REAL Y MUY ILUSTRE ARCHICOFRADÍA DEL

SANTÍSIMO ROSARIO Y LA PURÍSIMA DE LA ERMITA

PURÍSIMA CONCEPCIÓN, DEVOCIÓN CATRALENSE SIETE VECES CENTENARIA.PRIMER CAPÍTULO.


Texto  de José Antonio Zamora Gómez

·         PRIMITIVO CULTO MARIANO EN CATRAL.

La Parroquia de Catral está dedicada desde 1265 a san Juan Bautista[1], aunque es de suponer que, en la misma fecha y en la misma parroquia, se diera culto a María bajo una advocación determinada. Dicha advocación se desconoce, pero por las referencias documentadas más antiguas que se conservan -anteriormente citadas en el Preámbulo-, la advocación mariana que ostentaría la primacía en el Templo Parroquial de Catral, en aquel entonces, era la de la Ntra. Sra. de la Concepción. Advocación mariana que desde la década de 1530 rivalizaría con la Concepción del Hospital[2] (actual Purísima de la Ermita – Patrona de Catral). Tras muchas décadas de confusión entre las dos imágenes de mismo nombre y distinta ubicación, se decide cambiar la advocación mariana de la Concepción de la Iglesia por la de la Encarnación[3], manteniendo la misma imagen religiosa y el mismo lugar privilegiado dentro del Altar Mayor; pasando, tras las reformas de Trento[4], a una capilla lateral en el lado de la Epístola para adoptar las funciones de Capilla de la Comunión, papel que le otorga cierto prestigio e importancia a dicha advocación mariana que, a pesar de sufrir cambios en su denominación, los fundamentó en postulados teológicos e históricos como a continuación veremos.
¿Por qué se eligió la advocación de la Encarnación al hacer el cambio?
Pues bien, se hizo siguiendo un fundamentado argumento histórico-teológico.
De este modo, la advocación mariana de Ntra. Sra. de la Encarnación alude directamente al misterio de la Redención Humana, puesto que Cristo para redimir al Mundo se ha de encarnar, se ha de hacer hombre. Por lo tanto el fundamento de la Redención es la Encarnación, teniendo aquí el principio fundamental de la religión cristiana, mediante el cual se da culto a Jesucristo a través de su Madre María.
Todo ello tiene una base evangélica, concretamente en el Evangelio de Lucas (1, 26-38).         
De este modo, desde que María ha aceptado la voluntad de Dios, transmitida a través del arcángel Gabriel, la Concepción virginal se realiza y el Verbo se hace carne. Así, la Encarnación de Cristo[5] sigue inmediatamente a la Anunciación, por lo que la doctrina cristiana ve en los dos actos el mismo hecho: el origen de la vida humana de Dios. Algo que la iconografía y las artes plásticas han recogido y plasmado gráficamente, transmitiendo al fiel cristiano el mensaje redentor de este pasaje evangélico.
            Tras dicho pasaje, y siguiendo al evangelista Lucas (1, 39-56), nos encontramos con otro tema, referente a la vida de la Virgen, que plasma la visita que Ésta (embarazada de Cristo) le hizo a su prima Isabel (ya mayor y embarazada de san Juan Bautista, el Precursor), para corroborar, así, el mensaje del ángel Anunciador.
Estos dos acontecimientos extraordinarios de la vida de la Virgen, que son relatados por las Sagradas Escrituras, van a marcar el curso del Cristianismo y van a ser un factor determinante para la propagación del culto mariano. Ya que estos dos episodios reflejan la Santidad de María y el lugar privilegiado que va a ocupar entre el resto de la Humanidad, puesto que es escogida por Dios para ser su Madre y será ensalzada generación tras generación.
            Pero aunque la Virgen ocupe un lugar importante en el culto católico, hay que reconocer que en los Evangelios tiene un papel casi nulo, desdibujado y casi mudo (como comenta L. Réau[6]). Además, siguiendo las indicaciones de san Bernardo[7], María sólo habla cuatro veces en los Evangelios, y sólo dos merecen ser recordadas:
·         El Fiat de la Anunciación y el Magnificat de la Visitación (anteriormente comentados).
·         Las otras dos aportaciones son cuando se queja, ante Jesús, por haberse perdido Éste en el templo; y en la indicación que hace a su hijo, en las Bodas de Caná, de que el vino se ha acabado.

De este modo, se observa como el Evangelio de Lucas, en referencia a la infancia de Cristo, es la fuente bíblica más importante para todos los grandes misterios de la vida de María (Anunciación, Visitación, Nacimiento, Purificación, Jesús perdido y hallado en el Templo, Bodas de Caná)[8]. Por lo tanto, el consentimiento de la Virgen a la Encarnación es la unión más sublime entre los designios divinos y la libre voluntad del ser humano; es la consumación de la obra Redentora de Dios, mediante la cual Cristo salva a la Humanidad del Pecado cometido por los Primeros Padres, con lo cual María es corredentora por operarse en Ella la acción divina, en Ella Dios se hace Hombre.
Otras referencias escriturísticas de María vienen de la mano de San Pablo, pero no hacen alusión a ningún pasaje de la vida de Ésta, sino que hacen referencia a María de pasada, sin mencionar su nombre y como justificación de la naturaleza humana de Jesús, que al mismo tiempo era Hijo de Dios. Dicha referencia comenta que Cristo era “nacido de mujer” (Gálatas 4,4), siendo la referencia mariana más antigua del Nuevo Testamento, puesto que la epístola de San Pablo a los Gálatas se escribiría sobre el año 57 d.C.
Posteriormente, en el Evangelio de San Marcos aparece por dos veces, siendo la primera de manera sencilla y corriente, y en la segunda como Madre de Jesús (Mc 3,13 y Mc 6,3). Este Evangelio es considerado el más primitivo, por razones de peso y académicas, además de ser el Evangelio que precede al de San Mateo, siendo el relato de Mateo muy parecido al de Lucas, por lo que tendríamos en los relatos de la infancia de Cristo de Mateo y Lucas las referencias más concretas sobre la figura de María (Mt 1-3 y Lc 1-3)[9].
 Por lo tanto, el evangelista Lucas sería el tercero en relatar los hechos bíblicos, reservando el cuarto y último puesto para el Evangelio de san Juan, en el que María aparece en dos ocasiones, en las Bodas de Caná y al pie de la Cruz (Jn 2,3-5 y Jn 19, 25-27).
Pero las referencias a la Madre de Jesús en los textos bíblicos no acaban en los Evangelios, en los Hechos de los Apóstoles María aparece, tras la Ascensión, haciendo oración en su casa de Jerusalén junto a los Apóstoles (Hechos 1, 14)[10].
Ante todo, ese silencio de las Sagradas Escrituras es justificado, por los exegetas, cuando comentan que sería la misma Virgen quien sugirió a los Evangelistas que callaran los hechos de su vida. A todo ello añade santo Tomás de Villeneuve: “No acusemos a la negligencia de los evangelistas. La gloria de la Virgen es más fácil de pensar que de describir. Ya es bastante para su historia que se haya escrito que de Ella nació Jesús. Le basta con ser la Madre de Dios”.
A María le basta con ser la Madre de Dios, estas palabras son las que ya, a comienzos de nuestra Era, Ignacio de Antioquia (muerto hacia el 110 d.C.) trató de infundir en el pensamiento de las primeras comunidades cristianas formadas en Asia Menor, cuando predicaba:
·         “. . . Dios fue concebido por María…” (Efesios 18).
·         “. . . Él era el hijo de María…” (Tralianos 9).
·         “. . . verdaderamente nacido de una Virgen…” (Esmirneos 1).
A tal efecto, el de defender la maternidad divina de María y la plena humanidad de Cristo, surgió una corriente herética, denominada Arrianismo[11], que únicamente defendía la naturaleza humana de Jesús y negaba, en consecuencia, su naturaleza divina.           
De todos modos, sin fundamento en los Evangelios, la Leyenda de la Vida de la Virgen irá consolidándose poco a poco gracias a la difusión en Oriente, y con gran repercusión en la iconografía y en el arte bizantino, de los Evangelios Apócrifos[12], tales como el Protoevengelio de Santiago[13], el Evangelio de la Natividad de la Virgen[14] y el Evangelio Armenio de la Infancia. Difundidos en Occidente por Vicent de Beauvais en su Speculum Historiae y por Santiago de la Vorágine en su Leyenda Dorada[15]. Tales relatos de la Vida de María encontrarán multitud de dificultades para establecerse, puesto que el cristianismo de los primeros siglos dedica el culto a los mártires que murieron por la fe; pero María no sufrió martirio ni hizo milagro alguno en vida[16], por lo que fue difícil que se le dedicara culto en los primeros tiempos. A ello hay que sumar que:
·         El cristianismo primitivo heredó, del ascetismo oriental, la desconfianza y misoginia hacia la mujer, considerada desde Eva, y a partir de ella, la pecadora y seductora del hombre, además de aliada e instrumento del demonio[17].
·         La desaparición del cuerpo de María retrasó su culto, puesto que no se halló sepulcro alguno en el que reposaran sus restos, a través de los cuales se podría venerar, y dar culto, a la persona de María.

Pero ante el creciente desprecio hacia la mujer, los vestigios del paganismo (religiones mediterráneas anteriores al Cristianismo) se ven proyectados en la Iglesia Católica, ya que si las religiones paganas adoraban a divinidades femeninas, el Cristianismo venerará a María y a las Santas Mujeres. Una religión sin mujeres es antinatural, como bien apunta Louis Reau.
Con todo ello, los teólogos asimilaron la vida de la Virgen a la de Cristo, y así le hicieron sufrir pasión junto a su Hijo, le hicieron hacer milagros póstumos y, según san Bernardo, le hicieron ser mártir en el alma -martyr in ánima-. Por lo que los fieles le rindieron un merecido culto, tanto, que incluso casi llega a sobrepasar y ensombrecer al mismo Jesucristo[18]. A tal efecto, el historiador romántico Michelet dijo: “Dios cambió de sexo. La Virgen invadió los templos y los altares”. Tal es el grado de importancia del culto a María, que el propio L. Réau se plantea si el Cristianismo no merecería llamarse Marianismo.

Inicios del culto y devoción a María.


El punto de partida oficial del culto a María, y origen de su progresivo predominio, lo tenemos en Siria, concretamente en Éfeso[19] y en el Concilio celebrado en esta ciudad en el año 431, cuando se proclama a María “agia kai Theotokos”, esto es, Santa, Madre y Esposa mística de Dios encarnado[20].
 Todos estos títulos serán ratificados en el siglo VIII cuando el II Concilio de Nicea la denomine como Instrumento de la Encarnación y Personificación de la Iglesia. Siendo el Concilio Vaticano II de 1964 el que oficialice el título de Mater Eclessia y remarque la relación de María con la Iglesia, puesto que la Virgen dio su consentimiento en la Encarnación y al pie de la Cruz. Participando, de este modo, en la obra Redentora de Cristo, con lo que la Iglesia aspira a ser fiel modelo de María.
Estas ansias de la Iglesia, por imitar a María, se verán reforzadas en 1974 cuando el Papa Pablo VI extienda a toda la Cristiandad su decreto Marialis Cultus, por el cual se aconseja imitar a María y seguir su ejemplo como Madre del Creador y como instrumento de la Encarnación.
Por esos motivos de engendrar y dar “carne” a Dios[21], considero que es en este contexto, conciliar y teológico de los primeros años del Cristianismo, donde debemos encuadrar el culto a María bajo el título de Ntra. Sra. de la Encarnación en las primitivas comunidades cristianas de la Vega del Segura. Siendo la advocación mariana que da origen al culto mariano en nuestra  comarca, puesto que, tardíamente, en el Catral del siglo XVII nos encontramos con unas noticias, recogidas en los libros parroquiales y tras haber hecho el cambio de advocación de la imagen mariana principal, que hacen referencia a la advocación mariana de la Encarnación dispuesta en el Altar Mayor del Templo Parroquial -ya en el mismo retablo o en uno colateral haciendo las funciones de Capilla de la Comunión-. Ello denota la importancia de esta advocación para Catral, ya que se dispone en el lugar más privilegiado de su templo cristiano.
Por ello, considero que el origen y el por qué se dispone esta advocación mariana en un lugar tan destacado, hay que buscarlo en:
·          El Concilio de Éfeso (por sus decretos, en torno al culto mariano).
·         En la propia evolución cristiana de estas levantinas tierras del Bajo Segura. 

            De este modo, y siguiendo las indicaciones dadas por el historiador Juan Bautista Vilar[22], observamos como el último factor de Romanización de Hispania es el Cristianismo, llegado a nuestras tierras tanto por vía terrestre como por vía marítima.
            La teoría de la penetración de la fe cristiana por vía terrestre se asienta en la propagación del Cristianismo por nuestra comarca a través de la Vía Augusta[23] desde finales del siglo I d.C.; ya desde el Norte -la Tarraconense-, ya desde el Sur -la Bética-, por ser estas dos zonas las más romanizadas de toda la Península y las que tenían más contactos con el mundo helenístico (la zona oriental del Mediterráneo).
Esta penetración tendría como centro neurálgico la urbe de Carthago Nova (Cartagena), zona en la que se localiza el obispado cristiano más antiguo de toda la región y de toda Hispania y zona a la que, por proximidad geográfica, se vincula directamente esta comarca del Bajo Segura, en la que se enclava nuestra querida Orihuela y, por supuesto, nuestro pueblo de Catral.
En relación a Cartagena, como primer obispado, nos encontramos con la teoría de una penetración de la religión cristiana por vía marítima, ya que Carthago Nova era una de las urbes más importantes de Hispania y, sobre todo, una ciudad con muchísima importancia en el territorio peninsular, con gran actividad militar, minera y marítima, y contando entre sus ciudadanos a colectivos itálicos, norteafricanos y orientales (gentes vinculadas al entorno geográfico del nacimiento del Cristianismo). Estos colectivos propagarían por nuestra comarca la fe cristiana.
Una fe que quiere asentarse con fuerza y solidez, por lo que las leyendas piadosas atribuyen la evangelización de estas tierras al propio apóstol Santiago o a Pablo de Tarso, que presumiblemente entraron a la Península Ibérica por Carthago Nova (la ya nombrada Cartagena), Dianium (Denia), Lucentum (Alicante) o el Portus Ilicitanus (Santa Pola). Como se observa, las zonas portuarias por las que, supuestamente, entraron los evangelizadores apostólicos, son zonas conocidas por todos los habitantes de la Vega del Segura y son zonas muy próximas y con una influencia directísima sobre el primitivo Catral de aquel momento.
Sin encontrar testimonios que confirmen esa presencia apostólica en nuestras tierras, pero asegurando que fue por el litoral cartaginense por donde Santiago o Pablo entraron a España, las leyendas piadosas han hecho correr ríos de tinta sobre los hechos. Ante tanta hipótesis legendaria, la crítica histórica y la investigación científica ponen en duda la autenticidad de dichas leyendas.
Leyendas que no faltan para dar un origen apostólico a la comunidad cristiana de la misma ciudad de Orihuela (a la que Catral se supedita), ya que, según la tradición y los escritos de los antiguos cronistas, se dice que Orcelis      -Orihuela- fue sede episcopal en época romana y atribuyen su creación al propio apóstol Santiago el Mayor, que entró en la ciudad de Orihuela un 23 de junio del año 37 d.C. acompañado por su discípulo san Indalecio. Del mismo modo, se atribuye al propio Santiago la propagación del culto mariano por estas tierras del río Thader -Segura-[24].
En contraposición a tanta leyenda, no encontramos referencias arqueológicas cristianas en toda la Península antes del siglo II d.C., pero se supone que existieron comunidades cristianas dispersas y ocultas antes del 313, año en el que se da tolerancia al culto cristiano (ya puede ser público) con el Edicto de Milán promulgado por el emperador Constantino.    
Lo que sí se sabe, con toda seguridad, es que el Cristianismo se difundió en un primer momento por centros urbanos, sobre todo en colonias itálicas y en campamentos militares. De ahí pasó a las zonas rurales de la comarca del Segura, en la que cabe destacar la indígena población de la talomáica Orcelis (cercana a Carthago Nova, a Ilici y a Lucentum).
Otra fuente de propagación del Cristianismo fueron las comunidades israelitas, puesto que pertenecieron a la comunidad religiosa en la que surgió Jesús de Nazaret y fueron ellos, en consecuencia, los primeros en recibir y asumir sus predicaciones. Por lo que las difundieron en las comunidades israelitas existentes, tanto en Cartagena como en Elche (suponiendo, también, la existencia de judíos en Orihuela, ya que a finales de la etapa visigoda existían con destacada importancia en dicha ciudad oriolana y presuponiendo, por lo tanto, que ya existirían en época romana, aunque en menor grado e importancia. De aquí deduciremos que en la población originaria del primitivo Catral, también existiría alguna reducida comunidad hebrea). Además, un factor que revalida esta teoría es que, en la Hispania del siglo III d.C. las comunidades israelitas se dan en zonas limítrofes y costeras (características propias de nuestra comarca). Los sínodos del siglo IV d.C. dan preciada cuenta de ellos y se apunta que en Ilici (la población más cercana a Catral) se documenta una comunidad hebrea con sinagoga de tipo basilical[25]. Es de suponer, que en ese siglo IV d.C., el Cristianismo ya ha penetrado en todas las poblaciones de la comarca orcelitana, en la que ya se inscribía el núcleo primitivo de lo que hoy es Catral, puesto que en ese siglo IV d.C. la comarca orcelitana se adscribía a Ilici, e Ilici dependía del obispado de Cartagena.
Es entonces, en la Hispania del ya citado siglo IV d.C., cuando tenemos las primeras noticias sobre el culto mariano y nos llegan de la mano del poeta Prudencio[26] que escribe un Himno en honor a María (incluido en el Cathemerinon), con el que defiende la virginidad y maternidad divina e inmaculada de la Madre de Dios. Haciendo, de este modo, clara alusión a la doctrina teológica de la Encarnación del Hijo de Dios en el seno de la Virgen, entroncando con el pasaje bíblico de la Anunciación en referencia a la Pureza, corporal y espiritual, de María.
Toda la cristiandad hispánica (y por supuesto la comunidad cristiana del primitivo Catral) conocería dicho Himno y rendiría tributos a María, no al amparo de imágenes sagradas puesto que, sobre el año 300, el Concilio de Ílberis -Granada- decretó en su canon XXXVI “la prohibición de imágenes pintadas sobre aquello a lo que se veneraba”[27] .
 De este modo, observamos que es un culto sin imágenes, que es un culto doctrinario, conceptual e ideológico basado en la pureza inmaculada de María en los momentos de la encarnación, del parto y del posparto. En definitiva, un culto a su maternidad virginal, divina e inmaculada.
Ante tales hechos sucedidos en Hispania, observamos como los primeros pensadores eclesiásticos del Cristianismo, tales como Orígenes y su escuela de exegetas de Alejandría[28], estudiaron las Escrituras Sagradas a lo largo del siglo III d.C. con el fin de encontrar referencias que aclarasen la virginidad maternal y divina de María. De este modo, una de las primeras referencias encontradas fueron las palabras del profeta Isaías en el Antiguo Testamento, asignadas a María en el Evangelio de Mateo en el Nuevo Testamento:
“Mirad: la virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá de nombre Enmanuel, que significa Dios con nosotros.” (Isaías 7,14 y Mt 1,23)

            A pesar de ello, el Concilio de Nicea del 325 recomendaba a todas las mujeres que siguieran el ejemplo de virginidad de María. Ya que el asunto de la virginidad de la Madre de Dios se convirtió en tema de vital importancia para la primitiva Iglesia que, y supuestamente heredado del mundo clásico como bien apunta Marisa Warner, veía en la virginidad una fuerza y pureza poderosas. De tal modo que los Padres de la Iglesia aleccionaron que la vida virginal reducía el grado de culpabilidad de la mujeres en el Pecado Original ocasionado por Eva, la primera mujer; y siendo igualada la imagen de un cuerpo virginal a la integridad y a la santidad. Por lo tanto, la figura de María era considerada la culminación de la feminidad puesto que encarna los valores de la castidad, humildad y amabilidad.
            Valores que se desprendían de su virginidad, y al igual que el poeta Prudencio en Hispania, la Iglesia Oriental del siglo IV d.C. trató de ensalzar el estado virginal de María, y de hecho en el II Concilio de Constantinopla del año 381 se proclamó la perpetua virginidad de María; siendo en el 390 cuando el Papa Siricio la proclamó virgen inviolada durante el embarazo y el nacimiento de Cristo. Ocasionando, tales proclamas, que en el 428 un prestigioso predicador la llamara Theotokos (portadora y madre de Dios) por el papel que María asumió en la Encarnación.
 Doctrina ésta, la de su maternidad divina, que es ratificada y proclamada como Dogma de Fe por el Papa Cirilo de Alejandría en el Concilio de Éfeso en el año 431. En ese momento la Iglesia proclama a María con el título, ya conocido, de “Theotokos”, es decir, Madre de Dios, Pura e Inmaculada, puesto que engendró y dio “carne” al mismo Dios en estado virginal.
Este Dogma es el punto de partida de la propagación del culto mariano y es el punto de partida para el estudio histórico, científico y teológico de la figura de María. Por lo tanto, es el punto de partida para comenzar a asentar la creencia de que María fue preservada de todo pecado en el mismo instante de su creación, ya que fue destinada para ser Madre del Creador.
Además, esta proclamación conciliar y dogmática se propagaría, con rapidez y a mediados del siglo V d.C., por toda la Cristiandad (Oriental y Occidental) y, con toda seguridad, llegaría a estas tierras orcelitanas, impregnando la sensibilidad religiosa de los habitantes del antiguo Catral. Hecho que se vería reforzado por las proclamas emanadas del Concilio de Calcedonia del año 451, cuando las dos naturalezas de Cristo fueron oficialmente reafirmadas; afirmando, al mismo tiempo, que la Virgen es Aeiparthenos, es decir “siempre virgen” (antes, durante y después del parto).
Por lo tanto, es a partir del siglo V d.C. cuando hay una mayor afluencia de noticias marianas y de noticias sobre la presencia cristiana en las tierras del Bajo Segura, y es a partir de este siglo cuando se tienen más documentos referentes al culto mariano en toda la Cristiandad.
Por ello, hay que pensar que la llegada a la comarca orcelitana de los decretos de Éfeso, se enmarcan en un momento histórico protagonizado por las invasiones de los pueblos germanos en el ámbito peninsular. De este modo, la Carthaginense (zona a la que pertenece Catral y toda la comarca oriolana) sería atacada por los invasores (generalmente alanos), puesto que es una región fronteriza, costera y de gran importancia estratégica y geográfica. Pero a pesar de doblegarse al yugo invasor, no se sometió a la doctrina pagana y herética de estos pueblos llegados del Norte Europeo[29]. La cuenca del Segura siguió sujeta al orden romano y al Credo de Nicea[30], siendo anexionada definitivamente por los invasores visigodos[31] en el año 470.
Con el dominio Visigodo se produce una profunda cristianización del espacio urbano, proliferando de este modo la construcción de edificios religiosos, destacando para nuestro interés el que se levantaría en Orihuela, ciudad de la cual dependía Catral (en este contexto se enmarcaría la posible construcción de un templo visigodo en nuestra localidad, que se erigiría en el mismo emplazamiento donde lo haría la mezquita musulmana y donde, hoy día, se levanta el actual templo parroquial).
De este modo, es en pleno siglo V d.C., mientras Hispania es dominada por los Visigodos, cuando nos llegan noticias de que la Iglesia Oriental celebra el 8 ó 9 de Diciembre una fiesta dedicada a María, conocida como la Concepción de Santa Ana. Festividad que recogió y celebró Occidente, pero mientras que en Oriente hace referencia a la PUREZA pasiva de María en el vientre de Santa Ana -tenemos aquí la primera referencia clara a la INMACULADA CONCEPCIÓN DE MARÍA-, en España viene acentuada por la alusión a la concepción activa de María, es decir, María es pasivamente concebida pura en el seno de Santa Ana, pero María concibe activa y virginalmente en su seno a Jesús, por lo que su maternidad es divina y virginal -este es un claro referente a la Encarnación del Hijo de Dios-[32].
Por lo tanto, esta fiesta sería celebrada por la comarca orcelitana, puesto que la zona del Segura tuvo fuertes contactos con Oriente y, especialmente, con Bizancio -de donde surge tal festividad- desde finales del siglo V d.C. Contactos que son sabidos, puesto que el monarca visigodo Leovigildo institucionalizó la provincia de Aurariola (Orihuela), en el año 579, como marca fronteriza que defendería los dominios visigodos de los ataques bizantinos, instalados éstos en Ibiza y desde donde invadían las tierras del Segura. Intentando Leovigildo, de este modo, poner fin a los continuos contactos que mantenía la comarca del Segura con los bizantinos. Contactos mal vistos desde Toledo, ciudad que es sede de la provincia Carthaginense (ya que Carthago Nova desapareció como tal) y ciudad en la que reside el monarca y desde la cual ejerce dominio directo sobre sus territorios -en los que se encontraba la Vega Baja del Segura-.
A pesar de las prohibiciones dadas desde Toledo, Aurariola siguió teniendo contactos con Bizancio, hasta el punto de que el litoral levantino se vio invadido y anexionado al dominio bizantino desde mediados del siglo VI d.C. y hasta comienzos del siglo VII d.C.[33] Por lo tanto, la presencia de la cultura bizantina, la cultura oriental en definitiva, es muy tangible en la cuenca del Segura, ya que la invasión militar vino acompañada de una invasión de mercaderes, intelectuales y, sobre todo, monjes. Población que trasladaría a tierras hispánicas, y en concreto a nuestro entorno, las prácticas religiosas más relevantes de la cultura oriental, de la que habría que destacar esa festividad mariana celebrada en Diciembre[34] y relacionada con la PUREZA de María en el momento de su CONCEPCIÓN.
Festividad a la que, la población autóctona de nuestra comarca, fusionaría con el fundamento de la divina y virginal maternidad de María, desde el momento de la ENCARNACIÓN del VERBO. Esa simbiosis entre los dos temas marianos vendría marcado por la propagación, desde el mismo Bizancio hasta nuestras tierras, del Himno Marial Griego denominado Akathistos[35] y que, cantado en Cuaresma, trataba sobre la importancia del misterio de la Anunciación, que no es otro que la Encarnación de Dios en el seno de María.
Por lo tanto, los dos temas marianos, más importantes y tratados en Oriente, son propagados por nuestra comarca en plena dominación bizantina, y fusionados de tal manera, que en la Hispania del momento era celebrada con cierta relevancia la festividad mariana de Diciembre; ya que, una vez expulsado el dominio bizantino de tierras hispánicas, y en concreto del litoral levantino, la comarca del Bajo Segura vuelve a estar bajo la jurisdicción de la Diócesis de Ilici, la cual depende directamente de la Sede de Toledo.
Dato que nos interesa, puesto que en el siglo VII d.C.[36] se documenta en España una fiesta, celebrada en un domingo de Adviento, bajo la advocación de Ntra. Sra. de la Esperanza[37]. Pero es en el X Concilio de Toledo -y de Toledo depende directamente la comunidad cristiana del Sur alicantino-, celebrado en el año 656, cuando se hace un clara alusión a esta festividad, puesto que se comenta que algunos lugares de España celebran dicha fiesta mariana el 25 de Marzo bajo la advocación de la Encarnación o Anunciación, siendo más conveniente trasladar, o celebrar, dicha festividad mariana a Diciembre, puesto que es una celebración no propia de los tiempos cuaresmales.
De este modo, observamos como en la Hispania del siglo VII d.C. se celebra una festividad mariana en Diciembre, bajo la advocación de la Esperanza o la Encarnación, de claras referencias a la divina y virginal maternidad de María. Pero, en definitiva, festividad derivada de la cristiandad oriental que festejaba a María en el momento de su Concepción en el seno de su madre santa Ana. De ello hay que deducir que Catral celebraría, sin lugar a dudas, dicha festividad en honor a la Virgen.      
En referencia a todo ello, tenemos las noticias que dan san Leandro y san Ildefonso[38] de que en España y en diciembre ya se celebraba en los siglos previos a los musulmanes una festividad dedicada a María con el título de “festivitas Sanctae Mariae”.

Reflexión artística e iconográfica de la imagen mariana.

            Una de las representaciones figuradas, de forma plástica o artística, más arcaica que se conoce sobre María, es una imagen de una mujer de pie, con los brazos abiertos y extendidos hacia el cielo, con las palmas de las manos hacia arriba en señal de oración y plegaria suplicante a Dios.
Esta imagen apareció en un fresco paleocristiano de la catacumba de los santos Saturnino y Trasón, en Roma, fechado hacia el siglo III d.C. Inmediatamente después, a esta Virgen suplicante, se le añadirá un medallón en su seno, en el que se circunscribe Jesús niño, como clara alusión al misterio de la Encarnación.
 Pero estas pinturas murales no representaban un icono mariano de culto individual, ya que se englobaban en un conjunto de imágenes doctrinales. Este tipo de imagen mariana ha sido denominado como La Virgen Orante (María orans).
A pesar de ser la imagen de María más extendida en su momento, junto a ella aparece otro tipo de imagen mariana en la que se representa a María sentada con el niño Jesús en sus brazos. Éste será el tipo de Virgen más antiguo que se conozca[39] y será el que difundirá el Concilio de Éfeso con la denominación de Theotokos, siendo el arte bizantino el que mayor difusión le dé. De este modo, nos encontramos con varios tipos marianos relacionados con la “Theotokos” o “Panagia” (como indistintamente se denomina en el arte oriental):
·         Panagia Hodigitria o Virgen Conductora.

·         Panagia Nikopoia o Virgen de la Victoria.

·         Panagia Galaktotrophousa o Virgen de la Leche.

·         Panagia Eleousa o Virgen de la Ternura.

·         Panagia Strastnaia o Virgen del Perpetuo Socorro.

·         Panagia Platytera o Virgen del Signo.
Este tipo de icono mariano es el más primitivo de los comentados y el que más nos interesa, puesto que está en clara relación con la Virgen Orante. Además, también se le conoce con el nombre de Blachernitissa, puesto que su primera representación apareció en el monasterio griego de las Blachernas.
 La Theotokos Platytera representa a la “mujer de vientre más ancho que el empíreo”, siendo esta imagen la ilustración de un texto litúrgico de san Basilio[40], en el que se comenta que el mismo Dios creó el vientre de la Virgen lo bastante grande como para contener a Cristo Encarnado. Aparece de pie, con los brazos extendidos, al igual que la Virgen orante de las catacumbas romanas; pero se diferencia porque lleva fijado sobre el pecho un medallón con la imagen de Cristo Enmanuel: de esta manera se la puede llamar la Orante Madre (como bien comenta L. Reau).
Este icono surge por la profecía de Isaías (7, 14):
            “He aquí que el Señor mismo os dará un signo: La joven Virgen está encinta y dará a luz un hijo y le dará el nombre de Enmanuel (Dios con nosotros)”.
Y de este modo aparece la Virgen María con las manos levantadas en oración, cubierta su cabeza con un velo[41] y conteniendo un medallón en su seno, suspendido misteriosamente porque escapa a las leyes naturales de la atracción terrestre. En dicho medallón se circunscribe el Niño Dios (que el Universo entero no puede contener pero que se retiene en el seno de la Virgen), con rostro de adulto y con una frente amplia llena de sabiduría. Además, sostiene el rollo de las Escrituras Sagradas y bendice con la mano derecha.
Vinculada a este tipo iconográfico de la Madre de Dios, nos encontramos con la Virgen de la Esperanza, puesto que María espera expectante la hora del parto. Su vientre hinchado, por los largos nueve meses de gestación, acoge al Hijo de Dios Encarnado, que es la Esperanza del creyente, porque de Él vendrá la Salvación redentora.
La Virgen de la Esperanza aparece con los brazos extendidos, como las Orantes, o con las manos juntas en oración y leyendo los pasajes bíblicos de la profecía de Isaías, como en las Anunciaciones. Además, viste indistintamente una túnica verde (símbolo de la esperanza y de la fertilidad) o una túnica roja (como símbolo de su humanidad) en la que se imprime un sol radiante en su seno (símbolo de Cristo encarnado y redentor); y según las intenciones de los artistas puede o no llevar la cabeza cubierta por el velo, ya que ella es madre y virgen a la vez.[42]

            Desde el momento en que María es escogida para ser Madre de Dios, surge la ansiada esperanza en el parto, que será fruto de esa divina y virginal maternidad mariana. Por lo tanto, la representación artística que mejor representaba las doctrinas de:
·         La categoría dogmática de María como Madre de Dios Encarnado,
·         su Divina y Virginal Maternidad, y
·         la Esperanza en el parto del Redentor,
es el icono de la Anunciación, puesto que en él aparece María orando[43] y meditando los pasajes escriturísticos de la profecía de Isaías (7, 14) que hacen referencia a la maternidad de una Virgen, o  el relato de la historia de Gedeón (Jueces 6, 12) cuando éste es saludado por un ángel con estas palabras: “El Señor está contigo”[44].
Al mismo tiempo que María ora, recibe la visita del arcángel Gabriel, que le anuncia la Buena Nueva del mensaje divino. Mientras tanto, en lo alto hace su presencia el Padre Dios, como artífice de la escena, ya que de Él emana la paloma del Espíritu Santo como obrador del misterio de la Encarnación del Hijo de Dios.
 Con esta sencilla escena se da claro testimonio de que Dios escoge a María como Madre suya, y la preserva inmaculada en el momento de la concepción  de Dios, puesto que no interviene mortal ni existe acto sexual que lo justifique. Y por supuesto, la gestación de Dios encarnado conlleva la ansiada esperanza en el feliz parto, con el que el mismo Dios se hace presencia humana en la tierra.
Esta simbiosis de las dos naturalezas de Cristo, humana y divina, se aprecia en el color de las vestiduras de María, ya que Ella aparece con túnica roja y manto azul, la divinidad -azul- reviste a la humanidad de María -rojo-[45]; que con la cabeza descubierta y los cabellos sueltos (dorados y refulgentes como el sol; imagen de la divinidad, imagen del mismo Dios) se reafirma su condición de Virgen en el momento de la Encarnación.     



[1] Y desde 1340 está bajo la advocación de los Santos Juanes, Bautista y Evangelista.

[2] Así aparece recogido en el Testamento de Miguel Navarro en 1673. APC.

[3] A.P.C., Libro I de Visitas Pastorales (1653-1738), s.f.

[4]  El Concilio de Trento, celebrado en esta ciudad italiana a mediados del siglo XVI (1545-1563), decretó dar un culto específico a la Eucaristía por su destacada importancia, ya que Cristo se hace presente en el pan y el vino por el misterio de la Transubstanciación. De este modo, surgieron capillas dedicas exclusivamente a la Eucaristía -capillas de la Comunión- y en el Altar Mayor de los templos se le reservó el lugar más destacado y privilegiado -apareciendo los Sagrarios-.
[5] Ya el Apóstol Juan inicia su Evangelio haciendo alusión a este misterio, el más grande de los dispuestos por Dios y mediante el cual lo divino actúa sobre lo humano:
                “Y la Palabra se hizo carne, y acampó entre nosotros” (Jn 1,14). 

[6] Louis Réau (francés nacido en Poitiers en 1881 y fallecido en París en 1961) está considerado uno de los mejores historiadores del arte de todo el siglo XX y su extensa obra historiográfica, así como su acreditado prestigio académico, ha influido directamente en todo el pensamiento artístico contemporáneo.
                Su campo de trabajo ha abarcado distintas épocas artísticas, sobre todo centradas en el área francesa, pero no han encumbrado su predilección por el mundo medieval. De este modo, nos encontramos con obras que van desde la iluminación miniada de libros hasta el vandalismo, pasando por su gran publicación: Iconografía del arte cristiano.

[7] San Bernardo nació en Borgoña (Francia) en 1090 y murió en 1153, cuando contaba 63 años de edad. Fue Abad del monasterio de Claraval y Doctor de la Iglesia, proclamado Santo en 1173 por el Papa Alejandro III.
                Hombre inteligente y de fuerte voluntad, tímido, reflexivo y soñador, decidió en 1112 dedicarse a la ascética y al estudio pormenorizado de las Sagradas Escrituras. Escribiendo, a tal efecto, grandes obras doctrinales, de las que cabe mencionar por su importancia para el tema que nos ocupa:

-          Sermones sobre el Cantar de los Cantares.
-          Sermones sobre la alabanza de María.

Fue el gran enamorado de la Virgen María y a él se deben las últimas palabras de la Salve:

- “¡Oh clementísima, oh piadosa, oh dulce Virgen María!”


[8] La tradición ha mantenido que Lucas pudo relatar el nacimiento de Cristo porque se lo transmitió la misma Virgen María, y fue el mismo Lucas el que retrató a María no sólo en palabra sino en pintura. Por esa razón, en muchos cuadros aparece el Apóstol pintando el rostro de la Madre de Dios, acto que le valió para ser considerado el patrono de los pintores.

[9] Tras muchos estudios, los exegetas afirman que los relatos de la infancia de Cristo son añadidos posteriores, narrados más de ochenta años después de que los acontecimientos se sucedieran.

[10] De esta forma, María adopta el papel de Mater Eclessia, llena del poder del Espíritu. Título dado a la Virgen por el Papa Pablo VI en 1964.
                A lo largo del siglo XII María recibe el título de Nuestra Señora, aunque esta forma de invocar a la Virgen era ya conocida en los albores del Cristianismo, ya que san Jerónimo glosó dicho nombre pero en siríaco; el Himno Akathistos del siglo VI la llama Señora, pero sobre todo, el Papa Gregorio II (715-731) la invocó como omnium domina, que será un título oficializado por el II Concilio de Nicea, celebrado en el año 787.

[11] Doctrina herética de Arrio (sacerdote libio fallecido en el año 336), difundida desde el año 318 y condenada en el Concilio de Nicea, presidido por el emperador Constantino y celebrado en el 325. Esta corriente herética fue la religión de los visigodos (pueblo germánico que invadió la Península Ibérica hacia el siglo V d. C.).

[12] Se entiende por apócrifo todo libro que, atribuyéndose a autor sagrado, no está, sin embargo, incluido o aceptado en el canon de las Sagradas Escrituras

[13] Texto oriental escrito a finales del siglo I d.C. y con una influencia decisiva en el culto a María.

[14] El Evangelio de la Natividad de la Virgen surgió, en Occidente y hacia finales del s. VIII principios del s. IX d.C., junto al Evangelio del Pseudo-Mateo y gracias a la fusión del Protoevangelio de Santiago con el Evangelio según Tomás, todos ellos apócrifos.

[15] Santiago de la Vorágine, hagiógrafo italiano nacido en 1230 y fallecido en 1298. Su obra Leyenda Dorada es una célebre colección de vidas de santos.

                Vicent de Beauvais, fraile dominico del siglo XIII, concentró en su gran obra enciclopédica los conocimietos más destacados de su época. De hecho, su Speculum Historiae (junto a su Speculum Naturae, Speculum Scientae y Speculum Morale) se inscribe en esa gran enciclopedia denominada Speculum Maius, en la que compiló todo el plan de Dios tal y como aparece en la Biblia pero, eso sí, dividido en cuatro partes como se ha dicho.
[16] A pesar de que se acepte su milagrosa aparición en carne mortal (es decir, en vida) al apóstol Santiago en Caesaraugusta -Zaragoza-, hacia el año 40 d.C. Siendo, en esta ciudad aragonesa, donde se le dedique el primer templo de la Cristiandad de culto mariano.

[17] Este pensamiento tendrá ligeras consecuencias posteriores, puesto que se considerará a la mujer inferior al hombre -por las palabras bíblicas que Dios transmite a Eva en el momento de la Expulsión del Paraíso- y portadora del pecado, siendo ella la que lo trasmita al resto de la Humanidad por medio del embarazo y del parto -consecuencias que se extraían de considerar que el acto sexual, a la hora de procrear, era el germen del contagio del Pecado Original-. Estas tesis serán tratadas a la hora de justificar la concepción virginal tanto de Jesús como de María.

[18] En España, la llamada Tierra de María, el culto a la Virgen llega a eclipsar al propio Cristo. Ejemplo claro de ello es que, en la celebración anual de la Semana Santa, María ocupa los lugares de mayor privilegio en un cortejo procesional -una imagen de la Virgen siempre es la última en procesionar y la que cierra el cortejo, acompañada de las más altas autoridades civiles y eclesiásticas, como puede ser un Viernes Santo en la procesión del Santo Entierro-.

[19] La tradición afirma que María vivió en Éfeso, junto a Juan Evangelista y tras la Ascensión de Cristo a los cielos, los últimos días de su estancia en la tierra. Además, en esta ciudad viviría a los cuidados del Apóstol Juan meditando, al mismo tiempo, sobre el misterio de la Encarnación.
                Esta tradición viene ratificada por la alemana Catherine Emmerrich (fallecida en 1824), mística que tuvo visiones de la casa y de la tumba de la Virgen en Éfeso, ciudad que ella nunca visitó. Sus visiones y revelaciones fueron publicadas en 1876 y tras ellas, ciertos arqueólogos visitaron Éfeso y encontraron restos antiguos de una casa del siglo I d.C., casa en la que se creía vivió María junto a Juan.

[20] Hay que comentar que en el arte paleocristiano de las catacumbas, en los primeros siglos del Cristianismo, cuando éste era perseguido por el Imperio Romano -es decir, antes del Edicto de Milán del año 313, cuando la religión cristiana es tolerada en todo el Imperio-, aparece María representada pero sin tener connotaciones de culto individualizado y propio.

[21] La Encarnación del Redentor coincide con la Anunciación del arcángel Gabriel a María, por lo tanto no es un mero pasaje de la vida de la Virgen, es el origen de la vida humana de Cristo y por lo tanto es el primer acto, o el preludio, de la Obra de la Redención como escribió Beda el Venerable (672-735, monje anglo-sajón que escribió tratados con gran impacto en la cultura occidental). Sin Encarnación no hay Redención.
                Dicha Encarnación -o, indistintamente, Anunciación- se fijó el 25 de Marzo. Mismo día, según la tradición antigua, de la Creación del Primer Hombre (Adán) y mismo día de la Crucifixión de Cristo (ya que Cristo fue crucificado en el Gólgota, lugar donde según la tradición fue enterrado Adán, por lo que la sangre de Cristo se derramaría sobre la tumba de Adán impregnando sus huesos y redimiéndolo. Redimiendo así a toda la Humanidad descendiente del Primer Hombre). 
                Fecha, el 25 de Marzo, vinculada a la primavera, a la fecundidad, al nacimiento y a la floración. Motivos vinculados al nuevo resurgir de la Humanidad que ha sido redimida, ha sido renovada; porque Cristo ha nacido, por la Encarnación, a la naturaleza humana (Él es Dios, naturaleza divina), y por la Crucifixión ha devuelto la vida al pecador.

[22] BAUTISTA VILAR, J., Orihuela en el Mundo Antiguo, Tomo I, Caja de Ahorros Ntra. Sra. de Monserrate, 1975, Orihuela (Alicante); pp. 157-173.

[23] De la que un ramal se bifurcaba y pasaba por Catral.
[24] Toda esta teoría es desmontada por la investigación historiográfica, puesto que la idea de un supuesto Obispado romano surge a finales de la Edad Media cuando Orihuela intenta separarse eclesiásticamente de la Diócesis de Cartagena, y sus argumentos fundamentaron el ansiado Obispado de Orihuela en una fundación apostólica, por parte del apóstol Santiago a comienzos de nuestra Era, y poder conseguir así solidez y antigüedad.
                Además, en el Concilio de Caesaraugusta -Zaragoza- del año 380, en el primer Concilio de Toledo del año 400, en los sínodos provinciales cartaginenses y en los concilios nacionales de época romano-visigoda no nombran a Orcelis como sede episcopal. Por el contrario sí que nombran a Ilici (Elche), que aparece bajo la jurisdicción del metropolitano de Toledo. A Ilici se adscribía la comarca orcelitana en la que se encuadraba la población de Catral.
                Otra teoría desmontada es la de la propagación del culto mariano por parte de Santiago, puesto que por aquel año 37 María aún seguía con vida y su culto nacerá siglos más tarde. Ante ello hay que pensar que el primer templo cristiano consagrado a María es la Basílica del Pilar de Zaragoza, puesto que fue allí donde María se le apareció en carne mortal (estando ella con vida) a Santiago para animarlo en su tarea evangelizadora, y sería en ese lugar y en ese mismo momento cuando Santiago comenzaría a propagar un culto hacia María; no siendo, sin lugar a dudas, en tierras oriolanas donde se comenzara a dar culto a María.
                Pero, ante los hechos, ahí queda la tradición y la leyenda del pronto culto mariano de nuestras tierras.

[25] Primer edificio cristiano documentado en España, datado en el año 320 y mandado edificar por Constantino I Magno.

[26] El poeta hispanolatino Aurelio Clemente Prudencio, nacido en Calahorra en el 348 y fallecido hacia el 405, es considerado el primer poeta cristiano.

[27] A pesar de ello, en el arte paleocristiano de las catacumbas romanas ya hay figuras pintadas que representan a María, como una mujer que ora -por lo que se le ha llamado la Orante- a Dios que está en lo Alto. Pero es una figura no destinada para un culto individualizado sino una figura que se enmarca en un conjunto plástico-didáctico, que transmite un mensaje teológico.

[28] Orígenes (nacido en Alejandría hacia el 185 y fallecido a consecuencia de la persecución de Decio en el 255) es, además de teólogo y exegeta -estudioso- de la Biblia, considerado el fundador de la teología y la filosofía cristianas. Su pensamiento filosófico se vio profundamente influenciado por las teorías platónicas.
[29] Seguidores, en un principio, del Arrianismo.

[30] Nicea fue una antigua ciudad de Asia Menor, situada a orillas del lago Ascanius, convertida en la actual ciudad de Iznik. Nicea fue fiel seguidora de la ortodoxia cristiana y por ello fue sede de dos concilios ecuménicos (325 y 787) en los que condenó a arrianos y a iconoclastas, respectivamente.

[31] Pueblo germánico de la rama de los godos, fiel seguidor de la corriente herética del Arrianismo, convertido al Catolicismo en el año 587 bajo mandato de Recaredo I y oficializándose, como religión de todo el Reino, en el III Concilio de Toledo del año 589.
[32] Conceptio activa y Conceptio pasiva. La primera hace alusión a que María concibe en su seno y la segunda a que María es concebida en el seno de Santa Ana.

[33] En esta encrucijada de siglos tenemos noticias de la primera afirmación de la Santidad original de María, documentada en una Homilía del Obispo de Palestina, Teotecnio de Livias.

[34] Festividad transmitida, de Oriente a Occidente, por los monjes que huyeron de Tierra Santa a causa de la invasión musulmana del siglo VII; y desde Bizancio hasta Hispania, a través de Nápoles y Sicilia, celebrándose en España mucho antes que en la propia Roma.

[35] Himno que se canta sin estar sentado, y que fue ejecutado por primera vez en el año 626 en la misma ciudad de Bizancio -también llamada Costantinopla-. En dicho himno se invoca a María como la única criatura en la que los opuestos se reconcilian, es decir, su condición de madre y de virgen están en sintonía.

[36] En este mismo siglo, en el año 649 y en el IV Concilio Laterano, el Papa Martín I (fallecido en el 655) declara como Dogma de Fe la Virginidad Perpetua de María.

[37] Esperanza que surge de la divina maternidad de María, por lo que estaría en clara relación a la ya citada festividad hispana del 8/9 de Diciembre. Ya que, sea de la Concepción de Santa Ana o la Concepción de la Virgen, se alude directamente a la maternidad.

[38] San Leandro de Sevilla (fallecido hacia el año 600), eclesiástico y escritor español, fue hermano de san Isidoro de Sevilla. San Leandro fue Arzobispo de la ciudad Hispalense en torno al año 578 y contribuyó a la conversión de Recaredo I.

                San Ildefonso (607-667), Arzobispo de Toledo, fue discípulo de san Isidoro de Sevilla y de entre sus escritos cabe destacar: “La virginidad de santa María”.

[39] En una pintura mural sobre los nichos de los muertos de la catacumba de Santa Priscila, en Roma, aparece una madre que acoge entre sus brazos a un bebe y le da el pecho. Es la primera imagen de María, representada como Madre de Dios, y fue pintada antes del siglo III d.C.

[40] San Basilio “El Grande” (329-379), Padre de la Iglesia griega, se destaca por su fuerte oposición a la herejía arriana.

[41] La tradición judía obligaba a las mujeres casadas y madres a cubrirse la cabeza con un velo, en contraposición las jóvenes vírgenes debían ir sin velo y con los cabellos sueltos para dar a entender así su estado virginal.

[42] También se dice que la Virgen de la Esperanza con los brazos extendidos es una imagen aislada de la escena de la Visitación, en la que las dos parientas embarazadas acuden una a la otra con los brazos extendidos y abiertos para fundirse en un familiar y caluroso abrazo.

[43] De muy distintas maneras:
-          Con las manos juntas sobre el pecho.
-          Con los brazos extendidos.
-          En actitud de recatado recogimiento, envolviéndose en el manto.

[44] Los exegetas comentan que María, instruida en las Sagradas Escrituras, intuiría lo que significaba este tipo de saludo y, por eso mismo, se turba y se sorprende.
Del mismo modo, María recibe la misma contestación que el arcángel san Gabriel dirigió a Daniel. Por ello, en el pasaje bíblico recogido en Daniel 9, 23 se lee: “No temas, Daniel”(idéntico al “No temas, María”). Por lo tanto, a pesar de turbarse, Mará sabía muy bien a qué se debía la visita del Arcángel y por eso se fía y confía en la palabra de Dios.  

[45] Mientras que en las representaciones de Cristo Salvador, Cristo Eucarístico o Sagrado Corazón de Jesús es la humanidad la que reviste a la divinidad del Hijo de Dios.


Texto elaborado por José Antonio Zamora Gómez para la Real y Muy Ilustre Archicofradía del Santísimo Rosario y la Purísima de la Ermita (Patrona de Catral)
 Año 2003