dios habita, un templo sin profanar como la virginidad de la Virgen, por lo tanto es símbolo de la Virgen Inmaculada.
                También en Isaías 16, 1 aparece una alusión a Sión, aunque su significado aquí es complejo y no se podría afirmar que es prefigura de la Virgen Purísima.
            Pero ante todo, la imagen de la Purísima de la Ermita es ungida por la Paloma del Espíritu Santo[122], que campea sobre la cabeza de María en el Camarín de la Ermita donde la Imagen Sagrada permanece la mayor parte del año. Con su presencia, el Espíritu de Dios protege a la Purísima, la unge como su elegida y la “cubre con su sombra” como en el momento de la Anunciación para operase en Ella el misterio de la Encarnación del Hijo de Dios[123].





[1] Sancho III “El Mayor” (h. 992-1035), Rey de Pamplona y Conde de Aragón (1000-1035). A su muerte y bajo testamento convirtió el Condado de Aragón (incorporado a Navarra en el 925 por Sancho I Garcés) en Reino independiente.

[2] Santo valenciano (1255-1300) que recibe el nombre de Pedro por encomendarse sus padres a san Pedro Nolasco tras largos años de esterilidad. Ingresó en la orden mercedaria y su labor se centró en la predicación por todo el suelo peninsular, siendo nombrado Obispo de Jaen hacia 1296, cargo que le traerá muchas problemáticas.

[3] La realeza y el clero hispánico consideraron la idea de que María no participó del Pecado Original, por lo que defendieron el misterio de la Inmaculada Concepción y lo manifestaron abiertamente desde el siglo XIII.

[4] Jaime II (1267-1327), Rey de Aragón desde 1291, era hijo de Pedro III y, a la muerte de su padre,  heredó la corona de Sicilia, que posteriormente cedió a la casa de Anjou. Casado por tres veces, su labor se centró en apoderarse de los territorios levantinos, así como del Reino de Mallorca.

[5] El 9 de mayo toma Callosa y el 11 del mismo mes se adueña de Orihuela.

[6] Torrellas es un municipio aragonés de unos 600 habitantes y emplazado en Zaragoza. En él se firmó esta conocida Sentencia entre Jaime II “El Justo” de Aragón y Fernando IV “El Emplazado” de Castilla.

[7] Para unos el Tratado se firmó el día 8 y para otros el 18 de agosto de 1304.

[8] SIERRAS ALONSO, M., (dir.), Iglesia de los Santos Juanes y notas históricas de Catral, Excmo. Ayuntamiento de Catral, Catral, 1999, pp. 5-7.
[9] Consideraciones vistas en apartados anteriores.
[10] Tratado cuya consideración tuvo el mismo valor que los Apócrifos.

[11] Justino “Mártir” nació en Flavia Neápolis, la antigua Siquén, en Palestina a principios del siglo II d.C., en el seno de una familia pagana. Se formó en el ambiente greco-helenístico y su conversión tuvo lugar, probablemente, en Éfeso.
                Defensor infatigable del Cristianismo, fue martirizado y decapitado entre el año 163 y el 167, junto a un grupo de compañeros cristianos.


[12] Marcelo de Ancira, fallecido en el 374, fue Obispo de Ancira (hoy Ankara, capital de Turquía). Se enfrentó con los arrianos en el Concilio de Nicea del año 325, y en el año 381 (unos 7 años después de su fallecimiento) fue declarado hereje en el Concilio de Constantinopla.

[13] Gregorio Nacianceno o de Nacianzo (329-389), Santo, Doctor de la Iglesia y Patriarca de Constantinopla, es autor de importantísimos discursos y poemas.

[14] Esta opinión es mantenida por los Dominicos y especialmente por, el también dominico, santo Tomás de Aquino.

[15] Andrés de Creta (ca. 660-740), Santo y Obispo, nació en Damasco, marchó a Jerusalén junto a su familia e ingresó en el monasterio del Santo Sepulcro. Por requerimiento de su Orden tuvo que marchar a Constantinopla donde decidió instalarse. Fue ante todo un gran predicador, un gran escritor y un gran restaurador de edificios sagrados.

[16] Pasaje ya comentado y, siendo esta ilustración del emperador Basilio, la primera representación figurada -artística- de la doctrina inmaculista.

[17] “Libro del Eclesiástico” es un escrito del Antiguo Testamento. Compuesto en hebreo por Yeshúa ben Elazar ben Sirá, entre los siglos III y II a.C.

[18] Muerto en 1124.

[19] Anselmo de Canterbury (1033-1109), Santo, Teólogo benedictino y Arzobispo de Canterbury, cantó a la Virgen en grandiosos y majestuosos versos.

[20] Fallecido en 1124.

[21] Muerto hacia 1127.

[22] WARNER, M., Tú sola entre las mujeres, Taurus-Humanidades, Madrid, 1991, página 314.

[23] San Bernardo de Claraval, nacido en 1091 y fallecido en 1153, fue fundador y abad de la Orden del Cister. Orden que adoptó el hábito blanco como seña de identidad y como símbolo de la pureza de María bajo cuyo patronazgo estaba colocada.

[24] El Cantar de los Cantares es atribuido al rey Salomón y, según los especialistas, data de la segunda mitad del siglo V a.C.

[25] Ciudad francesa y capital de la región Ródano-Alpes. Importante centro cultural, industrial y comercial desde época medieval.

[26] Orden enfrentada a los Franciscanos, fundada por santo Domingo de Guzmán en 1215 y diligente de la Inquisición en casi todos los países. En España fue suprimida en el periodo de la desamortización (1835-1837) y restaurada unos años después.

[27] San Agustín (354-430) es uno de los grandes precursores de la patrística latina, uno de los mayores eruditos del Cristianismo. En su obra “Ciudad de Dios”(413-426) expone una teología de la historia, contraponiendo la ciudad de Dios y la ciudad de los hombres, en esta dualidad manifestó sus planteamientos de la concepción de María.

[28] Francisco de Asís (h. 1182-1226) fue el santo fundador de la Orden Franciscana. Hacia 1209 comenzó a tener discípulos y en 1210 el Papa Inocencio III aprobó las reglas de la Orden. Su ideal era: Pureza total
                   Pobreza total
                   Alegría total en la paz.

[29] Las palabras del Eclesiástico 24,9 Ab initio et ante scecula (sic) creata sum (Me creó desde el principio y antes del mundo), se han interpretado como una prefiguración de María, por lo tanto la Virgen fue creada en la mente del Creador y antes de todos los tiempos.

[30] Extraído del Cantar de los Cantares 4, 7:
                “Tota pulchra es, amica mea, et macula non est in te” (Toda hermosa eres, amiga mía, y mancha no hay en ti).

[31] John Duns Escoto (1266-1308) filósofo y teólogo escocés, fue seguidor de la tradición agustiniana incorporando características aristotélicas y elementos de Avicena y Avicebrón, por lo que configuró su propia concepción filosófica cristiana.

[32] Ramón Llull (h.1235-h.1315), filósofo, místico y literato catalán nacido en Mallorca. Abandonó a su familia (era casado y padre de dos hijos) para ingresar en la Orden Franciscana y dedicarse al estudio de la teología y la filosofía. Fue apodado Doctor de la Inmaculada.
[33] Futuro Pedro IV “El Ceremonioso”, nacido en 1319 y fallecido en 1387, Rey de la Corona de Aragón desde 1336 hasta su muerte. Su política más destacada se centró en reagrupar todos aquellos territorios que pertenecieron a la Corona aragonesa.

[34] San Vicente Ferrer, valenciano nacido hacia 1350 y fallecido en 1419, ingresó en la Orden de los Dominicos en 1367, elegido por el Papa Benedicto XIII como su confesor en 1397. Además de recorrer gran parte de Europa, asistió al Concilio de Constanza en el año 1415 para poner fin al Cisma que sufría la Iglesia de Occidente.
                Hombre con grandes dotes de persuasión y único santo considerado como tal en vida.

[35] Ciudad alemana en la que se desarrolló, entre 1414 y 1418, el Concilio que trató de frenar el problemático Cisma que asolaba la cristiandad occidental. De hecho en dicho Concilio se destituyó a los tres Papas (Gregorio XII, Benedicto XIII -Pedro de Luna- y Juan XIII que se arrogaban la suprema jerarquía de la Iglesia Católica) y se eligió como único y nuevo Papa a Martín V.

[36] En este Concilio, Jean Gerson, Canciller de París, quiso institucionalizar la fiesta de San José e implícitamente oficializar la de la Inmaculada (WARNER, M., Tú sola entre las mujeres, Taurus-Humanidades, Madrid, 1991, p. 317).

[37] Ciudad del NO de Suiza en la que se han firmado importantes tratados de paz, como la conocida Paz de Basilea del año 1795, firmada entre Francia, Prusia y España.

[38] Félix V (Amadeo de Saboya), Duque de Saboya, Decano de los Caballeros de Ripaille, último Antipapa (1439-1449), renunció voluntariamente al Papado y por ello recibió la dignidad cardenalicia y privilegios espirituales en Saboya.  
[39] Sixto IV o Francesco della Rovere (1414-1484), Pontífice Romano de 1471 a 1484.

[40] Eran sólo recomendatorias, ya que el Papa escribe: “la Sede Apostólica y la Iglesia aún no se han pronunciado sobre esta materia”. Estas constituciones fueron renovadas por los papas Julio II, León X, Pío IV y Sixto V.

[41] Sor Isabel de Villena, abadesa del convento de la Trinidad de Valencia (1463-1490), desarrolló una ingente labor de reforma constructiva del convento y sus escritos ejercieron una gran influencia en el mundo académico del momento.

[42] Convento de monjas de clausura situado a extramuros de la ciudad medieval de Valencia (hoy día ya no mantiene esa situación fronteriza puesto que la ciudad ha crecido desmesuradamente), fundado en el siglo XV y reformado en el XVIII.

[43] Juana I, llamada Juana la Loca (1479-1555), Reina de Castilla desde 1504 hasta 1555, hija de los Reyes Católicos, casada con el archiduque de Austria, Felipe “El Hermoso”. Madre de Carlos I de España y V de Alemania, fue la heredera del trono hispano a la muerte de su madre, pero por sus problemas mentales ostentó la regencia su padre, hasta que su hijo Carlos fuera mayor de edad y pudiera hacerse cargo de la corona castellano-aragonesa.

[44] Francisco Jiménez de Cisneros (1436-1517), eclesiástico y político español, confesor de Isabel “La Católica” y Arzobispo de Toledo. Llevó a cabo una enérgica obra de gobierno cuando fue llamado a la regencia de Castilla y a la posterior regencia de España cuando los Reyes Católico murieron y sus herederos no se encontraban en condiciones de gobernar políticamente los reinos castellano-aragoneses.

[45] STRATTON, S., La Inmaculada Concepción en el Arte Español, Tomo I, Nº 2, Madrid, 1988, p. 31.
[46] Defensa universitaria del misterio inmaculista que la Universidad de Toledo juró en 1507 (siendo juntamente con la de Valencia las dos primeras en España) y en 1340 las universidades de París, Oxford y Cambridge, mientras que la Sorbona lo hacía en 1496.

[47] Carlos I de España y V de Alemania (1500-1558) ostentó los títulos de: Príncipe de los Países Bajos (1506-1555), Rey de España (1517-1556) y Emperador de Alemania (1519-1556).
                Hijo de Juana “La Loca” y Felipe “El Hermoso”. Por herencia de los abuelos paternos Maximiliano y María heredó las posesiones de los Habsburgo (Austria y otros territorios centroeuropeos) y Borgoña; de los abuelos maternos Isabel y Fernando obtuvo los dominios españoles peninsulares y sudamericanos, además de las Indias Occidentales en el Pacífico.
                Por su basto territorio, todo su reinado estuvo marcado por una ingente labor política de control y una ansiada unificación religiosa.
Tal era su honda devoción a María que llevaba una efigie de la Virgen en la misma armadura.

[48] Intenciones similares a las que desarrolló el monarca visigodo Leovigildo en pleno siglo VI d.C.

[49] Tal era su honda devoción a María que llevaba una efigie de la Virgen en la misma armadura.

[50] Actualmente sólo perdura la ermita que es denominada Ermita de la Purísima, porque en ella se venera a la Purísima de la Ermita, Patrona de Catral.

[51] MONTESINOS, J., “Fundación de la Muy Ilustre y Real Villa de Catral...”, Compendio Histórico-Oriolano. Orihuela, 1794.

      AHO. Protocolo Notarial 188, sf.  

[52] SOLER, J.M., Historia de Villena desde la Prehistoria hasta el siglo XVIII, Ayuntamiento de Villena, Villena, 2006, pág. 265.

[53] Trento es una ciudad italiana situada a orillas del Adigio, capital de la provincia homónima y de la región Trentino-Alto Adigio.
                El Concilio Ecuménico de la Iglesia celebrado en esta ciudad fue reunido por el Papa Paulo III, a expensas del monarca español Carlos I, continuado por Julio III y Pío IV, y cuyo objetivo se centró en organizar las fuerzas ideológicas y políticas de la Contrarreforma.
Antes de producirse este Concilio, en 1534 la defensa franciscana de la Inmaculada Concepción gana para su causa poderosos aliados intelectuales cuando se funda la Orden Jesuita. Orden fundada por San Ignacio de Loyola en 1534 y aprobada canónicamente en 1540 por el Papa Paulo III.

[54] La Reforma Protestante es una revolución religiosa, con derivaciones políticas, económicas, morales y sociales, surgida a principios del siglo XVI por disidentes de la Iglesia Católica, críticos de la corrupción existente en los altos cargos de la institución eclesiástica.
                Martín Lutero (1483-1546), alemán, sacerdote y miembro de los agustinos, fue el mayor representante de esta corriente reformadora.

[55] San Pascual Bailón (1540-1592), santo franciscano nacido en Torrehermosa -Zaragoza- y fallecido en Villarreal de los Infantes -Castellón-. Su familia era de condición humilde, por lo que cuando Pascual decidió trasladarse al Reino de Valencia, concretamente al Convento de Franciscanos Reformados Alcantarinos de la localidad de Monforte, lo hizo en condición de pastor humilde y amante de la pobreza en caridad.
                Fue un gran Santo y Místico, además, su devoción a la Eucaristía le valió el título de “Serafín de la Eucaristía” y el ser nombrado Patrono de los Congresos Eucarísticos.

[56] En la quinta sesión del Concilio de Trento, celebrada en 1546, se dice:
“Este mismo Santo Sínodo declara sin embargo que no es su intención incluir en este decreto, en el que se trata del pecado original, a la bendita e Inmaculada Virgen María, Madre de Dios  . . .”

       Del mismo modo, en la sexto sesión celebrada en 1547 sobre la Justificación, y en el Canon 23, se puede leer:
“si alguno dijera que un hombre una vez justificado no puede pecar más, ni perder la gracia y que por ello el caído y pecador no fue nunca realmente justificado; o, por otra parte, que alguien sea capaz durante toda su vida de evitar todos los pecados, aun los veniales, excepto por un privilegio especial de Dios, como mantiene la Iglesia en relación a la bendita Virgen; sea anatema . . .”

        Todo viene recogido en la obra de Marina Warner “Tú sola entre las mujeres”, página 320.

[57] Pío IV o Gian Angelo de Médicis (1499-1565), sobrino de san Carlos Borromeo y Papa desde 1559 hasta 1563.

[58] Felipe II (11527-1598), Rey de España desde 1556 hasta 1598, nacido en Valladolid e hijo de Carlos I de España y V de Alemania y de Isabel de Portugal.
                Casado cuatro veces, ostentó el mayor Imperio jamás conocido -él mismo decía que en sus dominios nunca se ponía el sol- y todo gracias a las posesiones que heredó de su padre y a los dominios que se anexionó mediante estrategias políticas.
                Decidió construir el Monasterio de San Lorenzo de El Escorial como paladín del catolicismo, ya que trató de acabar con las agitaciones protestantes de Europa y con el peligro turco del Mediterráneo. 

[59] A pesar de ello, lo que sí hizo fue colocar en el claustro inferior del monasterio de El Escorial un lienzo en el que se representaba el Abrazo en la Puerta Dorada entre san Joaquín y santa Ana, siendo el único ejemplo de la doctrina inmaculista.

[60] Pablo IV (Juan Pedro Caraffa), napolitano de fe indomable y partidario de la Reforma de la Iglesia, ocupó la Sede Papal de 1555 a 1559.
 
[61] Por estas fechas se destaca la presencia del jesuita español Francisco Suarez (m. 1617), que es considerado el primer teólogo sistemático de la Virgen y un defensor a ultranza de la doctrina inmaculista.

[62] Felipe III (1578-1621), Rey de España de 1598 a 1621. Hijo de Felipe II y Ana de Austria, tuvo un reinado marcado por el nepotismo -política por la cual los parientes más cercanos ostentan cargos públicos sin estar preparados para ello-, los escándalos financieros, la inflación monetaria y la bancarrota, acompañado por la drástica expulsión definitiva de los moriscos con la que se despobló gran parte del país en 1609.

[63] Junta organizada en dos ocasiones más, en 1617 y en 1618.

[64] El cardenal Alejandro Ludovisi, Arzobispo de Bolonia, fue nombrado Papa en 1621 y adoptó el nombre de Gregorio XV. Era entonces un anciano enfermizo, nacido en el seno de una familia aristócrata bolonesa, educado en los jesuitas y adicto a las órdenes religiosa, que ocupó poco tiempo la Silla Papal ya que murió en 1623.

[65] Felipe IV (1605-1665), Rey de España entre 1621 y 1665. Hijo y sucesor de Felipe III, heredó el trono español a la temprana edad de 16 años por lo que confirió el gobierno del país al Conde-Duque de Olivares.

[66] Sor María Jesús de Ágreda (m. 1665), priora del convento franciscano de la Inmaculada Concepción de Ágreda -Soria-, era una defensora a ultranza del misterio y una escritora mariana de marcado carácter inmaculista. A pesar de escribir una biografía de la Virgen, en su famosa obra “La Mística Ciudad de Dios” se lee:
“Y conociendo a esta Santísima y Purísima criatura formada e ideada en la mente divina desde ab initio y antes que todos los siglos, es decir, nació sin pecado original ya que estaba en la mente de Dios antes de que existiera el mundo.”

[67] Inocencio X (Gianbattista Pamfili, 1574-1655), Papa romano desde 1644 hasta 1655 destaca por condenar las cinco proposiciones de Jansenio (Bula cum occasione, 1653).

[68] En 1648 los Dominicos de la Inquisición italiana prohibieron el enunciado de la Inmaculada Concepción en libros y grabados, y el uso de tales palabras para referirse a María. Ante tal afrenta a la Virgen el monarca Felipe IV protestó oficialmente frente al Papado, obligando a Inocencio X a anular la decisión de los Inquisidores y, como  las disputas no concluían, en años venideros Alejandro VII se verá obligado a decretar un Breve para acabar con la problemática.
                A causa de los desagravios cometidos por los dominicos, las Órdenes Militares españolas juraron defender la doctrina inmaculista en pleno siglo XVII.

[69] PEDRAZA, P., Barroco efímero en Valencia, Ayuntamiento de Valencia, Valencia, 1982, p. 45

[70] El cardenal Maffeo Barberini fue Nuncio en París y Papa bajo el nombre de Urbano VIII desde 1623 hasta 1644. Pertenecía a una de las más antiguas e ilustres familias de Florencia y, además de gran escritor y literato, tuvo una gran afición por las letras clásicas.

[71] Alejandro VII (Fabio Chigi), Papa desde 1655 hasta 1667. Fue Nuncio en Colonia y Secretario de Estado del Papa Inocencio X. Tuvo una merecida reputación por su rectitud, flexibilidad e intrepidez, además de su refinado gusto por las artes y las letras.

[72] ESCALERA PÉREZ, R., La imagen de la sociedad barroca andaluza, Universidad de Málaga, Málaga, 1994, p. 359.
[73] Las relaciones entre Felipe IV y Alejandro VII no eran muy afables, ya que el Papa había sido excluido de las negociaciones de la Paz de los Pirineos y al monarca español no le agradaba la Nunciatura de Camilo Massini, a quien el Papa apoyaba.

[74] Luis Crespí de Borja era miembro de la familia Crespí de Valldaura, hermano del Obispo de Vich y del Vicanciller del Reino de Aragón. Además, era catedrático de teología escolástica en la Universidad de Valencia. En el año 1651 es elegido Obispo de Orihuela y en 1658 toma posesión de la Sede Obispal de Plasencia.

[75] Destacadísimas son las fiestas que, en honor a la Purísima y como celebración del Decreto, organizó la ciudad de Valencia a principios de 1662.
[76] A.P.C., Libro de Determinaciones de Parroquia I, s.f.

[77] El cardenal Juan Francisco Albani fue nombrado Papa con el nombre de Clemente XI en el año de 1700, justo en el momento en el que nace el Siglo de las Luces. Hombre de vasta cultura, amante de las artes y de gran calidad política, se mantuvo en el papado hasta su muerte en 1721. 

[78] Tras la muerte del monarca Carlos II en 1700, el trono español quedó abocado a una seria disputa en materia de sucesión, ya que dos casas reales europeas se lo disputaban al carecer el monarca fallecido de heredero directo.
                Por lo tanto se inicia la llamada Guerra de Sucesión entre el archiduque Carlos de Austria y el borbón Felipe de Anjou. Finalmente será Felipe quién ostente el título de Rey de España como Felipe V, gracias a su victoria sobre Carlos de Austria y a que el Rey fallecido lo eligió como su sucesor poco antes de morir en 1700.

[79] Obispo de la Diócesis de Orihuela entre 1767 y 1790.

[80] GUIRAU, P., Patrimonio histórico, Castrum Altum, Nº 1, Ayuntamiento de Catral, Catral, 2001, p.12:
                “En 1741… Catral fue declarada Villa Real por Felipe V. El crecimiento poblacional y económico del lugar realengo de Catral pudo desembocar, finalmente, en la adquisición de este título. (…)
                El coste económico de dicha segregación -de la ciudad de Orihuela- fue elevado para los 152 vecinos de Catral -que pagaron 12.499libras-.”
                Este primer Ayuntamiento estuvo compuesto por:
                               Alcalde primero – Antonio Sirvent
                               Regidor decano – Pedro Casanova
                               Regidor segundo – Juan Roca
                               Regidor tercero – Salvador Guilló
                               Síndico Procurador General – Juan Casains

[81] Archivo personal de D. Manuel Sierras Alonso.

[82] Clemente XIII. El Cardenal Carlos Rezzonico, Obispo de Padua y nacido en 1693, fue nombrado Papa bajo el título de Clemente XIII en 1758 y ostentó el solio papal hasta su muerte en 1769. Destaca por ser un sabio teólogo y un gran canonista.

[83] Carlos III (1716-1788) Rey de España desde 1759. Su política contra los privilegios le enfrentó a la nobleza y al clero. Suprimió la Orden de los Jesuitas y la enseñanza pasó a tener carácter laico.
                Otra de sus labores fue entregar a los campesinos las tierras muertas, tales como las dedicadas a uso exclusivo de los nobles para la caza, por lo que desarrolló una intensa lucha contra el latifundio.
                En 1771, Carlos III, funda la Orden que lleva su nombre y que consiste en una alta distinción nobiliaria, caracterizada por ser representada mediante una gran cruz en cuyo centro se inscribe un medallón con la imagen de la Purísima. Además, la cruz pende de un lazo azul y blanco por ser los colores simbólicos de la Inmaculada Concepción de María.
                Esta Cruz de Carlos III aparece representada, de forma sutil, en el ático del Retablo Mayor de la Ermita de la Purísima, dejando constancia del vínculo que unió al monarca español con la doctrina inmaculista.

[84] Así hemos visto como la comarca oriolana se ampara bajo el patrocinio de la Inmaculada desde muy antiguo, y la propia Virgen del Cabildo de la Catedral oriolana es una Inmaculada Concepción.
Del mismo modo, en la Catedral de Valencia la Capilla de la Comunión esta dedicada a la Purísima; y en la Catedral de Murcia la Capilla del Trascoro -Altar del Pueblo- está colocado bajo el patrocinio de la Inmaculada, desde que en las primeras décadas del 1600 el Obispo Trejo la instituyera en la Catedral, por haber sido embajador de Felipe III ante el Papa Pablo V en materia inmaculista.

[85] Pío IX (Giovanni María Mastai Ferreti, 1792-1878) Papa desde 1846 hasta 1876, condenó el liberalismo, el radicalismo y el socialismo, además convocó el primer Concilio Vaticano y proclamó como Dogma en 1870 (6 años después de proclamar el dogma de la Inmaculada) la infalibilidad del Papa.

[86] Dos acontecimientos marcarán el antes y el después de la definición dogmática de la Inmaculada Concepción. Uno de ellos son las visiones que de la Virgen tuvo hacia 1830 la francesa santa Catherine Labouré, que decidió institucionalizar la congregación de la Medalla Milagrosa en la que la Virgen aparecía representada al modo de las Inmaculadas, por lo que esta visión ayudo y potenció ampliamente la definición dogmática.
El otro acontecimiento fueron las visiones que, la también francesa, santa Bernadette tuvo de la Virgen en la ciudad de Lourdes hacia 1858, cuatro años después de proclamarse el Dogma de la Inmaculada y es considerado el acontecimiento que reafirmó tal proclamación Papal, ya que en la fiesta de la Anunciación de aquel año de 1858, la visión contestó a la pregunta insistente de Bernadette con las siguientes palabras en dialecto: “Que soy era Inmaculata Conception” (Como vemos, se une así la fiesta de la Anunciación con la de la Inmaculada, aspectos comentados con anterioridad para el caso catralense).
[87] Venancio Marco Roig, escultor e imaginero nacido en Yecla (Murcia) en 1871. Se trasladó a Valencia en 1889 donde ingresó en la Academia de Bellas Artes de San Carlos. Tuvo un dominio magistral de todas las artes, lo que le consagró como el mejor escultor del panorama valenciano del momento. Además, participó en importantes concursos así como en diversas Exposiciones Nacionales.
                Probablemente moriría durante la Guerra Civil de 1936-1939 y continuaría al mando del taller familiar su hijo Venancio Marco G.

[88] Ofrecer un corazón es un gesto simbólico por el cual se quiere manifestar el profundo amor que siente el oferente para con la persona a quien va dirigida la ofrenda. Además, si el material es el oro, la riqueza material de la joya se convierte en digno presente para la divinidad –en este caso la Virgen María- y sirve de enlace entre lo terreno y lo celestial; siendo la joya símbolo de ofrenda y protección, y que mejor que expresarlo con un simbólico corazón.
                Catral manifestó su amor a la Purísima materializado en este singular Corazón de oro, joya que luce todos los años durante el Novenario y la festividad de la Inmaculada.
[89] El 20 de abril de 1936 (tres meses antes del inicio de la Guerra Civil), día de San Vicente Ferrer (Patrono de la Diócesis de Orihuela), el Templo Parroquial es incendiado. A pesar del incendio, muchas de las Imágenes Sagradas son salvadas de las llamas y custodiadas en casas particulares, hasta que en julio/agosto del mismo año son requisadas y quemadas junto a la imagen de la Patrona.

[90] José Rabasa y Antonio Royo, abrieron taller de escultores-imagineros en la calle Trinitarios nº 4 de la ciudad de Valencia al término de la Guerra Civil.

[91] La representación de la Inmaculada Concepción mediante el pasaje del Abrazo entre Joaquín y Ana es definitivamente prohibido en 1677 por el Papa Inocencio XI.
[92] La Virgen aparece orando al Dios que la ha creado, del mismo modo que las orantes paleocristianas.
[93] Santa Beatriz de Silva (ca. 1424-1491), hija del gobernador portugués de Ceuta, don Ruy Gómez de Silva y de doña Isabel de Meneses, nació en la misma ciudad de Ceuta, de la cual marcharía muy pronto. El espíritu franciscano marcará la vida de la familia, por lo que la joven Beatriz decidirá ingresar -como laica- en una orden monástica, ya que la vida en la corte castellana no le llenaba espiritualmente -fue escogida dama de la corte por la princesa Isabel de Portugal cuando casó con Juan II-.
                Durante su estancia en Toledo tuvo unas visiones de la Virgen en 1491, poco antes de morir, por lo que decidió tomar los hábitos; imponiendo que éstos fueran de color azul y blanco, del mismo modo que la vestimenta que llevaba la Señora durante las apariciones.

[94] Julio II (Julián della Rovere) Papa desde 1503 hasta 1513. Sobrino del Papa Sixto IV y conocido como el “Papa de la guerra”, ya que entabló grandes hostilidades con las naciones europeas puesto que pretendía que el Papa fuera el amo del mundo y así poder garantizar la obra de la Contrarreforma.

[95] Nacido en 1526 y fallecido hacia 1596.

[96] Pintor valenciano nacido en La Font de la Figuera hacia 1510 y fallecido en 1579. Sus cánones estéticos marcan el renacimiento valenciano influenciado tanto de su padre Vicente Macip como de los artistas europeos afincados en Valencia.
                El equilibrio de las composiciones, la suavidad de la traza pictórica y el rico cromatismo de sus obras son las mejores muestras de su gran calidad artística.

[97] Esta es la versión inmaculista más popular y famosa de la advocación en tierras valencianas, además de constituir la obra mejor acabada artísticamente y donde mejor se plasma la factura del pincel del pintor Juan de Juanes.
                Obra realizada hacia 1556 para la Iglesia de la Compañía de Jesús de Valencia y como consecuencia de las visiones del P. Alberro. Por ello su importancia reside en que tiene valor de icono sagrado.

[98] Las Letanías son alabanzas a María que aumentaron en número con el tiempo, pasando de las 18 que describe sor Isabel de Villena en 1497 en su obra “Vita Christi” a las más de cien que se contabilizaron en una Letanía publicada en Toledo en 1590 (quizás influida por las que se codificaron formalmente en la ciudad italiana de Loreto hacia 1576, ya que la tradición comenta que fue a esta ciudad donde los ángeles portaron la casa donde María vivió en Nazaret y donde tuvo lugar la Anunciación, para preservarla así del ataque musulmán).
[99] Según ellas a María se la nombra como:
                Torre de David (Cantar de los Cantares 4,4).
                Oliva vistosa (Eccles. 24,19).
                Ciudad de Dios (Salmo 84,3).
                Como lirio entre espinas (Cantar de los Cantares 2,2).
[100] Dante Alighieri (1265-1321), poeta italiano nacido en Florencia y uno de los más importantes de la literatura universal.

[101] La catraleña Salve Nueva canta:
                Salve, que tú sola eres
                de la Trinidad Suprema,
                elegida para ser
                Madre de Dios y doncella.
[102] Tal es así, que el saludo angélico -Ave- da la vuelta nítidamente a la maldición contraída por Eva.
[103] San Efrén de Siria (ca. 306-373), diácono, Doctor de la Iglesia y un gran escritor exegético.
                Podemos destacar dos de su grandes obras:
-          “Interpretación del Génesis”
-          “Explicación del Éxodo”

[104] Nos encontramos aquí, otra vez, con la fusión de dos consideraciones teológicas: la Encarnación y la Inmaculada Concepción de María. Motivos que ya hemos visto con anterioridad.

[105] Los versos de la Salve de la Purísima cantan lo siguiente:
                San Juan, en su Apocalipsis
                pudo ver de su visión,
                que antes de nacer ya fuiste
                Purísima Concepción.

[106] Capítulo 12 del Apocalipsis, escrito por el Apóstol y Evangelista Juan en la ciudad de Patmos:
                “Una gran señal apareció en el cielo: una mujer vestida de sol, con la luna bajo sus pies, y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; está encinta, y grita con los dolores del parto y con el tormento de dar a luz. Apareció otra señal en el cielo: una gran Serpiente roja (o Dragón rojo), con siete cabezas y diez cuernos, y sobre su cabeza siete diademas. Su cola arrastra la tercera parte de las estrellas del cielo y las precipitó sobre la tierra. La serpiente se detuvo delante de la Mujer que iba a dar a luz, para devorar a su Hijo en cuanto le diera a luz. La Mujer dio a luz un Hijo varón, el que ha de regir a todas las naciones con cetro de hierro; y su Hijo fue arrebatado hasta Dios y hasta su trono. La Mujer huyó al desierto, donde tiene un lugar preparado por Dios para ser allí alimentada mil doscientos sesenta días.
                Entonces se entabló una batalla en el cielo: Miguel y sus Ángeles (doce en total) combatieron con la Serpiente. También la Serpiente y sus Ángeles combatieron, pero no prevalecieron y no hubo ya en el cielo lugar para ellos. Fue arrojada la gran Serpiente, la Serpiente antigua, el llamado Diablo o Satanás, el seductor del mundo entero; fue arrojada a la tierra y sus Ángeles fueron arrojados con ella. Oí entonces una fuerte voz que decía en el cielo: “Ahora ya ha llegado la salvación, el poder y el reinado de nuestro Dios y la potestad de su Cristo, porque ha sido arrojado el acusador de nuestros hermanos, el que los acusaba día y noche delante de nuestro Dios. Ellos le vencieron gracias a la sangre del Cordero y a la palabra del testimonio que dieron, porque no amaron su vida ante la muerte. Por eso, regocijaos, cielos y en los que ellos habitáis. ¡Ay de la tierra y del mar! Porque el Diablo ha bajado donde vosotros con gran furor, sabiendo que le queda poco tiempo”.
                Cuando la Serpiente vio que había sido arrojada a la tierra, persiguió a la Mujer que había dado a luz al Hijo varón. Pero se le dieron a la Mujer las dos alas del águila grande para volar al desierto, a su lugar, lejos de la Serpiente, donde tiene que se alimentada un tiempo y tiempos y medio tiempo. Entonces la Serpiente vomitó de su boca detrás de la Mujer como un río de agua, para arrastrarla con su corriente. Pero la tierra vino en auxilio de la Mujer: abrió la tierra su boca y tragó el río vomitado de la boca de la Serpiente. Entonces despechada la Serpiente contra la Mujer, se fue a hacer la guerra al resto de sus hijos, los que guardan los mandamientos de Dios y mantienen el testimonio de Jesús.”

[107] Durante los festejos inmaculistas por el Breve de Alejandro VII, en la ciudad de Valencia, el Convento de la Encarnación dispuso un altar en el que aparecía una inusual figura de la Virgen Inmaculada, ya que aparecía con aspecto de niña y con los brazos abiertos en señal de recibir al Verbo encarnado a través de la Paloma del Espíritu Santo que está en lo alto.
                Esta imagen es una clara simbiosis entre Encarnación e Inmaculada del mismo modo como ocurría en el Catral medieval.
[108] Espíritu celeste perteneciente al segundo coro de la suprema jerarquía angélica. Se representan por medio de caras aladas de ángeles niños.

[109] Soledad, Modestia, Prudencia, Virginidad, Humildad, Obediencia y Abnegación.

[110] Siete son también los dones del Espíritu Santo (aunque generalmente son representados mediante palomas blancas): Sabiduría, Entendimiento, Consejo, Fortaleza, Ciencia, Piedad y Temor.

[111] Jaculatorias de gozo propias del Santo Rosario catralense:
-          ¡Oh Verbo encarnado, por mi amor herido!
-          ¡Oh Dios que visitas a Isabel y al hijo!
-          ¡Oh humilde Jesús en Belén nacido!
-          ¡Oh Virgen! ¡Oh Niño al templo ofrecido!
-          ¡Oh Jesús hallado por mi amor perdido!
                 
[112] El Santo Hospital de la Villa de Catral estuvo ubicado, hasta su clausura definitiva en 1936, en el solar que hoy ocupa el pasaje y el Hogar de la Tercera Edad.

[113] Es Patrón de la Medicina ya que curó, con la hiel de un pez, al padre de Tobías. Por ello, cuando se representa iconográficamente suele ir acompañado por el niño Tobías que porta en su mano un pequeño pez.
[114] Como rezan las coplas de despierta de nuestro Rosario de Aurora:
                               Es María la fuente de gracia
                               donde los cristianos bajan a beber,
                               de aquel caño claro y evidente
                               que con eficacia apaga la sed.

[115]                                                                          SALVE NUEVA

Salve aurora hermosa que naciste                                   Salve jazmín oloroso,
                dando fin a las tinieblas                                                    Salve, Majestad Inmensa,
                principio a nuestra esperanza                                          al mismo Dios que te hizo
                y a todo el mundo luz nueva.                                           enamoró tu belleza.

                Salve, que tú sola eres                                                      Salve Arca misteriosa
                de la Trinidad Suprema,                                 pues tu dulce nombre encierra
                elegida para ser                                                                  de la justicia de Dios
                Madre de Dios y doncella.                                                todo el poder y clemencia.

                Salve, que en Belén pariste                                Salve Reina, que en el Cielo
                exenta de culpa y pena,                                                     estás sentada a la diestra
                vistiendo de carne humana                                               de tu Amantísima Hijo.
                a la Majestad Suprema.                                                     Dios te salve Madre nuestra.

                Salve Arco que señalas                                                      Ea pues, piadosa Madre
                la Paz entre Cielo y Tierra,                                               de misericordia llena,
                juntando a Dios con el hombre                                         suplicad a vuestro Hijo
                porque goce vida eterna.                                                    que nos de la Gloria eterna.

                                                               Quince rosas son quince misterios
                                                               que el rosal produce que Guzmán fundó.
                                                               No marchitas, sangrientas y blancas,
                                                               de un color hermoso que el Señor les dio.
                                                               Y su hermoso olor lo percibe sólo aquel devoto
                                                               que reza el Rosario con gran devoción.
[116] Salve jazmín oloroso,
     Salve majestad inmensa,
     al mismo Dios que te hizo
     enamoró tu belleza.

[117]                                           SALVE DE LA PURÍSIMA

     Dios te salve aurora hermosa                                      Por tu virginal pureza
     que das los rayos al sol                                                 Madre de consolación,
     los claros a la luna,                                                       ruega por los pecadores,
     Purísima Concepción.                                                  Purísima Concepción.

     Cuanto quiso y cuanto pudo                                        De tu gran misericordia
     hizo Dios su inclinación                                              imploramos el perdón.
     para ser Inmaculada,                                                    Mira que somos tus hijos,
     Purísima Concepción.                                                  Purísima Concepción.

     San Juan en su Apocalipsis                                          Vuelve a nosotros tus ojos,
     pudo ver de su visión                                                   míranos con compasión
     que antes de nacer ya fuiste,                                         en este triste destierro,
     Purísima Concepción.                                                  Purísima Concepción.

     Las tres Divinas Personas                                            Y para siempre alabaros,
     hicieron vuestra elección                                              humildes de corazón,
     para ser Madre del Verbo,                                            ruega que estemos contigo
     Purísima Concepción.                                                  en la celestial Sión.

     Virgen fuiste en el parto,
     virgen en la encarnación
     y virgen después del parto,
     Purísima Concepción.

[118] Mientras que la primera estrofa de la Salve Nueva dice:
                Salve aurora hermosa que naciste
                dando fin a las tinieblas
                principio a nuestra esperanza
                y a todo el mundo luz nueva.

[119] Nombre de una colina, junto a Jerusalén, cuyo nombre se hizo extensible a dicha ciudad.
Sión es, de este modo, prefigura de María, ya que todos los anuncios mesiánicos dirigidas a la hija de Sión comenzaban con el conocidísimo “Alégrate” (Sof 3, 14; Jl 2, 21-27; Zac 2, 14 y 9,9).

[120] “El Señor fundó a Sión sobre los montes santos, el Señor ama las puertas de Sión . . . Se dirá de Sión: Uno a uno, todos han nacido en ella, y el mismo Altísimo es el que la sostiene . . .”

[121] “¡Celebra a Yahvé, Jerusalén, alaba a tu Dios, Sión, que él ha reforzado los cerrojos de tus puertas, ha bendecido en ti a tus hijos . . .”

[122] Espíritu de Dios, porque ya vimos que las aves son consideradas desde la Antigüedad como símbolos del espíritu y del alma.

[123] De la misma manera como aparece en el grabado valenciano del altar de la Encarnación de las fiestas inmaculistas de 1662.

Texto elaborado por José Antonio Zamora Gómez para la Real y Muy Ilustre Archicofradía del Santísimo Rosario y la Purísima de laErmita (Patrona de Catral)
Año 2003